Globo, Mundo, Reino Unido

El cabaret de los sueños rotos de Trump

La farsa de Trump no llevará a ningún sitio, excepto a un mayor control gubernamental. Al aprovecharse de la nostalgia de un periodo de la historia, perdido hace tiempo, la gente quedará amargamente decepcionada. El menoscabo de salarios y habilidades debido a la globalización y la tecnología, nos deja sin respuestas. Las políticas de bancarrota actuales tendrán que reinventarse.

 

flickr.com/photos/donkeyhotey/32536459022/
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Graham Douglas

 

“Somos estadounidenses, y el futuro nos pertenece” dijo Trump recientemente, haciendo eco de la canción folk alemana, adaptada en la película Cabaret” (1972), que fue cantada por un miembro angélico de las Juventudes Hitlerianas ante las miradas de adoración de jóvenes y ancianos en un jardín cervecero.

Idílica al principio, la canción se vuelve más y más agresiva a medida que las personas se emocionan. Aunque la canción no era un himno Nazi real, una versión de portada fue grabada más tarde por Skrewdriver,  un grupo que está abiertamente por la supremacía de la raza blanca.

Es difícil creer que Trump, o quizá su maestro titiritero Bannon, no fuera consciente de la conexión.

Entonces Trump lidia con los sueños, sueños de una grandeza pasada; los ‘sueños americanos’ y la ‘grandeza de Estados Unidos’ olvidan se olvidan del 30% de estadounidenses hispanoparlantes, o del hecho de que EE. UU. fue construido por inmigrantes -una parte de la identidad de los estadounidense que fue reconocida por aquellos que protestaron contra sus ordenes ejecutivas antiislámicas.

Donald Trump Washington casa blanca WikimediaPero, ¿qué significa realmente, pongámoslo en mayúscula, la Grandeza de Estados Unidos? ¿Cuándo fue EUA realmente grande?

Podemos suponer que tuvo lugar en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del fascismo, y antes del sueño fallido de Vietnam. Por ello es interesante leer cómo refleja este periodo uno de los libros clásicos, “Las formas ocultas de la propaganda” de Vance Packard, y ver algunas de las citas que coleccionó de publicistas.

En la página 16, uno de ellos observa “con fervor” que “Lo que hace grandioso a este país es la creación de necesidad y deseo, la creación de insatisfacción con lo viejo y lo obsoleto”.

Y el cambio hacia el marketing en política está claro en la declaración del fallido candidato presidencial demócrata Adlai Stevenson en 1956 (p.172): “La idea de que se pueda mercantilizar candidatos de altos cargos como se hace con los cereales del desayuno… es la humillación extrema para el proceso democrático”. Una declaración concisa de antes de la era de las citas cortas.

Donald trump- PixabayLa mayor parte del libro es una descripción de cómo los publicistas descubrieron que las personas no eligen lo que compran basándose en el valor objetivo como el rendimiento o la durabilidad, si no que se basan en motivos psicológicos subconscientes.

Y a partir de eso, hicieron el nuevo descubrimiento de que la publicidad puede llegar a esos niveles, y puede alentar a la decisión de compra de las personas haciendo atractivas las imágenes de los productos en este nivel subconsciente.

Esto sucedió al mismo tiempo que otro gran descubrimiento de los fabricantes: que en una situación donde hay poco o nada que distinga un producto de una compañía y de otra, toda la dinámica cambia desde el fabricante al consumidor y el envasado de los productos.

Un indicio de cómo el uso de la psicología profunda de los publicistas puede degradar al ciudadano en un consumidor se provee en la siguiente percepción: “El fabricante de jabón sensato, advierte el informe, se dará cuenta de que muchas amas de casa, cuando limpian, sienten que están dedicadas a un trabajo pesado, poco valorado y sin recompensa”.

Donald trump protesta Estados Unidos uso WikipediaPero por supuesto, el remedio no es político. En cambio, el publicista deberá elegir cuidadosamente la imagen y el envase para “fomentar el sentimiento de valoración y estima” (p.63)

Cuando Trump habla de devolver a los Estados Unidos su grandeza, imagino que no quiere evocar la imagen de consumismo y superficialidad, pero prefiere insinuar algo solido y respetable, cuando los hombres eran hombres de verdad, las mujeres eran mujeres de verdad a las que no les importaba que hombres de verdad (ricos) las “agarraran por el coño”, y donde los mejicanos eran “buenos solo para mirar malintencionadamente a la vuelta de las esquinas” en las películas, como alguien dijo una vez.

Pero el problema con el sueño de Trump es, por supuesto, que ya estamos en el país de las pesadillas, “la sociedad del espectáculo” donde las personas son solo el reflejo de los productos que compran; y todos los trabajos de verdad que él quiere repatriar pronto serán remplazados por robots.

Foto de Struan Donald.
Foto de Struan Donald.

El Trumpismo es global

Alejándonos de Trump el hombre, Mark Blyth ofrece una visión más amplia, e identifica dos razones principales para la existencia del Trumpismo político; la pérdida de trabajos y cualidades debido a la globalización, y el racismo: recuperar el control. Y eso no es solo Trump, está sucediendo también en Europa.

No se trata solo del salario, se trata, esencialmente de la pérdida de estatus, en ambos aspectos: la clase trabajadora de raza blanca cualificada que ahora se ve privada de respeto. Y también la inseguridad laboral y el ser tratado como un robot, y la pérdida de servicios públicos, especialmente la sanidad.

Del mismo modo, hay una clara correlación entre los que votaron a favor del Brexit y un nivel bajo de estudios y, por lo tanto, la falta de oportunidades y control sobre la vida. Por lo que políticamente, años de desconfianza en los políticos y sus mentiras condujo a que las personas votasen a políticos autoritarios, simplistas y populistas.

donald trump pixabayEl capitalismo ha cambiado enormemente entre la década de los años 30, los 50, los 70 y ahora. La receta para salir de la Gran Depresión fue una inversión del gobierno hacia el pleno empleo, pero con el tiempo, Blyth señala que el otro resultado fue la pérdida de la capacidad de la clase capitalista de disciplinar a su mano de obra con amenazas de pérdida de empleo.

Una batalla clásica entre el capital contra el trabajo, que en los años 70 llevó a una huelga generalizada y a una baja inversión. Sin embargo, desde entonces, en la siguiente fase del ciclo la clase capitalista ha respondido con la globalización, con la bajada de salarios y la creación de una gran inseguridad laboral. E ideológicamente, con el ataque a los sindicatos y la apelación al sentimiento individualista competitivo del electorado.

Por medio de la desregulación, el capital se puede mover libremente en todo el mundo, en cambio, el trabajo en las naciones desarrolladas no. El gasto personal de aquellos con un salario bajo, especialmente en lo que representa un símbolo de estatus, solo se puede continuar por medio de más préstamos.

Donald-trump- Wkimedia CommonsEsta desigualdad creciente, más la pérdida del control parlamentario, lleva al extremismo tanto en la izquierda como en la derecha política, mientras que los antiguos partidos de centro hacen todo lo posible para suprimir a los nuevos.

Blyth ve la situación actual como la sublevación de deudores contra el paraíso de acreedores: renacionalización, anti-austeridad, antiglobalización, anti-euro, anti-tratados de libre comercio.

Aunque la extrema derecha se caracteriza por el intento de culpar de sus problemas a los inmigrantes y a las minorías, ésta es bastante similar a la extrema izquierda en sus exigencias económicas.

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