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Joseph Conrad y América del Sur

Es más conocido por su historia basada en el Congo “El corazón de las tinieblas” (ayudada por “Apocaypse now”, su adaptación cinematográfica), pero su novela basada en América del Sur, “Nostromo”, es todavía más remarcable por su penetrante mirada hacia las acciones el imperialismo.

 

Sean Sheehan

 

“The Dawn watch: Joseph Conrad in a global world” de Maya Jasaanoff mantiene un testimonio elocuente del valor político y literario de “Nostromo”.

El amigo de Conrad, el escritor y activista social Robert Bontine Cunningham Graham, al que puede que haya cargado con un nombre muy largo pero su consciencia sobre la avaricia y la violencia del capitalismo aportó conocimiento de cause a la obra de Conrad: “Las masacres en la África alemana [Namibia, donde el primer genocidio registrado tuvo lugar en el siglo xx]” o “el inhumano tráfico de cubos llenos de manos humanas en el Congo belga [las amputaciones eran una práctica habitual en la colonia belga en África]”, dijo, “superan las atrocidades de cualquier español en toda la conquista de América”.

Graham fue el primero de todos los miembros socialistas del Parlamento Británico; tenía la costumbre de montar su caballo argentino de color negro por Westminter.

Nostromo está ambientada en un país ficticio del sur de América, Costaguana, pero basada en el conocimiento de Graham sobre el continente. La historia trata sobre una concesión de una mina de plata, un interés económico norteamericano y los corrosivos efectos de sucios lucros en el país.

Maya Jasanoff fotografíada por Lawrence Wright

El libro de Jasaanoff se construye hacia Nostromo como el clímax de las obras de Conrad después de mostrar cómo otras de sus novelas importantes –“Lord Jim” o  “El corazón de las tinieblas”- exploran la naturaleza de la globalización. Su libro es una biografía, pero una que evita el predecible acercamiento cronológico para centrarse en lo que de verdad importa: ¿qué hizo a Conrad el escritor que es y qué verdades son reveladas en su ficción?

Conrad era polaco, nacido en lo que ahora es Ucrania, y su familia sufrió la persecución y el exilio debido a sus ideas nacionalistas.

Siempre fue un extranjero pero vino a asentarse a Inglaterra y aprendió el idioma desde los cimientos. Consiguió la ciudadanía antes de que el “Aliens Act” en 1905 limitara la inmigración por primera vez en la historia de Gran Bretaña.

Al convertirse en marinero, Conrad viajó a través de los océanos, y en los ríos del Borneo encontró figuras liminales – refugiados, “mestizos”, gente viviendo entre culturas- y aprendió que el mundo era un lugar extraño.

Tal como Jasaanoff lo plasma, “guardó paisajes, personajes y tramas” que serían retomadas cuando finalmente anclara en Inglaterra y se convirtiera en escritor a tiempo completo.

Fue su corto periodo como capitán de un barco de vapor en el Congo belga el que resultó traumático.

Vio la terrible violencia y la hipocresía que reposaba detrás del discurso colonialista de “civilizar” África y sufrió una crisis nerviosa al volver a Gran Bretaña. Fue capaz de encauzar su experiencia en su obra “El corazón de las tinieblas”.

Cuando, años más tarde, empezó a escribir “Nostromo” puso en conjunto todo lo que había aprendido en sus años de viajes. Une su conocimiento con la naturaleza rapaz del imperialismo, su resaca racista, el movimiento amoral de capital y una consciencia profética de cómo el dominio de Norteamérica no necesita la etiqueta “imperio” para serlo.

“The Dawn watch: Joseph Conrad in a global world” de Maya Jasaanoff, publicado por William Collins.

(Traducido por Mariàngels Marcet)

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