Cultura, Globo, Mundo, Plástica, Reino Unido

Mata Hari, la princesa de Java

Nadie la conoció por su nombre de pila; pocos tuvieron contacto con ella cuando residió en Java; pero la prensa, la literatura y el cine convirtieron en leyenda después de ser fusilada por espionaje en Francia.

 

Foto: Wikimedia Commons

Elsy Fors Garzón

 

El popular escritor brasileño, Paulo Coelho y otros autores, inmortalizaron a esa bella holandesa de pelo muy negro y rasgos orientales heredados de la madre nacida en la actual Indonesia.

En su novela “La Espía”, ese autor la describe como sensual, fuerte y contradictoria, convirtiéndola en ícono por enfrentarse a los cánones de su época y ser una mujer independiente y libre en un mundo convulso, descripción que se adapta muy bien a sus orígenes.

Nacida en Leeuwarden, Holanda, el 7 de agosto de 1876, como Margaretha Geertruida Zelle, de padre holandés y madre de ascendencia javanesa, dicen sus biógrafos que creció entre disputas familiares y dificultades económicas.

Quizás para huir de ese ambiente, contrajo nupcias a los 18 años con un escocés, el capitán Rudolf McLeod, mayor que ella, quien puso un anuncio en el periódico buscando novia para casarse.

El militar fue destinado a Java y allí tuvieron dos hijos, hembra y varón.

La pérdida del niño a temprana edad separó a la pareja y más adelante, Margaretha buscó su propio camino, estudiando las danzas folclóricas balinesas, costumbres y rituales que incluían técnicas amatorias orientales, altamente valoradas en Occidente.

El esposo adujo infidelidades de Margaretha y le quitó la custodia de la hija en los tribunales.

Así con su nueva identidad de bailarina exótica, Mata Hari llegó en 1906 sin un céntimo al bullicioso París.

Foto: Pixabay

A sus actuaciones y conocimientos de la cultura oriental, debió añadirle algunas mentiras para llamar la atención.

La literatura romántica de evasión de finales del siglo XIX había popularizado una imagen difusa y añorada de la cultura oriental.

Aprovechando estas circunstancias, nace la leyenda de Mata Hari, supuesta princesa de Java ejerciendo como bailarina exótica, que de inmediato comenzó a tener cierto renombre.

En París causó revuelo, con pugnas por conseguir localidades de las primeras filas en sus espectáculos de danza erótica, ya que se desnudaba casi completamente, escondiendo sólo sus senos.

Amparada por el mito que había creado, tuvo romances secretos con numerosos funcionarios, militares e incluso políticos de alto nivel, no sólo franceses sino también alemanes y, en general, con la alta sociedad. Estas relaciones le dieron acceso a informaciones de Estado en una época cercana y dentro de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

El efervescente París de la Belle Époque y el Berlín de pre-guerra fueron los escenarios en los que esta mujer indomable defendió sus sueños.

Foto: Wikimedia Commons

En el juicio realizado en París no se presentaron pruebas concluyentes que confirmaran si efectivamente los alemanes le tendieron una trampa para que la inteligencia francesa sospechara de ella o si, de hecho, fue una doble agente.

Se dice que durante la audiencia exclamó: ‘¿Una ramera?, ÂíSí!, pero una traidora, ÂíJamás!’. El 15 de octubre de 1917, el pelotón de fusilamiento de 12 soldados quedó sorprendido cuando Mata Hari dejó caer la túnica negra que la cubría.

A la voz de Âífuego! sólo cuatro disparos la impactaron, uno de ellos en el corazón, que le produjo instantáneamente la muerte.

El misterio la siguió más allá de su ejecución, ya que nadie reclamó su cuerpo, dejado para que estudiantes de medicina practicaran Anatomía en él.

Alguien deseoso de que siguiera la leyenda de Mata Hari hizo que su cabeza fuera embalsamada y colocada en el Museo de Criminales de Francia, pero en 1958, se reportó su desaparición, supuestamente robada por un admirador. (PL)

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*