En Foco, Opinión

El baúl

Constanza mi hermana quemó las naves y se fue hace cinco años, para el país donde ya no se habla inglés, sino otro idioma. Ahora miro el baúl  que me dejó como regalo para que no sólo guardara la ropa limpia, sino también las fotos de cuando nuestros padres eran menores que nosotros, y los poemas.

 

Baul trunk pixabayArmando Orozco Tovar

 

Es un viejo cofre de madera  del siglo XVIII, lo sé por su olor y porque en tantos años no lo penetraron los misiles hambrientos del comején.

Está casi intacto y creo que no es el del primo de mi abuelo, que se quedó a vivir con el resto de su familia en Cartagena de Indias (Colombia), puesto que los demás Orozco (desde cuando llegaron con el conquistador Pedro Gómez de Horosco, que vino con Jiménez de Quesada) se dispersaron por todo el país. Unos se fueron para Antioquía de donde era el abuelo paterno, don Francisco León Orozco; otros a Santander, y otros al sur o más abajo, donde el apellido vasco se esfumó.

Según relataba mi padre, el primo –de quien no recuerdo su nombre, si es que lo supe alguna vez- era un tipo bastante raro que permanecía encerrado en su enorme habitación de aquella casa colonial de paredes manchadas por la humedad y los hongos marinos.

baul memorias atico cosas viejas pixabayEsa casa donde a las seis de la tarde los murciélagos como negros ángeles de la guarda, salían por los agujeros situados sobre las vigas del techo, para luego precipitarse hacia la vegetación de las playas cercanas, donde se alimentarían de insectos y quién sabe de qué otras alimañas.

El primo de don Pacho no temía a nada, pues no era el miedo la razón de su perpetuo encierro en el cuarto, donde no permitía entrar a los demás miembros de la familia, y sólo recibía los alimentos desde la puerta como si se tratara de un presidiario de alguna de las mazmorras de la ciudad amurallada.

Nadie sabía qué guardaba en aquel misterioso baúl. Todos aseguraban que estaba repleto de doblones de oro con la imagen grabada del rey de España.

Monedas que alguien olvidó en alguna parte, porque el zumbido de las balas de las escopetas de Bolívar – antes de que huyera a la isla de Jamaica –  confirmó la noticia de que venía la invasión napoleónica de don Pablo Morillo.

baul rayuela memorias pixabay¡Quién sabe cuál sería la verdadera historia de esa maleta de madera! Lo que sí se sabe es que todos querían abrirla, pero la furia “Orozquiana” del primo del abuelo, armada con una pistola decimonónica, repleta de balines y pólvora fresca, no dejaba que nadie se acercara más allá de un centímetro de la puerta.

Sólo podían verle, siempre en la penumbra, con unas tijeras en la mano, haciendo recortes de la prensa que le traían con el desayuno. O, a veces, escribiendo en una máquina sobre una mesa igualmente antigua.  Hasta el día en que, maldiciendo, decidió ‘salir a la luz pública’ de su familia para decirles: “Me largo para Panamá.” Todos lamentaron que se fuera, pero no por él sino por el baúl y su misterioso contenido.

Pero cómo iban a detenerlo si estaba armado como un bucanero rabioso en busca de otras tierras más amables, donde pudiera ejercer sin trabas  sus fechorías secretas.

El primo de don Pacho se embarcó en la goleta (barco) sólo con la ropa puesta de siempre y, claro, la caja y la pistola para defenderse por si alguien trataba de detenerlo, heredada de su padre que se la dejó para que se defendiera de los chapetones si volvían a matar gente en Cartagena.

baul camra fotos viejas memoria pixabaySe embarcó pero nadie se fijó en ese personaje salido de la nada.

Se pensó que era algún naúfrago, pues tenía el aspecto del Caballero de París, aquel actor que después de que su compañía teatral francesa -que iba rumbo a La Habana- se hundiera en el mar, quedó flotando sobre un tronco en las aguas azules pero malvadas del Caribe.

A mitad del viaje hacia el istmo, el primo de León Orozco, murió. Y como los rumores del tesoro que llevaba se habían difundido en toda la tripulación, como jauría de buitres marinos, los navegantes se precipitaron sobre el cofre que había cuidado con tanto celo aquel ‘albatros baudelariano’.

Los miembros de la tripulación volaron con un certero disparo el grueso candado corroído por el salitre de tantos años de olvido.  Lo que hallaron fueron sólo recortes de prensa, fotos antiguas en sepia de personajes fantasmagóricos -que seguro nunca existieron.

Y en el fondo de la caja una carpeta conteniendo los poemas de amor a una mujer, extraviados en el fondo del baúl.

Dirigidos por su capitán, los marineros resolviebaul camra fotos viejas memoria 2 pixabayron hacer lo que siempre se hacía en estos casos: sin ninguna ceremonia de mar, poner al difunto sobre el tablón reglamentario. Y así el primo hermano de don Pacho fue a parar con su arca dorada al fondo del océano, como la obra inédita de José Asunción.

*Este es uno de los textos inéditos de nuestro estimado columnista, fallecido este año. Lo escribió desde “Alegría de Pío”, el 13/9/2015 a las 9:38 a.m.

(Fotos: Pixabay)

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