Globo, Latinoamérica

Venezuela, de adentro hacia afuera y viceversa

Que en Venezuela hay tensiones muy serias, nadie lo puede negar. Convulsiones propias de un proceso  de cambio político, económico y social  sin precedentes en el país y que divide a los venezolanos tanto por su mera existencia como por su ritmo de aplicación.

 

VENEZUELA laberinto duda interroga pixabayPablo Sapag M.

 

 

Transformaciones, sin embargo, que desde finales de 1998 con la victoria electoral de Hugo Chávez hicieron de Venezuela un actor clave a nivel regional e internacional como nunca antes lo había sido.

Se repetía así lo que ya habían experimentado otros países latinoamericanos como la Guatemala de Arbenz, el Chile de Allende o la Cuba revolucionaria. Estados que, pese a su tamaño, riqueza e influencia política relativas, se convirtieron en referencias mundiales por sus intentos de transformación interna.

En el caso de Venezuela, sin embargo, ese camino resultó desde el principio mucho más peligroso para los defensores del statu quo hemisférico dados los enormes recursos propios de una Venezuela que además proyecta su influencia al Caribe y los Andes.

VENEZUELA laberinto pixabayFue un camino peligroso también porque Venezuela tiene en la figura de Simón Bolívar un icono simbólico al que nunca  hicieron sombra San Martín, O’Higgins, Artigas o Sucre a la hora de representar en el imaginario colectivo internacional la idea de una América Latina independiente y libre de tutelas de cualquier tipo. Porque mientras San Martín era esencialmente un militar y O’Higgins uno de sus lugartenientes, Bolívar siempre fue, además, un ideólogo de la Patria Grande Latinoamericana.

Son precisamente esos pergaminos los que le están permitiendo a Venezuela salvar una crisis que se presenta como existencial. A ella contribuyen las diferencias internas en torno al proceso político. También los errores gubernamentales bajo la presidencia de un Nicolás Maduro que no es Chávez, aunque erróneamente y a diferencia de Raúl Castro, por ejemplo, ha intentado copiar el estilo de su predecesor prescindiendo del propio, para regocijo de los enemigos del gobierno bolivariano.

Asamblea Nacional consti venezuela Nicolas maduro free fotoA la lista de causas internas se suma también el histerismo de una oposición desestructurada y sin proyecto más allá de tumbar al gobierno y cuyos representantes más conspicuos solo engañan a quienes no conocen la realidad social, racial y cultural latinoamericana.

Esas obscenas mansiones de varios de sus dirigentes, siempre racialmente blancos y que dicen representar a todos los venezolanos, incluidos los de los ranchitos de los cerros que rodean Caracas; esos estudios en universidades estadounidenses de elite y de varias decenas de miles de dólares el curso de los que se presume sin rubor en la patria de Andrés Bello como garantía hueca de buena gestión, resultan para muchos venezolanos sobradas razones para seguir adelante con el proceso.

Una dinámica que pese a sus muchos errores de implementación ha pretendido superar las enormes inequidades sociales, raciales y culturales de un país que por recursos debe aspirar a ser mucho más que un Miami repleto de pobres e históricamente atenazado por la corrupción más lacerante y la delincuencia, fenómenos tan antiguos que aparecen bien descritos en la casi centenaria “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos.

Es la debilidad interna de la oposición la que ha llevado a algunos de sus miembros –no a todos, ciertamente- a buscar en la agitación internacional una muleta imprescindible para su causa.

En la era de la globalización de las comunicaciones eso es fácil de lograr, pero también, como ha demostrado el caso de una Siria aliada de Venezuela, tremendamente peligroso si en el corto plazo no se obtienen unos resultados que solo pueden lograrse por la acción política interna.

el-juego-venezuela-pixabayPeligroso porque desde el exterior se suele echar leña al fuego sin considerar el contexto interno y así de las supuestas buenas intenciones que en realidad esconden descarnados intereses, se pasa a la injerencia burda y desmedida.

Así ocurrió en Siria con un costo altísimo en vidas pero también con la derrota final de los desestabilizadores internos y externos.

Así está pasando ahora en Venezuela con el inmenso error estratégico de unos EEUU que por boca de su presidente Donald Trump amenazó ni más ni menos con intervenir militarmente en Venezuela si sus expectativas para ese país no se cumplían.

Hasta los más acérrimos adversarios regionales del modelo político y económico bolivariano han repudiado sin contemplaciones las amenazas estadounidenses, subrayando así que lo que se juega hoy en Venezuela va mucho más allá de la disputa interna. Lo que está en riesgo es la independencia latinoamericana.

venezuela Wikimedia CommonsBien haría el Gobierno de Caracas en aprovechar ese doble regalo que sin desearlo le han hecho la oposición y los EE.UU de Trump al  evidenciar el inmenso valor regional e internacional de Venezuela, auténtica garantía de supervivencia y proyección del proceso interno si el Gobierno  está en forma y fondo a la altura del envite.

Con muchos menos recursos económicos, algunos de sus aliados regionales y globales le enseñan un camino, sin embargo, ya trazado por Bolívar.

(Fotos: Pixabay)

 

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