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Reconciliación entre sirios y para sirios

Se llama Ali Haidar y es el ministro sirio para Asuntos de Reconciliación Nacional. Designado por el presidente Bachar al Asad a mediados de 2012, su historia es ejemplo de voluntad de reconciliación.

 

PSyrian National Socialist Party PARTIDO YOUTUBEablo Sapag M.

 

Damasco.- Médico oftalmólogo como el presidente, Haidar lidera una de las dos ramas del opositor Partido Social Nacional Sirio (PSNS), históricamente enfrentado al partido Baaz de Al Asad, entre otras cosas, por la extensión nacionalista de uno y de otro.

Mientras el PSNS es pansirio, el Baaz es panárabe. Pese a ello, Haidar no dudó en aceptar el encargo del Presidente.  Así lo explicó a los miembros del Parlamento Europeo que liderados por el diputado español de Izquierda Unida Javier Couso lo visitó en Damasco.

“Lo hago – explica – por el futuro del país porque aunque tengamos visiones diferentes con el partido del presidente Asad, la reconciliación nacional va en interés de todos, en interés de Siria. Cuando se supere esta emergencia, volveré a plantear las diferencias políticas que tengo con el presidente y su partido en varios ámbitos”.

Lo que más impacta de Haidar, sin embargo, es la dignidad con la que habla del episodio más trágico de su vida.

siria Ali Haidar foto pablo sabag
Ali Haidar, ministro sirio para Asuntos de Reconciliación Nacional. Foto Pablo Sapag M.

Varios meses antes de ser nombrado ministro, su hijo Ismail fue asesinado por insurrectos locales o yihadistas extranjeros en un incidente similar al que costó la vida al hijo de la máxima autoridad musulmana suní, el Gran Muftí Ahmed Hassun.

Ataques a figuras clave de la sociedad siria que pese a mantener diferencias con el gobierno desde el día uno de la crisis apostaron por el entendimiento entre sirios.

Sin embargo, Haidar jamás se victimiza al recordar que casi todos los sirios han perdido a un familiar o amigo en estos seis años de crisis.

Con la voluntad de atenuar tanto sufrimiento y el pleno respaldo del presidente, Haidar ha impulsado un centenar de procesos de reconciliación nacional en pueblos, ciudades y barrios de toda Siria tomados por los grupos armados, muchos de ellos yihadistas. Para ello trabaja con el mediador que estos designan.

Puede ser un líder religioso o tribal, un intelectual o quien sea, dentro o fuera de Siria. Establecido el contacto, a los militantes se les ofrece amnistía si deponen las armas.

También la regularización de su situación militar si habían desertado o no se habían incorporado al servicio militar.

Lo que más llamó la atención a los europarlamentarios es que los que quieren seguir luchando contra el Estado pueden irse con sus armas a la provincia de Idlib o a otras zonas aún fuera del control estatal.

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Entrada a la oficina de Damasco que gestiona algunos de los procesos de reconciliación nacional. Foto Pablo Sapag M.

El europarlamentario Couso asegura que él conoce varios procesos de paz, como los de El Salvador o Colombia, pero que nunca había visto algo similar a lo que se hace en Siria. “Es algo absolutamente inédito que deberíamos apoyar porque es una forma de reconciliar cuyo funcionamiento ha sido reconocido por la ONU”.

Hasta la fecha cerca de 80.000 sublevados han sido amnistiados, 30.000 presos liberados y cientos de secuestros y casos de desparecidos resueltos. Unos procesos inspirados en la idiosincrasia de un país donde los líderes religiosos y tribales juegan un papel muy importante y donde el concepto de karama (dignidad) es clave. En la cultura siria siempre hay que ofrecer una salida digna al adversario. Para unos su vuelta a la vida normal, incluso incorporándose a las fuerzas armadas o a la policía.

Para los otros, la posibilidad de salvar la cara ante los suyos marchándose a otro sitio oficialmente sin haberse rendido, en muchos casos dejando a sus familias en las zonas bajo control del Estado.

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Salida de milicianos y algunos de sus familiares de distrito de Al Waer en la ciudad de Homs en el marco de un proceso de reconciliación nacional. 18 de marzo de 2017. Foto: Pablo Sapag.

Estos procesos han permitido ya la vuelta de decenas de miles de personas a sus lugares de origen y la normalización de la vida en aquellos lugares que antes estaban ocupados por los grupos armados.

Una vez que deponen las armas o se marchan las instituciones del Estado reestablecen los servicios.

Hasta tres millones de personas han recuperado así la seguridad y la estabilidad. En otras palabras, su vida. Eso buscan los procesos de reconciliación nacional.  Ni más ni menos.

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