Globo, Mundo, Reino Unido

La extrema derecha en Brasil… con voz, con voto con violencia

El atentado a tiros perpetrado contra la caravana del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva confirmó lo que no pocos presagiaron ocurriría tras el golpe parlamentario-judicial de 2016: el alarmante avance de Brasil por la retorcida senda del fascismo.

 

Luiz Inacio Lula da Silva. Foto Flickr bit.ly/2uTO7Ez. LSE Library

Moisés Pérez Mok

 

Tres impactos de bala sobre dos ómnibus de la caravana Lula por Brasil, cuya marcha intentaron además frenar esparciendo sobre la vía clavos torcidos (conocidos acá como “miguelitos”) para perforar los neumáticos, quedaron como el más reciente testimonio de la premonición.

El peligroso incidente, saldado por fortuna sin víctimas, se produjo entre las localidades de Quedas do Iguasu y Laranjeiras do Sul, en el sureño estado de Paraná, y su presunta autoría fue endilgada a milicias fascistas ligadas al precandidato presidencial de extrema derecha Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal), que actuaron con la connivencia de la policía local.

No hay cómo mitigar la gravedad del hecho, pues fueron tiros, no palabras o mensajes cobardes posteados en internet, remarcó el periodista Joao Paulo Cunha en un artículo publicado en Brasil de Fato  y recordó que en días previos al atentado la caravana y sus seguidores sufrieron varias acciones violentas, entre ellas el ataque en Río Grande do Sul contra cuatro mujeres que terminaron hospitalizadas.

Incluso antes que la cuarta etapa del proyecto Lula por Brasil se pusiera en marcha, el 19 de marzo en el municipio gaúcho de Bagé, la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido de los Trabajadores (PT) advirtió en una declaración sobre la escalada de violencia y autoritarismo en el país.

Con cada violación de los derechos individuales y colectivos va imponiéndose un estado de excepción en el país, encubierto por el discurso del odio y de la intolerancia, señaló el texto y remarcó que es en ese ambiente opresivo que el gobierno golpista de Michel Temer va implantando su agenda de retrocesos. Para la depuesta presidenta constitucional de Brasil, Dilma Rousseff, el ataque con armas de fuego lanzado contra la caravana de Lula “es grave y ocurre en un momento difícil” para el país.

Dilma ha dicho que “el fascismo es intolerable y será denunciado por todos los que creemos en la justicia social y en la política como instrumento de transformación de la realidad”.

Photo Pixabay

De hecho, en una conferencia de prensa ofrecida días después de los acontecimientos en Río de Janeiro junto al ex canciller Celso Amorim, denunció que los agresores integran “verdaderas milicias”, bandos armados de la extrema derecha, y dijo que estos son resultado del recrudecimiento del golpe que la retiró de la Presidencia en 2016.

Según su criterio, son precisamente esos grupos radicales los que están dando el tono a la política en el campo conservador, diseminando el odio.

El monstruo en Brasil salió de la caja y es la extrema derecha, que no tenía voz y hoy la tiene y también representación; ella y esos movimientos ultraderechistas como el MBL (Movimiento Brasil Libre) son representados por Bolsonaro, dijo y alertó que “es la intolerancia contra todo y contra todos”.

El ejemplo más claro de esa conjugación entre las tendencias fascistas de hoy y el pasado esclavista es la utilización del látigo por parte de esos grupos y milicias, que lo emplean para azotar a quienes se posicionan diferente políticamente, ilustró.

En esa escalada se inscribe también la cruel ejecución en Río de Janeiro, apenas dos semanas antes, de la defensora de los derechos humanos y concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) Marielle Franco, considerado como el primer asesinato político ocurrido durante el actual gobierno.

“Sabemos que la resistencia democrática entró en una nueva fase, marcada por el desafío de la violencia abierta”, sostuvo el periodistaMoreira Leite y advirtió que “los riesgos de un atentado contra la vida de Lula no pueden ser minimizados ni por un minuto”.

Aclaró, sin embargo, que los cuidados que se tomen en lo adelante con la seguridad del fundador del PT no pueden, en momento alguno, llevar a un debilitamiento de los vínculos de Lula con el pueblo.

Lula Da Silva Photo Wikimedia Commons

Las caravanas representan desde su primera etapa “un esfuerzo de movilización de la ciudadanía para retornar a la democracia y reforzar la única candidatura capaz de vencer el consorcio jurídico-mediático responsable por la descomposición de una democracia duramente conquistada después de 21 años de dictadura militar”, subrayó.

Durante la recién finalizada cuarta fase del proyecto Lula por Brasil, el ex presidente denunció que la caravana era “perseguida por fascistas y grandes propietarios de tierra” y acusó a la Rede Globo de ser “el estimulador del odio” en el país. (PL)

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