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Migración, frontera e identidad

“I am a border person”. (Lila Downs). Los migrantes son fronteras vivas. Migrar es llevar consigo las fronteras interiores de la propia identidad. Las fronteras que debe cruzar el migrante no son únicamente fronteras físicas, son también  fronteras ideológicas y culturales.

 

Syndrome londres cuidad PixabayClaudio Chipana Gutiérrez

 

Las fronteras físicas  se traducen y se convierten en fronteras subjetivas. La negativa a un refugiado o a un exilado de cruzar la frontera es  también un acto  simbólico en defensa de una determinada identidad. Pero primero que todo es la negación del derecho de transitar libremente que es inalienable del ser humano.

Otras veces dicha negativa es simplemente el incumplimiento de la promesa de algún gobierno. Como ocurre con el caso de los refugiados de Siria y otros lugares en conflicto que desean alcanzar suelo europeo pero que no hallan el eco necesario en los gobiernos.

Cuando el inmigrante o refugiado cruza una frontera lo cruza con su identidad. La identidad del migrante es una identidad que se instala al lado de otra identidad, la local, como un Otro.

Pero el inmigrante es primariamente una fuerza laboral suplementaria que será beneficiosa a la sociedad. El migrante no busca sustituir la identidad del otro con su propia identidad.

La cultura del migrante, más bien, genera un espacio intermedio entre su cultura y la cultura nacional.

Syndrome ojos PixabayEn consecuencia, hay distinguir los muros físicos de los  muros culturales y los muros mentales. Los muros físicos lo construyen los gobiernos, los muros culturales lo construye la sociedad y los muros mentales se construyen en los espacios intersubjetivos compartidos y disputados entre el inmigrante y el otro.

Cuando alguien migra va dejando de ser lo que es, se convierte en su propia negación.  Es la lucha entre ser y ser reconocido. Su transformación se inicia apenas cruza la frontera. Pero debe aún seguir cruzando nuevas fronteras. Es decir, debe acortar las barreras mentales y culturales que lo separa del otro. La distancia entre ambas identidades es lo que constituye la diferencia cultural.

Podría decirse que al migrante le será factible de un modo u otro  cruzar las dos primeras fronteras la física y la cultural con la asimilación del idioma.

En el camino habrá expuesto su vida, habrá sorteado múltiples dificultades, habrá experimentado el rechazo.

Pero aun así deberá continuar su camino y cruzar las barreras mentales que quedan y que son las que no se ven.

Y en el futuro evolucion pixabay huevoEstas barreras tal vez nunca se terminen de cruzar. El estigma de ser el otro siempre perseguirá al migrante. En todo caso cruzar esa barrera exigirá un enorme esfuerzo educativo en la conciencia de la comunidad. Esta es la educación multicultural.

Entre el inmigrante y la sociedad se forma una cultura intermedia, híbrida, mestiza, más notoriamente  distinguible en la lengua. Nacen giros lingüísticos que denotan mutuas influencias en un nuevo espacio cultural de “frontera”  no aceptado ni reconocido.

Por ejemplo el chicano o el Spanglish. Así, para la escritora Gloria Anzaldúa “el español chicano es una lengua de frontera”.

La artista Lila Downs por su parte se ha definido como una “border person” por sus raíces a ambos lados de la frontera mexicano-norteamericana.

Así respondía la cantante al ultraconservador Donald Trump respecto a su propósito de construir una muralla inexpugnable entre los Estados Unidos y México. Acertadamente el escritor Carlos Mosiváis calificó la construcción de una muralla entre ambos países como un “pronunciamiento racista” de parte de los Estados Unidos.

Entonces, cruzar una frontera no es solo cruzar una frontera física, es también cruzar muchas otras fronteras, las lingüísticas, las étnicas, las mentales.

África foto de Pixabay 3La frontera más difícil de cruzar son las fronteras mentales porque son invisibles y están en el inconsciente colectivo y por ello son más difíciles de erradicar.

Aquí es donde hallamos el estereotipo y otros componentes de la ideología racista.

Mientras el refugiado y el inmigrante no sea reconocido no habrá terminado de cruzar estas múltiples fronteras y aún se hallara en el otro lado, será un “border person”.

(Fotos: Pixabay)

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