Diálogos Críticos, En Foco, Opinión

Hacia un humanismo latinoamericano (I)

Pese a la Independencia había una humanidad que seguía oprimida. Los indígenas y los esclavos traídos del África continuaban siendo negados en su condición humana

 

Claudio Chipana

 

Toda cultura o civilización crea su propio modo de entender al hombre y el mundo.

Las normas sociales y éticas en cada sociedad sirven para moldear un determinado tipo de individuo que deberá ajustarse a la ideología y a las instituciones que le sirven de fundamento.

En la base de cada civilización se halla, por tanto, una idea de hombre y de su entorno, una explicación de su origen, de su historia, de sus valores.

Por muchos siglos la idea del hombre ha estado encuadrada en las concepciones mitológicas y luego religiosas hasta que irrumpió la modernidad que dio lugar a los humanismos de corte racionalista y naturalista.

Los orígenes del humanismo moderno se remontan a la antigüedad griega e incluso mucho más atrás, a las civilizaciones china y la persa.

Las culturas prehispánicas americanas también poseyeron concepciones mítico-religiosas sobre el mundo y el universo.

Estas culturas tuvieron ideas antropológicas sobre el origen y lugar del hombre en el orden cósmico.

El “runa” era el nombre del hombre poblador de la civilización Inca.

La conquista de las civilizaciones aborígenes del continente americano por parte del poder colonial europeo se dio a través de la evangelización o conversión del habitante indígena en siervo de la iglesia y de la corona española.

La civilización occidental, así, impuso su visión del mundo como parte de su proyecto colonizador que fue a la vez la implantación de un régimen económico y espiritual. Las nuevas instituciones y la creación de las ciudades se iban ajustando a este proyecto.

Con el arribo de la modernidad y del avance del capitalismo, el hombre europeo, o más exactamente la burguesía naciente, debía liberarse tanto de la opresión del poder feudal y eclesiástico así como del oscurantismo.

El individuo, de acuerdo a las nuevas ideas renacentistas, debía pensar por sí mismo y ser autor de su propio destino. La Razón no podía seguir siendo sierva de la fe. El poder aristocrático y feudal debía dejar paso al individuo libre del burgo y a las relaciones capitalistas.

Así nacieron las ideas liberales y emancipadoras y con ellas también las ideas humanistas  que luego se trasladaron a las tierras americanas y fermentaron los procesos emancipadores respecto del poder colonial español y lusitano los que dieron lugar a la Latinoamérica que hoy conocemos.

La prédica humanista, en realidad, ya se había manifestado desde los inicios de la conquista y por los propios miembros de la iglesia y por algunos cronistas.

Así, es posible consignar el clamor a favor de los indígenas por parte de los clérigos Antonio Montesinos, Bartolomé de las Casas entre otros, como expresiones humanistas tempranas en contra de los abusos y la explotación de las poblaciones aborígenes.

Si bien el humanismo y las ideas de la ilustración venidas de Occidente representaban un avance, sin embargo, pese a la Independencia, había una humanidad que seguía oprimida. Los indígenas y los esclavos traídos del África continuaban siendo negados en su condición humana.

(Fotos: Pixabay)

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*