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Carpe Diem

Dicen hoy los medios  comprometidos con el gran capital financiero y cobijados en una supuesta y falsa libertad de prensa al servicio de los poderosos, que el profesor “Robin Keating” se mató por la droga, por el alcohol, por la pérdida económica de su capital y otras minucias de ese tipo.

 

Carpe Diem 7Armando Orozco Tovar

 

Estamos rodeados de muerte, cosa que suena a obviedad, a una verdad de apuño. Pero ¡qué le vamos a hacer!, si he palpado el tanático sentido – como pocas veces – al recibir la noticia del ahorcamiento de Robin Williams por mano propia, quien fuera el actor principal de “La Sociedad de los poetas muertos”, la película del 92, que de alguna manera nos cambió como docentes.

Recuerdo, que invité a mis pupilos a ver dicha película, y que todos salimos con ganas de ser poetas (aunque desde antes lo intentáramos), de reunirnos en sociedad secreta para leer y estudiar a los grandes de la lírica universal y ser alguno de ellos.

Para entenderla se realizaron debates sobre el contenido de la película. Caló lo que quiso decirnos Robin Williams con su magistral interpretación del profesor John Keating.

Porque en esa escuela norteamericana donde se desarrolla la trama, alguien debía aparecer rompiendo los moldes retardatarios impuestos en ella, de la misma forma como se arranca la página de un texto tradicional que nada nuevo enseña. Y más aún sobre la Poesía, como creación: su esencia desde los tiempos griegos más antiguos.

De manera, que al ver en ese papel a Robin William, muchos nos sentimos tocados y hasta nos paramos sobre los asientos del salón de clase, diciendo en alta voz: “Seamos nosotros mismos y dejemos de lado tantas falsas concepciones, prejuicios y tonterías inculcadas a lo largo de una educación confesional impuesta en el país a lo largo de su historia, desde cuando se perdieron todas las guerras, posibilitadoras de otras visiones cercanas a la modernidad.

La educación estaba basada sólo en la consigna: “La letra con sangre entra”, y no en algo que construye creatividad y que descubre un nuevo ser humano. John Keating llegaba, acosado por los sombríos, egoístas y perversos colegas y directivos de aquel claustro, donde impartiría clases de literatura y poesía.

Desde un principio fueron atacados sus revolucionarios métodos y conceptos, hasta el punto de ser expulsado ante el asombro y pesar de sus alumnos, los cuales ya no recibirían más su luz, que les libraba de las sombras de aquella educación conservadora, retardataria y moralista.

Dicha educación conduce – entre otras, en esa y esta sociedad – a la corrupción más aberrante, al genocidio y al desprecio por la naturaleza en todas sus manifestaciones posibles para posibilitar el progreso económico de unas minorías.

En la cinta de Peter Weir, nos vimos aquella vez reflejados, al mostrar que si se quiere hacer amar la poesía, se debe estar cada día más vivos que el día anterior…

Digamos vivos a cada instante, pero conscientes de lo que tenemos alrededor al alcance y podemos palpar. El Carpe Diem, la divisa latina con que se inicia la película en boca del recién llegado profesor, debía ser también la consigna de un pueblo mal educado como este en el místico “después” divino, porque sólo en el “allá o acullá,” de la muerte encuentra su paraíso inexistente.

Dicen hoy los medios mediatizados, comprometidos con el gran capital financiero, sus voceros, y cobijados en una supuesta y falsa libertad de prensa al servicio de los poderosos, que el profesor “Robin Keating”, se mató por la droga, por el alcohol, por la pérdida económica de su capital y otras minucias de ese tipo.

No creemos nada de eso. ¿No será que otros lo hicieron por él, como ya lo han experimentado con otros de igual o parecido rango?

Robin Williams, fue un ser excepcional, que tenía la capacidad de hablar con los animales, y ser entendido por ellos, como lo hizo con Koko, el inmenso gorila africano amaestrado, con el que se rió, cosquilleó y jonjoneó.

El testimonio fue consignado en un video, que cualquiera puede encontrar. Dicen que el selvático y tierno animal se entristeció al recibir la noticia de su muerte.  Carpe Diem es una expresión de raíces latinas que fue concebida por el poeta romano Horacio. Su traducción literal otorga relevancia a la frase “cosecha el día”, cuyo contenido intenta alentar el aprovechamiento del tiempo para no malgastar ningún segundo.

(Fotos: Pixabay)

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