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Mi vida en el crimen

Recientemente me he puesto a meditar sobre los podría haber sido de mi vida, los futuros alternativos, posibles caminos, qué actividades podría haber tomado.

 

crimen misterio pixABAYSteve Latham

 

Los físicos teorizan que no sólo hay una realidad sino un meta-universo de diferentes versiones de éste, produciendo un número infinito de universos paralelos.

Cada uno se bifurca a lo largo de las líneas de trayectoria que se derivan de las elecciones que tomamos enfrentando las diversas opciones que se presentan en momentos claves de nuestras vidas. Mientras reflexiono sobre mi propio pasado, me enfrento a la posibilidad de que puedo haber perseguido una vida de crimen y tal vez haberme convertido en mi propio “Señor Grande”, liderando mi propio sindicato del crimen.

Mi compañero delincuente era mi amigo John. Nos conocimos en la escuela primaria, cuando teníamos alrededor de diez años.

Vivíamos el uno en frente del otro sobre la calle principal en las afueras del pequeño pueblo industrial norteño donde crecimos.

Nuestra primera incursión en el bajo mundo fue una estafa clásica. Por aquellos días era costumbre devolver las botellas de refresco (lo que los norteamericanos llaman “soda”) a la tienda donde se habían comprado.

horror crimen pixabayCuando lo hacías, te devolvían el depósito. Eran alrededor de seis peniques (“dinero viejo”: eso es predecimalización, para mostrarles cuánto tiempo hace de esto).

Entonces John y yo solíamos trepar la pared trasera de la tienda de la esquina, robar algunas botellas y regresar por la entrada principal de la misma tienda para reclamar nuestra recompensa.

Nos dimos cuenta que, para perpetuar la estafa, no podríamos seguir cobrando nuestras botellas en esta tienda; entonces viajábamos más lejos, caminando tal vez veinte minutos hasta el próximo minorista para timarlo. Como es común en esta clase de cuentos, no podíamos quedarnos contentos con nuestro nivel de delito; necesitábamos variar y graduarnos en fechorías mayores.

En el centro del pueblo había una pequeña juguetería. Abastecían de la clase de soldados de juguete de plástico populares entre nosotros los muchachos en aquellos días pre internet.

Solíamos entrar y fingir que examinábamos cuidadosamente la caja en la parte posterior de la tienda; luego poníamos un par debajo de los pantalones, antes de salir andando y corretear por la manzana para mirar nuestras ganancias ilícitas.

Miedo y nubes pixabay 2Sin embargo, el truco real era ir y realmente comprar un soldadito (creo que eran Cavalry norteamericanos) para disipar las sospechas del dueño, porque seguramente ¿no podríamos estar robando si estábamos comprando?

Casi se desata una catástrofe cuando robé uno de los soldaditos de mi amigo (¡no hay honor entre ladrones!) y él lo encontró debajo de mi cama cuando estaba por jugar.

No recuerdo qué excusa di pero nuestra amistad continuó intacta; hasta que se mudó a otro pueblo y no volvimos a vernos nunca más.

No nos pillaron y mis tentativas criminales cesaron pronto después de eso, cuando llegué a la escuela secundaria.

Sino, ¿tal vez hubiera progresado a través de los niveles de la mafia, para convertirme en una mente maestra del bajo mundo?

Fotos: Pixabay  –  (Traducido por Jorgelina Vera)

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