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La pequeña “c”

Vi a mi enemigo por primera vez en una pantalla en el hospital. Una figura fugaz, borrosa y gris; se movía, se desplazaba, cambiaba, una imagen granulada de interferencia eléctrica.

 

Steve Latham

 

En esta tormenta blanca, negra y gris, una figura oscura encapuchada se formaba y reformaba constantemente a la vez que el escáner de mano buscaba al enemigo en el busto de mi mujer.

Escondiéndose y reapareciendo, la enfermera definitivamente identificó lo que temía que estaba presente, un fantasma, una sombra, un espíritu.

Este es el fantasma que acecha la imaginación y las expectativas de mujeres de mediana edad, y como descubrí, también las de sus maridos.

No la “C” grande·, pero la “c” pequeña, porque este se descubrió pronto gracias a las mamografías regulares y gratis del Sistema Sanitario Nacional del Reino Unido.

Y, por lo tanto, también pequeño, de fácil tratamiento. Sin quimioterapia. Una operación, cortar la penumbra segura alrededor del cáncer para eliminar cualquier tejido posiblemente afectado.

Después, radioterapia, que es algo que la hizo sentir cansada, pero sin los efectos debilitantes de bombear veneno al cuerpo mediante la quimio.

He leído que algunos pacientes rechazan la retórica militar de guerra, de batalla, de lucha. En cambio, prefieren el lenguaje de la enfermedad y la recuperación.

Lo entiendo. Aludir al “enemigo” podría fácilmente someterlos a más estrés innecesario.

El deseo de ser “fuerte” puede inducir a que el paciente tenga más presión para cumplir otras expectativas, y a poner buena cara cuando en realidad no se sientan con ganas.

Puede que sea porque, en el caso de mi mujer, el cáncer era relativamente pequeño y el pronóstico siempre fue positivo, optimista.

Si ella se hubiese sometido a una quimioterapia larga, prolongada, quizá yo hubiese experimentado los meses siguientes de otra manera.

Pero, desde mi punto de vista, de verdad sentí que eso fue mi “enemigo”. Algo extraño que había invadido el cuerpo de mi esposa, y la había hecho prisionera. Y se infiltró en mi matrimonio. Una fuerza maligna entró en nuestro reino acogedor. Y, más importante, ¡me desplazó del centro de atención! Mis quejas monetarias tenían que hacer lugar para el evento principal, su salud.

Desde el momento que el médico dijo, después de la mamografía inicial, que podría haber “algo” allí, quizá no cáncer, quizá benigno, saltamos a la madriguera.

Y en ese túnel, cedimos el control a los médicos, enfermeras y especialistas que nos dijeron lo que pasaría después.

No tenemos quejas. Nos trataron bien y nos mantuvieron informados en cada etapa. Pero nosotros no teníamos el mando.

En cambio, nos volvimos expertos en abrirnos caminos en los diferentes departamentos y edificios médicos, ya que asistimos a repetidos exámenes y procesos.

Aunque siempre, en obediencia, contentos y agradecidos a la próxima carta con nuevas instrucciones y citas médicas.

Ahora ya le han dado de alta a mi mujer. Ya no tiene cáncer. Por supuesto, ella está en remisión; quizá nadie haya usado el término, puede que ni si quiera sea un término médico actual.

Por lo que le esperan cinco años de medicación y controles periódicos. Por ahora, el enemigo se ha ido. Pero permanecemos vigilantes por una posible reaparición en nuestra cancerígera guerra fría de espera.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez, email: julio7rj@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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