Multicultura, Perfiles

Virginia Bustos García: Entre el dilema del amor y la enseñanza

Su persistencia por intentar dar un cambio en su vida y encontrar un espacio en la docencia ha hecho que Virginia realice el camino difícil que recorren gran parte de los inmigrantes que llegan a este país

 

Sonia Gumiel

 

Nació en una aldea española cuyo nombre es Pozo Rubio de Santiago, donde solamente eran 12 niños en edad de escolarización. Todos ellos vivieron una enseñanza diferente a otras escuelas españolas. Los profesores de estos niños instruían de una forma más interactiva e hicieron que los anhelos de Virginia se encaminaran a aprender para ser una buena maestra.

Siguiendo el deseo que tuvo desde niña, empezó a estudiar con disciplina y hoy cuenta con varios títulos, tales como técnico de educación infantil, magisterio y un máster en enseñanza especial, conseguidos en España, país que cuenta con una crisis económica que impide la obtención de trabajo. Por consiguiente, hace 3 años ella decidió emigrar a tierras inglesas.

En 2006 fue la primera vez que Virginia viajó a Londres, en calidad de turista. Entonces supo que volvería. Pero antes de emprender la marcha como inmigrante buscó aquellas ciudades que le diesen mayores oportunidades y descubrió que Bristol era uno de los lugares con menos desempleo.

Ella llegó con su pareja, Juan Ramón, y reservó un hotel por 5 días con la difícil esperanza de encontrar un trabajo al día siguiente. Pero esto no fue posible, a pesar de recorrer todas las agencias de trabajo en Bristol, por su incapacidad de comunicarse en inglés, se dificultó su búsqueda, pese a tener una gran formación.

En aquel momento de frustración y con la prisa por tener un techo y un trabajo, Virginia se puso en contacto, a través de un anuncio, con un inglés llamado Alex, quien buscaba empleados para una cantina.

Él les prometió ayuda. Primero les facilitó una vivienda donde vivir a través de una persona que trabajaba en la limpieza, cuyo nombre era Carol, quien a su vez les pidió un adelanto de 4000 libras, para quedarse en un apartamento sin amueblar durante 6 meses.

Alex volvió a llamarlos y les ofreció trabajo en la cantina. La primera semana todo transcurrió bien hasta que Virginia quiso regularizar su situación laboral y solicitó su salario mínimo, que en aquellos momentos era de 6,20 libras la hora, y ellos cobraban 3 libras.

Él fue descortés y, a partir de aquella época, su trato fue bastante desagradable. La situación se fue complicando hasta que un día estaban atendiendo a un cliente, su novio se demoró hablando con él y entonces Alex lo empujó, razón por la que quisieron salir de allí  para siempre.

Coincidencialmente, Carol, la mujer que les estaba arrendando el apartamento presenció lo que ocurrió y les propuso un trabajo de limpieza. Todo pareció volver a la normalidad. Pero un día llamaron a la puerta y era un agente del gobierno, quien les comentó que no podían vivir allí porque esa casa era del consulado.

En aquel momento, ellos que desconocían totalmente la situación, no solamente por el desconocimiento del idioma inglés, sino porque al ser recién llegados a Inglaterra desconocían cómo funcionaban las cosas. Se llenaron de miedo y no sabían cuándo tenían que desalojar la vivienda por la que habían pagado 6 meses por adelantado.

Por otro lado, el duro trabajo que realizaban limpiando estaba ligado directamente con esa persona que les arrendó ilegalmente el apartamento.

Finalmente, y tras unos días de intensa búsqueda, Virginia y su novio encontraron otro empleo de limpieza en un hotel y una nueva casa.  Tras otros 6 meses limpiando, ella se sintió frustrada y decidió buscar trabajo afín a su carrera por lo que envió su currículo a una guardería y allí le dieron la oportunidad de mostrar su gran habilidad con los niños.

La vida le cambió al punto que en el transcurso de estos tres años que han pasado, Bristol pasó de ser una ciudad gris y oscura a convertirse en un lugar con gente agradable y donde disfruta de los momentos. Asimismo, le brinda la oportunidad profesional que su país no le ofreció.

Por otro lado, su novio tenía que enfrentar sus propias dificultades. Él trabajaba en una bodega,  de camino a su empleo tuvo un accidente siendo arrollado por un taxi, lo que lo dejó incapacitado por un tiempo, pese a ello la empresa lo despidió.

Actualmente está recuperado y ha vuelto al trabajo en otra bodega diferente, pero es posible que regrese a España. Si se da esta situación, Virginia se verá obligada a tomar la decisión más importante de su vida: dejar marchar a su amor o seguir trabajando en lo que ama, que es la educación.

(Fotos: Pixabay)

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