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José Vieira, un chivo expiatorio de la sociedad revela sus fantasmas

Impactado porque los inmigrantes volvieran a vivir en chabolas, cerca de París, José empezó a seguir a rumanos y romaníes. Les tomaba fotos, lo que le llevó a hacer películas y a que lo invitasen a Rumania. Habla sobre dar voz a los inmigrantes a través de las películas hechas con un presupuesto ajustado.

 

Graham Douglas

 

En una entrevista de Carlos Campos para el festival Leffest, la cual no fue  publicada, le preguntó a José Vieira sobre su método de investigación. Respondió que hacer películas es como un viaje en el que uno se guía por el sabor de las sensaciones.

“Hago una investigación histórica y sociológica, y absorbo la literatura para encontrar las palabras para contar la historia (…) Cuando hice “Os Emigrantes” (2009), trabajé mucho la idea de la doble ausencia, que el sociólogo Abdelmalek Sayad escribió con ese título (1999): la experiencia de haber perdido el lugar que tenías, y sentirte fuera de lugar donde sea que vayas. (…) miro mis  primeras acometidas, observo a los personajes, intento capturar lo que está escrito en sus memorias, escribo un esquema, filmo un poco más, y así sucesivamente. Pero esto significa que tengo que pagar todo de mi bolsillo. Antes solía escribir un proyecto, y después buscaba algún productor, pero me cansé de tanto esperar, de tanto tiempo perdido, y, a veces, de la indiferencia que experimenté”.

A pesar de su lucha, dice que ama la producción artesanal de hacer documentales y la comunicación con las personas. Durante el tiempo que trabajó con los inmigrantes rumanos en Francia, tomó cientos de fotos y les dio copias para que enviaran a su patria. Empezó a aprender su idioma, y finalmente los visitó en sus pueblos en Rumanía, donde el calor de la hospitalidad produjo un gran efecto en él.

Continuamos nuestra conversación hasta que él casi se pierde la sesión de preguntas y respuestas de una de sus películas.

Ha hecho películas sobre los rumanos y romaníes recientemente. ¿Qué tan importantes son los cambios en las condiciones económicas y el racismo?

Cuando llegamos, los franceses nos acogieron como mano de obra, ellos querían trabajadores portugueses y no argelinos. También fue algo político. Desde 1964 ya no podíamos seguir  siendo clandestinos, había un imperativo económico, nos necesitaban para trabajar en construcción. Hoy Francia todavía necesita trabajadores no calificados. Pero ahora la situación es completamente diferente, hay personas que vienen de África. Los rumanos son personas sedentarias, algunos son cualificados, no vienen de pueblos aislados, han viajado alrededor de varios países y hablan más de un idioma, vienen familias enteras y no solamente hombres como ocurría en los 60.

La situación de los romaníes en Rumanía es terrible, hay 2 millones de ellos, y los tratan como trababan a los negros en Sudáfrica durante el apartheid. Las personas del sur de Rumanía fueron en realidad esclavos hasta 1865.

Cuando hice la película en 2008, ellos no habían estado allí durante mucho tiempo, no hablaban francés. Ahora es muy diferente, sus hijos van al colegio, pero ellos no se integran.

Los gitanos franceses son viajeros, gens de voyage;  los de Rumanía han estado acostumbrados a vivir en pueblos por 500 años. Trabajaban en las minas   o las tierras, en las carreteras, pero después de acabar el comunismo no hubo trabajo. Pero en la actualidad, en Francia la mayor parte de los prejuicios están dirigidos a los musulmanes. El número de inmigrantes de Rumanía y Bulgaria en Francia es muy pequeño, 20.000 es solo el 0,03 % de la población.

Nuestra bidonville duró 13 años. Es más difícil ahora porque las chabolas son arrasadas después de quizá un año, y las personas expulsadas. Manuel Valls es racista. Ahora se los expulsa, pero ellos vuelven porque no tienen nada, nada en Rumanía, hay pueblos enteros que han sido abandonados, y en Francia al menos pueden ganar 10 euros al día.

¿Recuperar memorias es un aspecto importante de sus películas?

Absolutamente. Por ejemplo, en Francia se tiene la imagen de los inmigrantes portugueses como héroes, pero ellos no se han vuelto ricos, todavía son parte del sistema capitalista, y si han tenido éxito y explotan a otros ¿es eso progreso?

Y parte del éxito económico de Francia depende del trabajo duro de los inmigrantes portugueses.

Una de mis películas cuenta la historia de un pueblo casi abandonado en el centro de Francia que fue reconstruido por inmigrantes portugueses, y le pregunté a alguien si conocía a una mujer con la que quería hablar sobre la inmigración portuguesa.

Y ella respondió, “Oh, no quieres hacer eso, ella es una mujer pobre, no es una buena idea”. Pero ella era una mujer inteligente, que quería hablar, ella tenía una historia terrible que contar. Es la vergüenza que sienten las personas de los pueblos, como si fuese un secreto de familia. ¡”Todo está bien”! Hablemos del éxito, de los que ha estado en los negocios.

Quiero hacer una película que revele las experiencias de los inmigrantes. El silencio ha durado demasiado. Hace veinte años era impensable hacer películas como estas.

¿Estas experiencias se expresan en la música popular?

Por lo que yo sé, no hay mucho. La canción más conocida es “O emigrante” de Maria Albertina. Es una canción llena de “saudades” y experiencias de vacío que podría haber sido escrita por la “Oficina de Leyendas” de Salazar, llamando al inevitable regreso a la tierra natal. Y hay otras ‘letanías’ que lloran lo que hemos perdido. Pero hay canciones de José Afonso, Manuel Freire, Adriano Correia de Oliveira, Sergio Godinho… que hablan de la violencia que implica emigrar, desertar, huir.

En su película “Memorias de um futuro radiosa” (2014), hizo referencia a la inmigración portuguesa y rumana ¿cómo se le ocurrió esto?

En 2005 descubrí nuevas bidonvilles cerca de Paris, donde estaban viviendo los rumanos; nunca imaginé que esto siguiera sucediendo en el siglo XXI, y decidí que hablar sobre la historia no era suficiente, y dado el racismo que ellos estaban sufriendo, urgía defenderlos. Seguí a este grupo, que venía de tres pueblos cerca de Cracovia, en Polonia, ya que se mudaban de lugar en lugar. Y en 2010 hice Le Bateau en Carton (El bote de cartón, el título hace referencia a una historia del régimen de Ceaușescu en la que intentó eliminar a la comunidad romaní haciéndoles navegar en un lago sobre botes hechos de cartón que al final se hundieron), con esta intención. Y para dar una voz a un grupo de individuos que estaban intentando, frente a condiciones terribles, cumplir su sueño de una mejor vida.

Durante la realización de la película, el grupo llegó cerca de donde habíamos vivido, una bidonville, cuando niño, y recuerdo el día que tuve la idea de hacer una película cruzando las dos migraciones, lo que se convirtió en Memorias.

Estaba mirando a los niños jugar en un lago cercano en un parque, donde no se permitía nadar. Las personas caminaban, los árboles florecían, los edificios cercanos se reflejaban de una forma hermosa en el agua, y los niños eran solo sonrisas. Eso trajo a mi memoria algunas de esas películas coloridas de los 60, que ansiaban una utopía en el año 2000. Volví a vivir mis propias experiencias de cuando era niño, hablé con personas que habían vivido allí en aquellos días, consulté los archivos.

Cada crisis tiene sus chivos expiatorios, y la forma en la que se habla de los extranjeros siempre revela los fantasmas a los que teme una sociedad.

Un e-book gratis (en portugués), que describe el trabajo de José Vieira y otros sobre la emigración portuguesa fue producido por el festival de cine de Melgaço en 2014.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez – Email: julio7rj@gmail.com) – Fotos suministradad por Jose Veiria

 

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