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La partida de Anthony Bourdain

Su suicidio dolió incluso en los países que nunca visitó, como El Salvador, cuyas emblemáticas pupusas tanto emocionaron al chef estadounidense.

 

Anthony Bourdain – Foto Prensa Latina

Charly Morales Valido

 

Visitar El Salvador y conocer a fondo en su riqueza culinaria fue algo que le quedó pendiente al influyente gastrónomo y comunicador, que se ahorcó recientemente atormentado por sus demonios, en Estrasburgo.

Los principales medios de comunicación y las redes sociales reseñaron la mala nueva, pues Bourdain les robó el corazón cuando proclamó en su show “Part Unknown” que las pupusas salvadoreñas son las más respetadas. Este recolector de sabores probó las pupusas, una tortillarellena, en el país y lugar menos esperado: en una pupusería de Detroit, acompañado con su salsa y curtido, gotas de picante y una botella de Pilsener.

“Aunque las pueden encontrar también en Nicaragua y Guatemala, existe un consenso de que las pupusas de El Salvador son superiores”, afirmó Bourdain, quien también se atrevió con los tamales de elote (maíz).

Roberto Quiñonez, columnista que se define como ‘chef de fin de semana y sibarita de bajo presupuesto’, fantaseó en la revista VoxBox sobre una supuesta fiesta gastronómica con Bourdain por El Salvador.

Foto: Pixabay

En sus sueños, Quiñonez guiaba al chef por la ruta culinaria de este país, probaban el atol shuco con frijoles y alguashte, ticucos con chipilín, tepezcuintles a la parrilla o chicharrones  (fried pork crackling) de armadillo.

Las ostras frescas de Meanguera, la yuca con chicharrón de Izalco, las mariscadas del Tunco, las riguas de Antiguo Cuscatlán y el Mercadito de Merliot habrían dado material para un show formidable, sin dudas.

Sin embargo, el autor de best-sellers como “Kitchen Confidential” puso fin a su vida, cansado al parecer de las dos grandes cosas que le apasionaban: viajar y aprehender otras culturas.

De él nos queda el recuerdo de su sarcasmo, su invitación a conocer el mundo a través de sus sabores, y un consejo que acabaría con cierto stress universal: “Tu cuerpo no es un templo, es un parque de diversiones. Disfruta el paseo”. (PL)

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