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El colapso de Daesh: ¿qué pasa ahora con los antiguos jihadistas?

El denominado Estado Islámico, EI, se fundó para crear el califato global, que une a todos los verdaderos musulmanes bajo un régimen leal a Dios. Dáesh es el último en una línea de movimientos apocalípticos y milenarios que promete un paraíso futuro, la edad de oro o la utopía. La derrota militar de Dáesh en el Medio Oriente producirá una crisis existencial en la mente de muchos de sus combatientes, que se suma a una crisis en el terrorismo islámico.

 

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Photo iranreview

Nicholas Campion*

 

Ahora que el Dáesh, el llamado Estado Islámico, ha perdido sus ciudades gemelas en Medio Oriente, los servicios de inteligencia occidentales están preparados para el regreso de cientos, si no miles, de terroristas potenciales.

La opinión actual es que deberían ser asesinados en vez de arriesgarse a que regresen. Aun así, la caída de Al Raqa en Siria, y Mosul en Iraq, producirá una crisis existencial en las filas de los seguidores del Dáesh.

Algunos sufrirán una severa desilusión. Otros se aferrarán a su fe violenta, al menos en cierta medida, pero optarán por una vida tranquila, con preferencia a volver a sus anteriores vidas, pasando desapercibidos por las autoridades.

Esto, al menos, es lo que podemos esperar basándonos en la historia de otros movimientos apocalípticos y milenaristas.

El fracaso universal de que de verdad llegue una edad dorada más que de manera temporal se conoce como desconfirmación profética. El trabajo académico más temprano, publicado en 1956, concluyó que el creyente respondería al fracaso redoblando sus esfuerzos de difundir el mensaje. Estudios posteriores concluyeron que el fracaso podría provocar varias respuestas, como cambios en la teología y el tipo de predicciones que hacen esos grupos.

isis daesh foto Voltaire net
Foto Voltaire net

Los patrones originales para la desconfirmación profética se encuentran en dos grandes fracasos: La predicción de los judíos de que el Reino de David se restauraría, y las expectativas de los cristianos de que cristo volvería.

Ambos aportan evidencias de que a veces los fracasos solo producen que la fe sea más profunda. En Israel, el sionismo extremo y el movimiento de colonos están motivados por la creencia de que, si el creyente pudiera dar un empujón final, dios lo recompensaría con la creación de su propio paraíso.

El evangelismo cristiano está motivado por la creencia de que Jesús podría volver el mes que viene, la semana que viene o incluso hoy. En EE.UU. el Movimiento del Rapto, que se encuentra en el corazón de la derecha cristiana, mantiene esta predicción como una verdad absoluta.

A lo largo de los últimos dos mil años otros cristianos han reaccionado de manera diferente al fracaso del regreso de Cristo. Algunos pospusieron el reino de Dios hasta un futuro lejano. Otros pensaron que podrían alentar a Dios para que cumpla su promesa. Los cruzados eligieron guerra y violencia, Francisco de Asís prefirió el pacifismo.

Los radicales ingleses en el siglo XVII formularon el primer programa socialista en el mundo, con el razonamiento de que si crearan una sociedad justa e igualitaria Dios les sonreiría. En el siglo XVIII el visionario sueco Emmanuel Swedenborg encontró una nueva solución: declaró que la vuelta de Cristo era un evento espiritual interno que nunca sucedería en el sentido físico, así que la profecía nunca fallaría.

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Photo Syrianfreepress

En el seno de la profecía se encuentra el problema del abandono. “¿Por qué Dios no ha cumplido su promesa?”, se pregunta el creyente, seguido por “¿qué hemos hecho mal?” y “¿Le habremos fallado?”.

Los discursos claves que el líder del Dáesh Abū Bakr al-Baghdadi ha producido insisten en que la tarea de los yihadistas es matar o ser asesinado, y que la victoria la garantizaría Dios. Podemos imaginar la escena a bordo de los autobuses que transportan combatientes del Dáesh fuera de Al Raqa en octubre.

Había personas que estaban preparadas para morir por Dios, pero han elegido vivir. Han elegido no ser asesinados. Dios les ha negado la victoria, se han rebelado contra al-Baghdadi y su teología.

Según los modelos de varios fracasos proféticos podemos imaginar los posibles futuros de los combatientes del Dáesh. Algunos volverán al Corán a reinterpretar los pasajes importantes que advocaron la yihad.

Otros podrían buscar a un nuevo líder como remplazo de al-Baghdadi o rechazar la violencia en pro de una lucha pacífica. Muchos intentarán volver a una vida normal. Si esto parece difícil, tenemos muchos precedentes en la historia reciente.

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Photo Syrianfreepress

Los Nazis apasionados que se habían aferrado a las esperanzas que el Reich de los mil años ofrecía se asentaron y se centraron en ser buenos demócratas o comunistas después de 1945, dependiendo de que si se encontraban en Alemania del Este o del Oeste.

Desde 1989 a 1991, los Marxistas apasionados a lo largo del Bloque del Este renunciaron a la fe de toda una vida. Para muchos, la ideología es transitoria, un producto de su personalidad y circunstancias.

Por lo tanto, hay una buena razón para esperar que el riesgo de antiguos combatientes del Dáesh no sea tan grande como se teme.

La radicalización que convirtió aparentemente a chicos adolescentes comunes, y a veces a chicas, en asesinos no es un proceso unidireccional. La experiencia de otros tipos de conversión, ya sea a grupos religiosos o políticos, muestra que  un retroceso, ‘desconversion’, es común. En los años 70 y los 80 hubo una considerable preocupación por el gran número de jóvenes que se unieron a cultos como la cienciología o el unificacionismo.

Pero estudios muestran que muchos abandonaron sus nuevas alianzas después de poco, y volvieron a su vida normal.

Como para muchos radicales en el pasado, al haber apoyado la revolución del mundo por un corto periodo de tiempo, la tentación de casarse y de una vida burguesa es imposible de resistir.

Photo by Wasfi Akab isis daesh
Photo by Wasfi Akab

Es muy probable que los combatientes del Dáesh, especialmente porque muchos han experimentado horrores para los que su educación nunca los preparó, deseen olvidar su tiempo en Iraq y siria. Para muchos sería un alivio volver tranquilamente a estudiar, trabajar y a tener relaciones normales.

Solo hace falta un antiguo combatiente para conducir un camión hacia una multitud, y un puñado para construir una bomba.

Aun así, el shock de la derrota y la crisis desencadenada por el fracaso de la profecía del Estado Islámico Universal será traumático para la mayoría de los antiguos combatientes y, como cuando San Pedro negó a Cristo después de la crucifixión, rechazarán su antigua fe.

El problema para nosotros es saber quiénes irán por el otro camino y buscarán una venganza, incluso peor, para sus enemigos.

*Nicholas Campion es autor deThe New Age in the modern West: counter-culture, utopia and prophecy from the late eighteenth century to the present day”. (Londres: Bloomsbury

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez – Email: julio7rj@gmail.com)

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