En Foco, Notes From The Edge, Opinión

¿Fe en la revolución?

Hace poco fui a un pub. No a por una copa, sino a un mitin político. Un grupo Marxista se reunía a nivel local, así que decidí ir y descubrir sus puntos de vista. *

 

Steve Latham

 

El motivo de su reunión fue discutir la relevancia, para el sistema capitalista, de la elección de Donald Trump.

Según sus análisis, tras “27 años de estancamiento” en la lucha social, ninguna de las clases principales, burguesía o proletariado, han sido capaz de imponer su voluntad.

La clase capitalista global ha sido incapaz de resolver sus problemas económicos e ideológicos desde la recesión de 2008, y la clase obrera ha carecido de conciencia de clase.

Consecuentemente, el populismo, del que Trump y el Brexit son síntomas, ha surgido como una solución (falsa) a la crisis.

Pero la parte interesante de la conversación giró en torno a las perspectivas a largo plazo de los participantes y a su intento de aceptar sus propios fracasos como revolucionarios.

Los compañeros presentes querían ser “claros” sobre la situación. Uno dijo, “subestimamos nuestras deficiencias”.

“Nos tomó mucho tiempo darnos cuenta de que las cosas no son tan optimista como pensamos que eran. Cuando empezamos, creíamos que estábamos cerca; no pensamos que todavía estaríamos haciendo esto con 65 años”.

“Éramos optimistas porque éramos jóvenes, pero también la lucha estallaba todo el tiempo”. Pero ahora se han dado cuenta de que su análisis previo era solo “materialismo vulgar”.

Habían creído que en la crisis económica la clase trabajadora “produciría huelgas inevitablemente”, incluso “huelgas masivas”.

Ahora reconocen que la realidad es “más complicada”: el proletariado “se ha visto arrastrado a la degradación de la sociedad”, y es difícil saber cómo responder. La mayoría se politizaron después de 1968, cuando la revolución parecía posible, ahora tienen canas en sus cabezas.

Muchas contribuciones eran reminiscencias incoherentes, oportunidades para quejarse, expresar las voces dentro de sus cabezas y externalizar su diálogo interno.

Esperanzados, muchos miraban a la proletarización de millones en China, al crecimiento de las luchas de los sindicatos, en Sudáfrica, por ejemplo.

Sin embargo, aunque identificaron señales prometedoras en la “periferia”, en los países metropolitanos centrales vieron una falta de lucha social en la que los que los revolucionarios podrían vincularse.

Pero, afirmaron, no están “desesperanzados”; “porque tenemos análisis y perspectiva”. No solo se está descomponiendo el capitalismo, sino que también la clase trabajadora está “en el centro del proceso capitalista”.

Asimismo, consideraron un papel para los revolucionarios además del de participar en la lucha de clases, el cual es analizar la situación actual. En efecto, se han resignado en convertirse en una pequeña tertulia. Me recordó a los interminables debates estudiantiles de los 70.

Sin embargo, irónicamente, se sienten decepcionados con la única fuerza que creían que podría traer la revolución: el proletariado.

Minados por la atomización, gangsterización y la desmoralización, la clase trabajadora simplemente “no está demostrando su naturaleza de clase” en este momento.

Enfrentándose a la derrota, su postura suena como una fe religiosa: admitir la necesidad de “permanecer fiel” al análisis Marxista-Leninista, y “afirmar” el potencial de la clase obrera.

*Nota: No he mencionado el nombre del grupo porque no soy un periodista en cubierto, aunque sí que tomé notas. Fui simplemente como un observador, y no pedí su permiso para dar a conocer sus opiniones. Sin ninguna duda, se hubiesen expresado de diferente forma si hubiesen sabido que yo iba a comentar sus ideologías.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez –  Email: julio7rj@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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