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Mia Couto: “África está llena de Macondos

Quizás el realismo mágico debió nacer, en lugar de en Latinoamérica, en África, por el inmenso caudal de mundos oníricos de esta región.

 

Mia Couto – Foto Commons Wikimedia

Antonio Paneque Brizuela

 

Esos muncdos que condujeron al mozambiqueño Mia Couto (1955) a emplear ese recurso en su primera novela, “Terra sonámbula” (1992).

Pero imaginar eso nos recordaría también que Latinoamérica se acercó bastante a África mediante uno de los precursores de esa corriente, el cubano Alejo Carpentier, con su obra “El reino de este mundo” y su héroe esclavo Mackandal, quien con sus metamorfosis en alimañas, rememora los ritos yorubas y los ‘caminos’ de sus orishas. Aunque ahora vemos a Cuoto tal vez distante de aquel año 1949 en que surgió aquella obra de Carpentier considerada por algunos como iniciadora de esta corriente literaria, el autor africano viajó al llamado ‘Nuevo Continente’ y se mostró en su novela como uno de los grandes seguidores universales del realismo mágico.

El también poeta mozambiqueño develó además en sus declaraciones su filiación a esa tendencia de mediados del siglo XX que muestra lo irreal o extraño como algo cotidiano: “África está llena de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo”.

Cuoto reconoció así el papel al respecto de Gabriel García Márquez junto al guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el peruano Mario Vargas Llosa el mexicano Carlos Fuentes, el español Álvaro Cunqueiro, el mexicano Juan Rulfo, los chilenos Isabel Allende y Pablo Neruda y el propio Carpentier, quien, por cierto introdujo el concepto de ‘lo real maravilloso’.

La práctica por Cuoto del realismo mágico, término creado por el crítico de arte alemán Franz Roh al describir una pintura con una realidad alterada, generó una obra que lo situó como el escritor de su país más traducido y laureado.

“Terra Sonámbula” fue clasificada entre las diez mejores del siglo XX en la región y muestra el realismo mágico al insertar la angustia humana de guerras, crímenes y otras formas de violencia, pobreza y catástrofes, en un mundo de vivos y de muertos donde se confunde lo ficticio y lo real:

-¿Está con buena salud, no es así, padre?

-Sí. Me hizo bien morir’.

“En este y otros relatos, Couto crea dos historias paralelas que terminan fusionándose, al mezclar la herencia africana y sus fórmulas del tiempo mágico, los muertos que siguen vivos, en una dimensión inexplicable en el raciocinio occidental”, afirma la especialista en cultura africana Sandra Quiroz.
Cuoto describe un universo donde sus pobladores ‘llenaron la tierra de fronteras, cargaron el cielo de banderas. Pero sólo hay dos naciones: la de los vivos y la de los muertos’.

El próximo 5 de julio cumplirá 63 años y su familiaridad práctica con el mundo mágico de Gabriel García Márquez comenzó en 2013 durante su primera visita a Colombia, influencia que reconoce desde sus primeras declaraciones entonces sobre el tema:

“Por supuesto que he leído al Gabo, como se le conoce aquí. Pienso que todos los escritores africanos tenemos una deuda con lo que se conoce como realismo mágico latinoamericano porque creo que, de alguna forma, nos alentó y nos autorizó a romper con el modelo europeo. Fue importante y toda una referencia”, dice.

Hijo de inmigrantes portugueses, miembro en los años 70′ del Frente de Liberación de Mozambique, periodista y profesor, biólogo y ‘poeta que cuenta historias’, como él afirma, sus exégetas estiman que su literatura bebe de la tradición oral, las historias de antepasados, la sabiduría popular y los relatos de las calles.

António Emílio Leite Couto, conocido como Mia Couto y considerado entre los grandes de la literatura en lengua portuguesa y entre los máximos representantes de la literatura contemporánea africana, es autor de unos veinte libros donde también figuran cuentos y crónicas traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, estonio y español. Otro volumen suyo, Jerusalén, fue catalogado en Francia entre los 20 libros de ficción más importantes, y ganó en 2013 el Premio Camões, equivalente en lengua portuguesa al español Premio Cervantes, luego de una carrera literaria emprendida en 1983 con el libro de poemas “Raiz de Orvalho”, al que siguió su primer libro de cuentos, Vozes Anoitecidas, en 1986.

Para otorgarle el Camões, el jurado valoró entonces ‘su vasta obra de ficción caracterizada por la innovación estilística y la profunda humanidad’, palabras que recuerdan espiritualmente las suyas, al decir que su país ‘es un hijo mío y también un padre, una madre y un hermano’. (PL)

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