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Hambrunas… un asunto de voluntad politica

Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma.

 

Roberto Salomón



Actualmente más de 800 millones de personas en el orbe sufren ese flagelo, que incluso últimamente ha vuelto a crecer en América Latina y el Caribe.

En esta región aumentó en 2,4 millones de individuos entre 2015 y 2016, hasta superar más de 42 millones, según precisó la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En la Conferencia regional efectuada en Montego Bay, Jamaica, el organismo manifestó el riesgo que corre la zona de incumplir la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible Hambre Cero al año 2030, de no revertir la actual situación.

Aunque esta área geográfica es una de las mayores productoras de alimentos a nivel global y de las que más avanzó en la última década en la reducción del hambre, es preocupante su recaída.

Ese mal económico y social existe y se incrementa por la falta de voluntad política de muchos gobiernos y países para aplicar programas destinados a eliminarlo, declaró a Prensa Latina la embajadora especial de la FAO Hambre Cero para esta región, Guadalupe Valdez.

“Si se generan políticas redistributivas de la riqueza, las cuales permitan que las personas hambrientas tengan trabajo y salarios justos que les posibilite acceder a los alimentos, ese flagelo desaparece”, sostuvo.

En opinión del representante de la FAO en Cuba, el brasileño Marcelo Resende, hoy se produce en el mundo siete veces más cantidad de alimentos que la demanda per cápita para cubrir las necesidades, por lo cual si hay gente con hambre es porque no tienen dinero para adquirirlos.

Sin embargo, no solo se requiere la voluntad política de los gobiernos, sino a nivel global además y principalmente de quienes controlan la economía y el comercio en el planeta.

Políticos y expertos avezados coinciden en que será imposible erradicar el hambre mientras millones de personas vivan en la miseria y pobreza extrema, y se dediquen cerca de 800 mil millones de dólares anualmente a la producción y comercio de armas, en lugar de destinarlos a la eliminación de ese flagelo.

También lo será -concuerdan- si continúa el subdesarrollo, la deuda externa insoportable, las leyes ciegas de un mercado salvaje, se desperdicien anualmente decenas de miles de toneladas de alimentos y reine el intercambio desigual.

Este último se expresa en las condiciones que imponen especialmente en cuanto al comercio agrícola, los países industrializados a las naciones del llamado Tercer Mundo, a los que les impiden ser competitivos en los mercados internacionales.

Asimismo, será una empresa fracasada la que pretenda extirpar el hambre con la persistencia de prácticas indiscriminadas que acentúan el calentamiento de la atmósfera y el efecto invernadero. Igual otras que incrementan la frecuencia de ciclones, la escasez o excesos de lluvias y, particularmente, el deterioro de los suelos y la deforestación.

Según expertos, si la situación del hambre es alarmante para toda la humanidad, particular impacto ella causa en la población infantil, que en número de varios cientos de millones se ve afectada por insuficiente peso, retraso del crecimiento y otros males a causa de desnutrición.

Suman decenas de millones los niños que carecen de vitamina A y presentan insuficiencia de hierro, yodo, zinc y otros nutrientes.

Cabe destacar, además, que como resultado de inadecuados patrones de consumo y estilos de vida, actualmente constituyen legión en el mundo los infantes -y personas mayores- que sufren de sobrepeso y enfermedades asociadas, entre ellas diabetes, hipertensión y otras que provocan numerosas muertes cada año.

Aanalistas coinciden en que el camino hacia la solución definitiva del hambre y de todas las formas de malnutrición se perfila hoy con mayor claridad a partir del apoyo de la FAO al diseño y la implementación de políticas y la asignación de recursos en aras de la seguridad alimentaria y la nutrición. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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