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En pleno Siglo XXI: estigmatización y rechazo a portadores de HIV

 

Las tres mil 600 víctimas del portadoras de VIH en El Líbano, parecen pocas para una población de poco más de 4.5 millones, pero sus vidas sufren un calvario en todos los ámbitos de la sociedad.

 

Armando Reyes

 

Una mujer de 45 años de edad y madre de tres hijos relató que al descubrir que era positiva al virus, experimentó una sensación semejante a “pasar por el infierno”, según declaró a representantes de la organización no gubernamental Soins Infirmiers et Developpement Communautaire (SIDC).

El mundo de la señora se puso patas arriba y mantener mutis sobre el tema por temor al estigma asociado con el VIH/SIDA, consigna la ONG.

“Sufrí momentos terribles durante muchos meses, sin poder cuidarme ni a mí ni a mis hijos”, apuntó.

Ese estigma toma múltiples formas en la mayoría de los libaneses por los tabúes que imponen las normas sociales respecto a las relaciones sexuales, refleja un informe de la organización no gubernamental.

Con frecuencia se dan casos de aislamiento social, exclusión económica y abandono total por la falta de información.

Solo con el apoyo médico, social y humano de SIDC, la mujer de marras continuó en pie y reanudó su vida, según difundió la entidad humanitaria.

En otros casos, hay violaciones de la confidencialidad del paciente y la institución como ocurrió con un joven de 24 años de edad.

“El técnico de laboratorio comentó con mi jefe que yo era positivo y perdí mi trabajo; ahora no tengo empleo ni dinero”, señaló.

Otro hombre de 56 años de edad describió que su esposa aceptó mantenerse a su lado, pese a conocer que era portador del virus, pero el hermano la obligó a divorciarse, después que lo supo por la enfermera de un hospital.

Uno de los episodios más notorios del rechazo social a los portadores del virus de inmunodeficiencia adquirida en El Líbano, lo experimentó un padre con su hijo de 13 años de edad.

El adolescente tenía fiebre de 41 grados y cuando lo llevó al hospital, y decir admitir que el hijo tenía el virus, el médico comenzó a gritar y los expulsó.

Al siguiente día, aceptó recibir a mi hijo, después que le entregué unos 65 dólares, dijo el cariacontecido padre.

La sociedad libanesa impone hasta criterios que quiebran los valores de la familia, como sucedió entre madres e hijos.

“Luego de saber que era portador, mi mamá insiste en lavar separada mi ropa y utilizar mi propio plato y mis cubiertos, mientras otra madre expresó que solo le informaran de su hijo cuando hubiera muerto”, refieren los informes de SIDC.

De igual manera, hay quienes se aprovechan de la situación para obtener ventajas.

“Trabajé muy duro para comprar una casa que puse a nombre de mi mamá, pero cuando mi hermano mayor se enteró que yo era positivo, la convenció para que lo nombrara beneficiario de la herencia. Cuando ella muera, quedaré en la calle”.

Otros casos atendidos por la ONG libanesa incluyen a las personas pertenecientes a la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT), también víctimas de maltratos, aislamiento y discriminación.

Un transexual que aún posee órganos masculinos, consigna SIDC, alega que carece de una vida normal; “cada vez que la policía me para en la calle, tengo problemas, porque mi carné de identidad no coincide con mi apariencia”, comentó. En todos los casos, añadió, me encarcelan y entre rejas recibo maltratos, improperios e insultos de gendarmes y detenidos. “No he podido operarme, porque carezco de recursos”, subrayó. (PL)

(Photos: Pixabay)

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