Globo, Latinoamérica, Reino Unido

Haití, capital Santiago

La explosiva entrada de haitianos a Chile –más de cuarenta mil en apenas siete meses- ocupa todas las conversaciones en un país que pese a su abrumador mestizaje nunca fue de inmigración.

 

Chile inmigrante haiti foto Pablo Sapag
Inmigrante haitiana vendiendo Super 8 en las calles de Santiago.

Texto y fotos de Pablo Sapag M.

 

Durante tres décadas el Súper 8 ha sido el snack más popular de Chile. La oblea bañada en chocolate acompaña recreos escolares, esperas y cualquier circunstancia.

Voceado en las calles, el metro y las micros –autobuses urbanos- por miles de vendedores informales al grito de “¡Súper 8 a doscientos.  Tres por quinientos pesos!”, la verdad es que el producto está tan consolidado que, sin embargo, se vende solo.

Quizás por eso muchos de los miles de haitianos que en apenas dos años han hecho visible su presencia en las calles de las principales ciudades chilenas y en especial en su capital Santiago, hacen ya la competencia a los vendedores chilenos de toda la vida.

En los semáforos de una urbe de más de siete millones de habitantes que concentra el 40% de la población del país, los haitianos se ganan la vida simplemente mostrando el producto. Sortean así la dificultad de pasar del creole haitiano al enrevesado hablar chileno, tan distante en vocabulario, gramática y pronunciación del castellano hablado en República Dominicana, junto con EE UU y Francia lugar preferente de emigración haitiana.

Chile Haitiano pasa frente foto Pablo sapag
Haitiano frente a local del tradicional café Haití en Santiago.

La explosiva entrada de haitianos a Chile –más de cuarenta mil en apenas siete meses- ocupa todas las conversaciones en un país que pese a su abrumador mestizaje nunca fue de inmigración.

A la base de indígenas mapuche mezclados con los pocos españoles de una colonia esencialmente militar, se sumaron en el siglo XIX pequeños contingentes de europeos y árabes, aunque jamás en la proporción que lo hicieron en Argentina, Brasil o Uruguay.

En Chile tampoco apenas hubo negros ya que con la abundancia de indígenas resultaban suficientes para las  encomiendas agrícolas y mineras de los españoles. Por eso la presencia de los haitianos llama tanto la atención.

Hasta ahora sin que se hayan producido grandes brotes de xenofobia o racismo en un país en el que desde siempre, sin embargo, hay una evidente relación entre el aspecto racial y el estatus económico, político y social.

Chile Inmigrantes haitianos caminando foto Pablo Sapag
Inmigrantes haitianos caminando por una popular avenida santiaguina.

Los expertos consideran que la rapidez imprevista del fenómeno explica por qué hasta ahora las manifestaciones anti haitianas solo sean visibles –aunque cada vez más habituales y hostiles- en redes sociales o conversaciones privadas, en las que se les acusa del virulento aumento de casos de sida –Chile es donde más ha crecido en Latinoamérica en los últimos seis años- o de la reaparición de la tuberculosis o la lepra.

También a que hay un interés empresarial de abaratar todavía más la mano de obra en uno de los países más desiguales de América Latina.

El modelo neoliberal impuesto en el país hace que la consideración económica sea prioritaria en cualquier análisis, en este caso, en beneficio de los haitianos.

También les ha favorecido la obsoleta legislación chilena de extranjería. Pese a que en los últimos quince años algunas decenas de miles de peruanos, colombianos y venezolanos llegaron al país, su carácter escalonado y su facilidad para mimetizarse racial, lingüística y culturalmente con la mayoría de chilenos mestizos no exigieron cambios legales.

Chile Haitiano en una calle foto Pablo sapag
Haitiano en una calle de Santiago.

Ahora, con la llegada de haitianos, sí se contempla. La mayoría entran como turistas con la clara voluntad de trabajar.

Hasta la fecha pasar de una situación a otra dentro del país resultaba fácil por lo que muchos haitianos ya se han regularizado. Un vacío legal y una falta de estrategia migratoria que llevó al Jefe Nacional de Extranjería Rodrigo Sandoval a presentar su renuncia a la presidenta Bachelet.

Esa crisis demostró que la llegada de los haitianos empezaba a instalarse en la agenda, con el peligro que eso representa en un año en que los chilenos deben elegir presidente y renovar el Parlamento en diciembre.

Los políticos pueden caer en la tentación de utilizar en un sentido u otro el tema haitiano, rompiéndose así un consenso de acogida que además de en el interés del empresariado –verdadero poder en Chile- se ha basado en elementos muy peculiares de la relación bilateral.

En 2004 Chile fue el primer país latinoamericano en enviar tropas a Haití cuando al derrocamiento del Presidente Aristide siguió un caos que las tropas chilenas ayudaron a contener.

Chile Muchos inmigrantes hait Pablo sapag
Muchos inmigrantes haitianos trabajan en el sector de la limpieza.

Con el ex dictador chileno Pinochet aún vivo, la misión humanitaria y de pacificación sirvió para reconciliar a las Fuerzas Armadas con sus compatriotas. Más aún después de que el terremoto de 12 enero de 2010 que mató a decenas de miles de haitianos redoblara la importancia de la misión chilena en Haití.

Apenas mes y medio después otro terremoto sacudió Chile y pese a la distancia y a la disparidad de consecuencias las catástrofes telúricas en uno y otro país cimentaron una relación de simpatía también engrasada por la popularidad Jean Beausejour, futbolista de la selección chilena bicampeona de América de padre haitiano y madre mapuche.

Así hasta ahora, cuando el tema de los haitianos empieza a ser mucho más complejo que un simple Super 8.

 

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