Multicultura, Perfiles

Arturo Naula: Arreglando automóviles por el mundo

Ha recorrido el planeta trabajando en talleres de latonería de vehículos. Tras 15 años en España, hoy su presente es en Londres. Su futuro, sin embargo, está en su natal Ecuador, donde lo esperan las tradiciones que tanto extraña.

 

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Arturo Naula. Foto de Marcos Ortiz

  Marcos Ortiz F.

 

Ya sea en Ecuador, España, Inglaterra, Holanda o Estados Unidos, la vida de Arturo Naula siempre ha estado ligada al arreglo de vehículos chocados, abollados o con rayones en su pintura. A sus 52 años, este oriundo de Cuenca –una de las ciudades más bellas de Ecuador– se las ha ingeniado para recorrer el mundo y aterrizar siempre en un nuevo taller de latonería.

“Yo salí de mi país en el año 99 a raíz de la economía que se estancó”, relata. Con un pasaje a España, Arturo dejaría de ver por un tiempo a Esther, su mujer, y a sus cinco hijos. Apenas aterrizado en Madrid, la suerte estuvo de su lado. “Cogí el periódico y llamé. Llegué un 20 de junio, el 21 trabajé de jardinero y el 22 ya de chapa y pintura”, explica.

El trabajo duro rendiría sus frutos. A los seis meses logró traer a su esposa y, al cabo de dos años, los cinco hijos seguirían sus pasos. “Como chapista desarmaba y enderezaba automóviles abollados y chocados. Hasta el 2009 fueron los mejores años, había dinero, se trabajaba mucho. Agradezco mucho a Dios”, señala.

El trabajo ininterrumpido le permitió a Arturo y los suyos lograr la deseada estabilidad. Pero tras más de 15 años en España, en 2014 decidió regresar a Ecuador. “Volví con mi esposa y una hija con la mentalidad de montar un taller de latonería. Otra hija se había vuelto antes y ya estudiaba medicina en la universidad”.

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Foto de Marcos Ortiz

Pero el regreso a las raíces no sería por mucho tiempo. “Monté el taller y estuve un año y medio hasta que mi hijo me llamó. Tenía una nieta que hacía la primera comunión en España”, explica.

Arturo volvió a hacer las maletas y regresó a Europa, pero al poco tiempo decidió mudarse nuevamente, acompañado por su esposa y Cinthya, su hija menor.

“Me entró el gusanito de irme a Estados Unidos, por la novedad. Es un país en el que se gana mucho más, pero la vida en sí no me gustó mucho. Trabajé en Nueva York los tres meses que duraba la visa y me volví a España”.

De regreso en Madrid el siguiente destino fue Ámsterdam. “Ahí trabajé también en esto, pero no me gustó por el idioma”, explica.

Un amigo de su hija le recomendó entonces probar suerte en Inglaterra. Fue así como Arturo, Esther y Cinthya –“los tres mosqueteros”, como los llama él”– llegaron a Londres.

Luego de un mes dedicado a la limpieza, y tal como en España, Arturo buscó en el diario. “Conseguí el periódico latino, llamé a un boliviano y me fui a trabajar con él por tres meses. Luego fui donde otro boliviano para trabajar con todas las de la ley, por si alguna vez pasa algún accidente”.

jorge-londres-london-pixabaySi bien todavía no habla inglés, Arturo no se hace problemas. “Para mí es complicado, no me manejo nada, pero mi hija tiene 22 años, el coco joven, así que a ella sí le está entrando mejor”, dice con una sonrisa.

Mientras su esposa se dedica a la limpieza de oficinas, Arturo ya piensa en lo que se viene. “Mi futuro es Ecuador. Estaremos aquí solo un par de años. Quiero que mi hija se centre, coja más responsabilidad y volver ya. Ella tiene que hacer su vida aquí o donde le apetezca”.

Si bien con su mujer cocinan sancocho  y frituras los fines de semana, su tierra natal lo llama. “Lo que más se echa de menos son los familiares. Son 18 años fuera del país y no conozco a sobrinos ni cuñadas. Los veo por cámara, pero no es lo mismo que reunirse un fin de año todos, hacer una comida y quemar un monigote, la tradición de toda la vida”.

Aun así, Arturo no se queja: “Tengo 52 años y casi la mitad de mi vida me la he pasado viajando. Soy honesto. Voy a mi país cuando quiero y soy feliz”.

 

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