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“Raíces 4”: La burocracia y otros demonios

Conseguir papeles para trabajar legalmente en Chile es una gran dificultad para los migrantes. En esta historia, Queque revela los problemas a los que se enfrentó y la interminable espera que pone en riesgo su actual trabajo.

 

Marcella Via

 

François es un haitiano que, al igual que muchos compatriotas, decidió dejar Haití para migrar hacia un futuro mejor. Por ello partió rumbo a Chile, donde se juntó con un amigo que ya se había instalado en Santiago.

Como una gran mayoría, François chocó con una realidad dura de aceptar. Graduado en administración pública, esperaba encontrar rápidamente un buen trabajo. Sin embargo, todavía esta expectativa no se ha cumplido. Desesperado por encontrar un empleo para poder sobrevivir, empezó a vender los dulces que su madre, pastelera, le había enseñado a cocinar. Se instaló en el metro y en la fundación que lo acogió y fue por vender dulces que llevan el sabor de Haití que François se ganó el apodo de “Queque”.

Después de esta etapa de pastelería callejera, Queque consiguió un trabajo en una empresa de limpieza y actualmente es conserje en un edificio. Dice que es feliz y que le gusta Chile, al mismo tiempo siente que se está integrando.

De todas formas, aunque tenga un buen trabajo, Queque todavía no tiene los papeles necesarios para poder quedarse legalmente en Chile. De hecho, cuenta que está preocupado porque si no los consigue dentro de un mes, tendrá que dejar su oficio.

Para obtener una visa de trabajo en Chile, el migrante necesita presentarse en la oficina de migración con un contrato de trabajo válido. Después de innumerables horas de espera, formando una cola que rodea el edificio gris ubicado en el centro de Santiago, los migrantes que logran acceder a los empleados pueden postularse para la visa. Aunque Queque haya cumplido el peregrinaje al oficio de migraciones hace muchos meses, su visa sigue sin haber llegado, dejándolo en un limbo entre su trabajo cotidiano de conserje y la condición de ser un migrante indocumentado.

Para poder entender mejor la larga espera de Queque para recibir su visa, es necesario hacer un salto atrás en el tiempo. Recién llegado a Santiago y ansioso de regularizar su situación frente a su inicial fracaso laboral, François confió en las palabras de un hombre que le contó que, para conseguir un contrato de forma rápida, tenía que ir a la Plaza de Armas y pagar una tasa.

Desafortunadamente, el servicio resultó ser el resultado de una actividad ilícita que se dedica a vender contratos falsos a los migrantes por 60 mil pesos chilenos. Queque no es el único inmigrante que cayó en la trampa.

De hecho, según los diarios  Economía y NegociosEmol nacional, se ha realizado una investigación que revela que con esta práctica se han vendido más de 6 mil contratos falsos en los últimos dos años.

Los principales compradores son venezolanos, colombianos y haitianos que, en la mayoría de los casos, ignoran que los contratos no son válidos.

Convencidos de haber cumplido con el principal requisito para obtener la visa, los migrantes se presentan en la oficina de migración que suma el contrato a la torre de falsos que empezó a crecer desde 2015.

Obviamente, los migrantes que presentan este tipo de contrato no reciben los papeles. Es más, quedan señalados en el registro de la oficina y sus sucesivos intentos son penalizados con una espera más larga, que tal vez nunca termina. Según agrega Emol Nacional, esta práctica produjo la expulsión de 17 migrantes en 2016.

Mientras que la torre de contratos falsos guardada metódicamente en la oficina de migraciones crece cada día más, el estado chileno todavía no ha presentado ninguna propuesta para detener la venta de contratos falsos en Plaza de Armas. Este proceso nefasto deja al migrante en una espera interminable, arriesgando su condición laboral.

Queque ha empezado a buscar otra posibilidad de empleo porque duda recibir su visa a tiempo. La falta de intervención por parte del estado para poner fin a la venta ilegal de contratos de trabajo afecta a los migrantes, poniéndolos en una situación de precariedad.

Por más que los migrantes que llegan a Chile intenten legalizar su condición, parece que el estado está más interesado en cuidar un negocio ilícito en lugar de proteger los derechos de una parte vulnerable de su población.

(Fotos: Pixabay)

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