Globo, Reino Unido

Deportación forzada: una pesadilla anunciada en Yarl’s Wood

En la mañana del 30 de mayo, siete mujeres y dos hombres fueron forzados a abandonar el país. Estas personas llevaban entre 3 semanas y 9 meses encerrados. Aquí el testimonio de una detenida que fue testigo de lo ocurrido y habló con The Prisma.

 

Virginia Moreno Molina

 

“Detenidas están siendo llevadas a la fuerza en un vuelo chárter para una deportación masiva”. Este fue el primer mensaje que The Prisma recibió la mañana del miércoles 30 de mayo desde Yarl’s Wood. Después siguieron más llamadas y textos que las detenidas no dejaron de enviar a lo largo del día para denunciar lo que estaba ocurriendo.

Sobre las 3:30 de la tarde, siete mujeres y dos hombres originarios de Ghana y Nigeria fueron llevados a “un bus de la compañía Hallmark Coaches” y de allí  fueron conducidos al aeropuerto.

Todos tenían una tragedia en común: estaban detenidos en Yarl’s Wood, uno de los centros de detención de inmigrantes más cuestionado en el Reino Unido por diferentes medios de comunicación y organizaciones de activistas.

The Prisma ha publicado sobre el tema varias veces, y en sus últimas ediciones busca recopilar testimonios de estas ‘tragedias individuales’ que desconocen muchos o que otros no consideran tan ‘terribles’. Lo ha hecho en publicaciones sobre la  detención como rutina    y el testimonio de una pareja detenida.

El caso de las nueve personas deportadas es el mismo que el de las 400 detenidas que esperan su libertad en Yarl’s Wood y del resto de inmigrantes que se encuentran en otros centros de detención.

Esta parece ser una situación a la que no se le pone fin, a pesar de que existen organizaciones como Movement for Justice que piden el cierre de Yarl’s Wood.

The Prisma habló con una de las detenidas que sigue en el centro de detención, quien decidió ocultar su nombre para evitar posibles problemas porque “la Home Office podría victimizarme, ellos victimizan a la gente”. He aquí su testimonio sobre lo que ocurrió ese día:

“Todo empezó sobre las 9 am, los guardias llegaron y abrieron la puerta de esta mujer ghanesa. Yo no estaba despierta en ese momento, pero cuando fui a la sala IT alrededor de las 9:30 y estaba volviendo, hubo un grito”.

Lo que pasó es que los guardias fueron a su habitación, creo que ella acababa de ducharse o se acababa de levantar porque tenía puesta una toalla. Y ellos (guardias) le decían: ‘Tienes que salir de tu habitación, tienes un vuelo chárter’. Entonces, ella corrió hacia la habitación de otra mujer y dijo: ‘No estoy lista para irme, no me quiero ir’. Estaba gritando porque estaban tirando de ella y le insistían que ‘tenía un vuelo chárter’.

Subimos las escaleras y había oficiales llegando y colocados estratégicamente. Nos dijeron que nos ‘fuéramos a nuestras habitaciones’, y les dijimos: ‘No, queremos saber que está sucediendo’. Pero ellos insistían en que nos fuéramos, así que bajamos y cerraron las puertas y la entrada principal.

La señora estaba gritando que no se quería ir, que tenía una solicitud en proceso y que porqué nos trataban de esa manera.

Tras ello, abrieron la puerta principal y nos las arreglamos para ir arriba. Esta mujer estaba en otra habitación intentando hablarle a un abogado, diciéndole que tenía una revisión judicial y el abogado le decía que no se fuese del centro. Ella trataba de explicarle a los oficiales todo eso y ellos solo decían: ‘Estamos siguiendo las órdenes de la Home Office, nos han dicho que tienes que salir del centro y meterte en un vuelo chárter’. Ella se resistió por un largo período de tiempo.

Unas 20 personas, incluida yo, fuimos cerca de su habitación, donde la estaban reteniendo, y los oficiales nos amenazaron, pero rechazamos irnos y estuvimos ahí durante tres horas.

Ellos la intimidaban con frases como ‘vamos a usar la fuerza’. Al final, había unos diez oficiales. Eran las 12:30 y ella gritaba, pataleaba, pero no nos dejaban ver qué ocurría dentro. Preguntamos qué estaba ocurriendo y nos dijeron que todo estaba bien, que estaban grabando y que todo se estaba haciendo de manera correcta.

Después, la esposaron estando envuelta en una sábana porque estaba desnuda. Había muchos hombres cogiendo sus manos, sus piernas, no había dignidad. Ella gritaba, diciéndoles que no quería irse.

Emplearon mucha fuerza, eran diez hombres contra una mujer, y la arrastraron fuera de la habitación con la sábana. No tenía ropa y los hombres la levantaron estando esposada. La llevaron a otro pasillo y cerraron la puerta. La pusieron en un centro de reclusión donde no puedes hablar con nadie y no tienes acceso al teléfono…Intentamos llamarla pero tenía el móvil apagado, así que creemos que tenían su móvil.

Finalmente, fue deportada en un vuelo chárter.

Cogieron a diez personas, había dos parejas y seis mujeres. Algunos tienen familia aquí. Una de ellas tiene hijos y creo que son británicos, están en servicios sociales. También tiene a sus padres, y creo que a hermano viviendo aquí.

Otra mujer tiene su pareja británica, estuvieron viviendo juntos aunque creo que no están legalmente casados. Hay una que tiene a su madre y pareja en el Reino Unido. Otra vino de vacaciones con una visa de seis meses y la arrestaron en el aeropuerto y creo que su visa ha terminado, porque esperaron a que expirase para deportarla.

Algunas de ellas han estado aquí [Yarl’s Wood) por nueve, siete, seis o cinco meses. Una de las parejas estuvo aquí durante cinco meses y otra solamente dos o tres semanas. Tres de estas personas eran solicitantes de asilo, las otras no lo sé.

Estoy traumatizada, es tan aterrador, porque vimos lo que le hicieron a esta mujer, que se llama Christine, y la manera en la que gritaba… Es todo muy traumático porque si se lo hicieron a otra persona, me lo podrían hacer a mí también.

Y estoy tan asustada, no puedo ni dormir porque no sé cuándo vendrán a mi habitación y me cogerán o me harán algo. Da miedo.

La única cosa que los oficiales decían es que tienen un trabajo que hacer, que alguien debe hacerlo y se justificaban diciendo que tenían órdenes desde la Home Office y que ellos las estaban empleando. Entiendo que el trabajo de SERCO es por nuestro bienestar y ellos solo tienen que custodiarnos. Pero no deberían usar tanta fuerza en nosotros.

Cuando un miembro del IMB (Independent Monitoring Boards) fue preguntada porqué emplearon tanta fuerza para quitar a esa mujer, ella dijo que ‘tienen el derecho por ley a usar la fuerza para llevarse a cualquiera que rechace salir del centro’.

Ella dijo: ‘Si no usan la fuerza y ella no quiere irse, la siguiente persona la imitará y la Home Office no logrará expulsar a nadie’.

La gente tiene derecho a negarse a que lo deporten.

Pero lo que me enfada es cuando se le preguntó por qué solo se utilizan muchos oficiales cuando se expulsa a la gente de raza negra. La razón que dio fue que ‘la gente negra siempre se resiste, por eso toman precauciones y tienen que usar a tanta gente’.

Y eso es un perfil racista, porque ella piensa que la gente de raza negra se va a resistir y, por tanto, vas a usar tanta fuerza como sea necesaria y no importa si hieres a alguien o provocas estrés o depresión.

Pero ella no es una trabajadora independiente, trabaja para la Home Office.

Estamos muy asustadas, queremos que alguien venga y nos ayude”.

Dos días después de lo ocurrido, The Prisma volvió a hablar con la protagonista de este testimonio, quien nos dijo: “Christine fue al aeropuerto, la pusieron en aislamiento y hoy ha vuelto a la detención principal”.

Antonia Bright, del Movement for Justice dijo respecto a Christine: “Ella no debería de haber estado allí (a punto de ser deportada) y se lo intentó explicar a los guardias, pero la ignoraron, intentaron deportarla igualmente. No ha sido deportada, pero eran 10 guardias contra una mujer. Ella se mantuvo firme, y mientras estaba rodeada en su habitación, varias mujeres se quedaron en el pasillo afuera defendiéndola. Durante horas resistieron, lo que hizo imposible sacarla en secreto o en silencio”.

(Fotos: Pixabay)

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