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El poder blando japonés: el Manga

El Manga, género japonés de viñetas y cómics, lleva atrayendo a una minoría de personas no asiáticas desde hace mucho tiempo, pero una nueva publicación, “Mangasia: la guía definitiva del cómic asiático”, indica un creciente interés en esta forma de arte.

 

Sean Sheehan

 

Los juicios superficiales del manga fallan al ignorar su importancia e influencia cultural. El director coreano, Park Chan-wook, basó su película seminal Oldboy en un manga japonés homónimo.

Las novelas gráficas comparten un parecido familiar con el manga, pero el arte del cómic que se originó en Japón posee unas características únicas.

Ambas formas expresan una narrativa en arte secuencial, pero el uso de símbolos visuales para expresar emociones en el manga (gotas de sudor y venas hinchadas, por ejemplo) y el distintivo uso de ojos grandes, cabello suelto e historias muy comprimidas caracterizan el formato que ahora se ha expandido alrededor de Asia y que adopta una gran variedad de temas. “Mangasia” es el término colectivo del autor para todo el arte del cómic que se produce en Asia, y, ¡vaya!, el manga está en auge definitivamente.

Cualquiera con un interés en las artes gráficas se verá cautivado por la infinita variedad de colores, figuras y tramas que ahora encuentran representación en el arte del cómic. Los temas van desde historias de niños a fantasías adultas sin limitaciones, desde mitología asiática clásica y horrores a autobiografías contemporáneas, poesía y política.

La masacre de miles de civiles en la isla coreana de Jeju por parte de grupos paramilitares de derecha a finales de los años 40, con el apoyo de fuerzas del gobierno, fue el tema de una novela gráfica de 2012.

Una historia corta sobre la determinación de un soldado del Viet Cong de traer de vuelta un peine para su hija pequeña, The ivory comb, fue expandida en dos volúmenes de formato manga por artistas vietnamitas.

Mangas japoneses que abordan la experiencia de la segunda guerra mundial, especialmente las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki, continúan reverberando. Pero existe una reticencia a tratar atrocidades de guerra, y Mangasia no rehúye de documentar la autocensura de tales temas en los cómics japoneses. La censura del estado también es evidente en Corea del sur y en Taiwán.

El texto de Paul Gravett es tan importante como las magníficas ilustraciones que salpican generosamente cada página de su libro de 300 páginas.

Examina cómics de China, India, Filipinas, Malasia, Tailandia, Indonesia, Taiwán, e incluso del Tíbet, Bután y Mongolia.

Los mangas para adultos contienen una dimensión pornográfica, y 2004 presenció el primer juicio por obscenidad de un manga bajo la ley japonesa.

Sin embargo, tal y como Gravett observa, esto contiene implicaciones inquietantes por el derecho de adultos a ver fantasías sexuales en mangas. Aborda el papel de las mujeres, e intenta ir más allá de las imágenes de barbie de mujeres dóciles, lloronas y de ojos grandes que han monopolizado por mucho tiempo las historias de los cómics.

La sección final de “Mangasia” echa una mirada a las nuevas tecnologías y el mundo del manga. Han pasado ocho años desde el primer concierto en vivo protagonizado por una estrella de pop virtual proyectada por un tipo de holograma en un escenario. El anime y el manga tienen una reciprocidad profundamente arraigada, y la digitalización de la forma de arte continúa a un ritmo acelerado. Aún está por ver si el cómic tradicional será suplantado.

Mangasia: La guía definitiva del cómic asiático, por Paul Gravett, está publicado por Thames & Hudson.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez – Email: julio7rj@gmail.com)

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