En Foco, Opinión

La ultraderecha en Colombia, contra toda opción de paz

Para muchísimos (millones) de colombianos perdonar, tolerar y aceptar opciones de izquierda para empezar la paz es algo inaceptable más que imposible. De eso se ha encargado la ultraderecha.

 

Mónica del Pilar Uribe Marín

 

Los asesinatos, atentados, ataques, amenazas contra sedes y miembros de las Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, (y a sus familiares o seguidores) y que se han dado prácticamente desde el momento en que el grupo insurgente se convirtió en partido político, confirman lo obvio: en Colombia, la ultraderecha lo quiere todo y no dar nada, excepto violencia, odio e intolerancia.

La ultraderecha de este país suramericano quiere que no haya guerrillas, quiere que los grupos insurgentes se desarmen, les dicen que hagan política sin violencia, que todo sería diferente si ellos se desmovilizaran y buscaran votos y no balas.

Pero cuando lo hacen se encargan de que todo el mundo jamás les perdone, de que les odien y tengan miedo, tampoco dejan de llamarlos terroristas (a ellos y a quienes han aceptado su paso fuera de las armas), crean montajes y usan las redes sociales para manipular, diseminar mentiras y horadar heridas que eviten el perdón.

Por eso en Colombia, un país mayormente derechizado y donde los fanáticos han hecho un nido fuerte en la ultraderecha y sus cabezas, es fácil sembrar el odio y el horror y acabar cualquier posibilidad de paz.

Lo anterior sin mencionar que es fácil inculcarle a la gente la creencia real que todo lo que sea izquierda -así nunca haya esgrimido un arma- es terrorismo, ‘castrochavismo’ (un término  absurdo y sinsentido acuñado por la derecha para asustar a los ingenuos con la idea de que Colombia puede convertirse en una Cuba-Venezuela), en términos más simples, algo de lo que nunca saldrá nada bueno (bueno, eso se dice en todo el mundo capitalista de la izquierda, así esté comprobado que sus ‘bondades’ son devastadoras para la gente corriente).

A estigmatizar y crear odio por la izquierda -particularmente hoy por el partido de la agrupación exguerrillera FARC, que acaba de lanzar su campaña por la presidencia de Colombia- contribuyen enormemente los medios de comunicación al dar voz a esa derecha violenta; también ayuda la ignorancia en materia política y económica (la gente cree sinceramente que es posible que en Colombia el comunismo pueda tomar el país).

Lo cierto es que todas las promesas que a las FARC le hicieran el actual gobierno de Juan Manuel Santos, la clase política y otros estamentos de la oficialidad para que entraran a la legalidad han sido un continuo acto de hipocresía.

Hipocresía del gobierno porque, aunque suscribió el acuerdo de paz con las FARC, una vez firmado no le ha importado mucho cumplir con lo acordado y ha hecho básicamente nada frente a la violencia que se ha dado contra los reinsertados del hoy grupo político de las FARC (protegerlos es decisivo para la paz) así ello signifique repetir el baño de sangre que se dio contra el partido político de izquierda de la Unión Patriótica en los 80s, cuando asesinaron más de 5 mil miembros. Y también es un acto de hipocresía de la (ultra)derecha, que siempre ha argumentado que si no hubiera guerrilla Colombia estaría en paz.

Una derecha hipócrita porque sigue afirmando no estar contra el proceso de paz (para ganar votos), sin embargo quieren reformar todo lo acordado para anular las posibilidades de que los exguerrilleros hagan política y más bien terminen en la cárcel o extraditados (y silenciados aquellos que pueden decir los nombres de autores de crímenes de lesa humanidad).

Antes de que las FARC se desarmaran, la (ultra)derecha afirmaba estar dispuesta a tenerles como contendedores políticos. Pero ahora que los ven sin armas y con partido político, han hecho lo imposible para difamarlos y hacer que la gente les odie, no les perdonan su pasado, y encima los matan a ellos y a sus seguidores.

La ultraderecha solo puede conciliar con los paramilitares; lo ha demostrado antes y ahora. Puede perdonar sus masacres, violaciones, incendios, asesinatos y todas otras acciones terroristas permanentes.

La derecha puede imaginar a los paramilitares (no solo invitarlos) en el Congreso, imaginarlos con su propio partido político (bueno, casi casi lo han tenido de manera oficial en el gobierno de Álvaro Uribe, tan cuestionado por la parapolítica y otras bellezas) y jamás se le ocurriría inundar las redes sociales y los medios con campañas que pusieran a sus fanáticos a cuestionar la desmovilización del paramilitarismo como un error (a propósito, el paramilitarismo está mucho más fuerte que nunca en Colombia, así el gobierno actual y muchos otros digan que no existe).

Por eso la ultraderecha y la derecha callan ante las amenazas abiertas y públicas que los paramilitares, sin duda 100% terroristas, han hecho de acabar con el partido de las FARC. Amenazas que desde hace un tiempo se han materializado ya en varios asesinatos.

Lamentablemente, al silencio de la ultraderecha le sigue el de sus fanáticos seguidores y el de silencio de quienes no lo son, el del gobierno…  Así, a “cualquier Uribe” le queda fácil reinar y repetirse, si no en él, sí en todos los que ha formado o se calcan en ese terrible mundo.

Es normal entonces, con este panorama, que cualquier grupo guerrillero decida no dialogar para llegar a otro acuerdo donde la paz no es prioridad para nadie de quienes deciden el futuro del país.

Lo que queremos muchos colombianos es imposible, porque las armas no las portan solo quienes llevan uniforme. La violencia ha sido agasajada por la ultraderecha y parece que no tendrá jamás fin en Colombia.

(Fotos: Pixabay)

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