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José Martí: El frenesí del amor en calma

Entre el 5 y el 9 de enero de 1878 José Martí y su esposa, Carmen Zayas-Bazán, permanecieron en el balneario de Playa Manzanillo, Acapulco, para brindar por el amor y la literatura.

 

jose marti MIBenito Joaquín Milanés

 

 

Las casi 100 horas sirvieron para que Martí terminara de escribir las últimas notas de su libro sobre Guatemala y remitiera las 77 páginas finales de ese texto, para su corrección y publicación, a su amigo del alma y confidente Manuel Mercado.

Antes de llegar al puerto, los recién casados pasaron por más de 60 localidades de los estados de México, Morelos y Guerrero y en ese andar invirtieron nueve días y medio por la “ruta del Asia”, recordó el profesor e historiador acapulqueño Manuel Ruz.

La aludida vía, también conocida como Camino Real, era estrecha y peligrosa, solo marcada por los cascos de caballos y mulas desde el año 1595, acotó el también arquitecto.

El Premio Unesco José Martí, el mexicano Alfonso Herrera Franyutti, recuerda en uno de sus libros sobre la estancia en México del Héroe Nacional de Cuba que -poco antes de arribar a la paradisíaca bahía bañada por las aguas del Océano Pacífico- Martí escribió de Carmen a Mercado:

jose marti pixabay“Carmen (…) Duerme entre salvajes y bajo el cielo, azotada por los vientos, alumbrada por antorchas fúnebres de ocote: y me sonríe! Ya no hablaré de valor romano. Diré: el valor de Carmen!” .

Esta región mexicana fue testigo de la fuerza y consagración del amor de José y Carmen, según refiere un estudio del Centro de Investigación e Información Histórica de Acapulco (CIIHA), que aseveró: “(…) Sus caballos emparejados, Carmen, del lado del cerro; Martí, de la barranca, cuidándola, llevando su caballo al cruzar los lechos predegosos de los ríos (…)”.

A medida de que la pareja descendía a los suaves rompientes del mar en las arenas acapulqueñas, comenzaba a acentuarse el ocaso del amorío del patrióta e intelectual cubano y la guatemalteca quinceañera María García Granados (La niña de Guatemala), relación sentimental nacida en pleno noviazgo de Martí y Carmen.

De esa etapa de la vida de Martí nunca fue comprobado que la relación sentimental de María con el cónyuge de Carmen era absolutamente platónica, aseguró a mediados del pasado siglo el periodista y filósofo, Jorge Mañach.

Tal hecho parece ser cierto: cuando el cónyuge arribó en 1878 con su esposa a suelo guatemalteco procedente de Playa Manzanillo, María se quejó porque él (Martí), no había ido a visitarla a pesar de que ella no le guardaba ningún rencor por su matrimonio.

Martí se lo hizo saber con sinceridad e hidalguía antes de la boda, destacó Franyutti.

Acapulco conoció de la fortaleza y de la consagración del amor de Martí y Carmen, a pesar de que la esposa suponía de antemano de las infidelidades de su ahora marido.

Así está corroborado porque mucho antes las nupcias frente al cura interino en la Capilla del Sagrario de la Parroquia del Sagrario Metropolitano de México, la desposada escribió a su prometido:

“(…) Es muy cierto que desde que te vi te amé, desde el primer momento sentí nacer en mi corazón la llama inextinguible del primer amor, pero también es cierto que desde que te conozco no he tenido un día de calma, pues los celos me mataban (…).”

libro viejo escritur alitera pixabayEn la ahora mediática playa de arenas doradas se consumaba también la estrategia del adepto Manuel Mercado, quien puso a Carmen bajo el fino olfato, la elocuente mirada y el descomunal verbo de Martí.

La idea de buena fé del amigo tuvo el propósito de alejar a Martí de dos romances sin futuros halagüeños.

Uno de ellos fue el “vendaval amoroso, sin literatura ni tristeza” con la famosa actriz mexicana Concha Padilla, musa inspiradora del exitoso drama teatral Amor con amor se paga, escrito por José Martí, opinó Franyutti.

Otro romance a “eliminar” en la presumible táctica de Mercado, fue el que sostenía Martí a escondidas con la actriz cubana, Eloísa Agüero de Osorio, camagüeyana, quien escribió descarnadamente a Martí en 1877, antes del desposamiento de Zayas-Bazan:
“No te olvido Pepe, pero no haré nunca por ir adonde tú estés, porque no quiero aumentar mi desgracia. Muera el secreto en ti. No me olvides. Tú y entre nosotros, Eloísa”.

En Acapulco Martí visitó con Carmen la fortaleza marítima más importante en la época a todo lo largo del Océano Pacífico, el Fuerte San Diego, conquistado en 1813 por el patriota y sacerdote mexicano José María Morelos, quien pronunció allí ante los españoles derrotados la frase: ÂíViva España, hermana, más no dominadora de América!

tarde amor pareja soledad pixabayLa pareja tuvo tiempo también para pasear a la sombra de los abedules de la Plaza de Armas, por el Barrio de La Candelaria o El Rincón y andar por la zona donde se ubica hoy Playa Tlacpnocha.

De la naturaleza de este amor escribió Martí a su mejor amigo en estas tierras: “No es pasión frenética, a menos que en la calma haya frenesí; pero es como atadura y vertimiento de todo su espíritu en mi espíritu (…)”.

Desde Playa Manzanillo, a punto de embarcar en un vapor de la Línea del Pacífico que llevaba como destino final a Panamá y hacía escala en el pequeño puerto guatemalteco de San José, Martí escribió a Mercado: “Una sola palabra -triste- ÂíAdiós! (…) Volveremos, porque aquí dejamos una gran cantidad del corazón(…) ÂíAdiós A Usted y a México! (…).” (PL)

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