En Foco, Ojo de la Aguja, Opinión

¿Multiculturalismo? ¿Otra forma de relativismo moral?

Hace muchos años la antropóloga Mary Douglas observó que incluso las verdades matemáticas más  absolutas eran relativas al estar culturalmente localizadas.


Nigel Pocock


Puede que las verdades matemáticas sean absolutas, pero  a menos que  sean impartidas por una cultura, no tienen ningún valor.

El  ateísta Jean-Paul  Sartre expone un punto de vista diferente al de la católica Doctora Douglas . En su obra “El Existencialismo es un Humanismo” (1946)  Sartre, como existencialista,  sostuvo que a menos que  no haya un dios, o ser absoluto, que los proporcione, no pueden haber valores bajo un cielo inteligible. De ahí su famosa frase de “solo hay realidad en la acción”.

Las personas están en consecuencia tristes y desamparadas y deben de definirse a sí mismas por sus elecciones, sin importar que dicha elección sea la de Hans Frank, Odilo Globotnik, Amon Goeth o la madre  Teresa.

Psicológicamente esto  también tiene sentido ya que  las acciones refuerzan la identidad y si son públicas todavía más.

Es en este dinámico proceso dialéctico donde se halla el  pluralismo multicultural. De este modo, como la  moralidad es parte del paquete total llamado cultura y la cultura es relativa, la moralidad debe ser  también relativa. Esto es un simple silogismo.

Tanto Douglas como Sartre tienen razón a su manera.  El teísta que cree en la verdad revelacional todavía tiene que interpretar el mandato absoluto de, digamos, el Decálogo. El lector moderno esta tan culturalmente arraigado como lo estaban los primeros receptores.

Por lo tanto,  se necesitarían, por ejemplo,  lecturas feministas y negras de absolutos antiguos para entender porque se dieron en un primer lugar y poder aplicarlos hoy en día.  La pluralidad de interpretación no nos impide si no que nos ayuda, a entender dichos absolutos hoy.

Como  les gusta recordar a los postmodernistas,  las perspectivas autoritarias  necesitan  ser deconstruidas  si se quiere evitar la tiranía. Al  mismo tiempo, todos estamos bajo el yugo de autoridades a las que  respetamos y de las cuales aprendemos  y es  en este contexto,  donde  se haya el relativismo cultural y moral de nuestra sociedad.

Hay un movimiento dialéctico que está lleno de vida a la vez que el conocimiento corrige  y ayuda al desarrollo de nuevas perspectivas.

Esta es la esencia del “absolutismo débil”. Las perspectivas deben ser presentadas  como si fueran absolutas sólo para ser discutidas, enmendadas, exploradas, analizadas y presentadas de nuevo. Como Platón (Teeteto, 161) señaló hace mucho tiempo, esto no es un relativismo de la verdad misma, lo cual es contradictorio en sí mismo,  sino un relativismo que surge simplemente porque todos somos finitos. Sin embargo, dentro de esta diversidad hay muchísimo en común entre  culturas.

George Murdock (1945) enumera los famosos  73  universales “que se producen, según el, en todas las  culturas conocidas por la  historia o la etnografía. Estos van desde la educación en limpieza, la cosmología, el cortejo, la educación, la ética, la familia, el folclore, los ritos funerarios, la hospitalidad, las reglas de herencia, el matrimonio, la medicina, la música, y muchos más.

Con todo esto en común, se puede argumentar que se necesita más pluralismo, no menos, en las democracias liberales occidentales – un tema al que espero volver en un  futuro artículo. Aunque la moral puede tener un origen absoluto (desde las perspectivas históricas judeo-cristiana e islámicas), todavía tiene que ser aplicada dentro de un mundo culturalmente relativo.  Incluso si no hay una aceptación de la revelación divina todavía hay una humanidad en común dentro de la cual puede oscilar un péndulo, pero nunca  hasta tal punto que sale volando de su eje. Es lo que compartimos en común lo que  nos ata a todos.

(Traducido por Ione Aldaz ) – Fotos: Pixabay

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