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Multiculturalismo: ¿Un pensamiento poco riguroso?

Quiero hacer una simple observación: multiculturalismo y una sociedad multiracial multicultural son dos conceptos totalmente diferentes, aunque pueden superponerse.

Nigel Pocock

Las culturas son desiguales; algunas son extremadamente corruptas, crueles, violentas y nunca deberían ser aceptadas por una persona decente. En ese sentido, algunas culturas deberían, indudablemente, ser excluidas de cualquier tipo de asociación compleja entre diferentes grupos de personas. Por otro lado, las sociedades compasivas deberían estar abiertas a todas las razas, y no excluir a ninguna.

Algunas culturas son extremadamente peligrosas para la sociedad, para cualquier sociedad. Las culturas que fomentan el infanticidio de niñas terminan por desmoronarse, ya que al final, no existirá una generación de descendientes.

Ligada a una visión irreflexiva del multiculturalismo está la idea de que todas las culturas deberían ser tolerantes con las demás, sin emitir juicios de valor.

Estas ideas son típicas de un pensamiento poco riguroso, un relativismo perezoso, una indulgencia a la decidofobia, que se aleja de la difícil tarea de afrontar la realidad. Porque ¿Qué “sociedad abierta” puede tolerar, por ejemplo, el Nazismo? ¿O las formas autoritarias de teocracia, con sus oligarquías impidiendo cualquier forma de crítica?

Deseo sugerir la necesidad de una forma de “absolutismo blando” como método constructivo ante esta decidofobia descuidada y relativista. El Profesor Ian Jarvie ha sugerido que las ideas necesitan ser presentadas como si fuesen practicamente absolutas, aunque flexibles ante críticas y revisiones. Vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo.

Así es como, en efecto, progresa la investigación científica. La diferencia esencial entre “autoridad” y “autoritarismo” es precisamente su predisposición al análisis crítico.

Un relativista dice que todos los puntos de vista son iguales en términos de valor, por lo tanto, son relativos en cuanto a la verdad, y por lo tanto, el análisis crítico es, en principio, irrelevante o imposible; el autoritarista afirma que ya conoce las respuestas, y que por lo tanto, nada puede conducir a una enmienda o al desarrollo.

Ambas posiciones evitan los nuevos conocimientos, el análisis crítico y el pensamiento creativo. Ambos están, casi literalmente, en la posición de la persona o sociedad que no quiere pensar. Son decidofóbicos, según la expresión de Walter Kaufmann. Como consecuencia, hay aclamadas sociedades liberales viviendo en un estado de fantasía y negación.

Necesitamos una sociedad multiracial, no una multicultural en el sentido relativista del término. Por supuesto, hay diferencias relativas en la cultura; pero que el relativismo filosófico se contradice a sí mismo es algo que se conoce desde hace 2000 años.

De poco sirve afirmar una cosa (relativismo) para simplemente desacreditar esta afirmación, ya que es en sí misma relativa. No lleva a ninguna parte. Las fuerzas más dinámicas y creativas de la sociedad han sido aquellas abiertas y críticas. Por esta razón, necesitamos una cultura que emita juicios, no una cultura que los evite.

Eludir la emisión de juicios es la esencia de la decidofobia. Es totalmente irresponsable. Emitir juicios críticos no es lo mismo que emitir juicios condenatorios.

Sin embargo, es paradójico como algunas cosas deberían ser condenadas. Si queremos una sociedad compasiva, no deben ser toleradas la destrucción y la explotación de los más vulnerables.

La compasión es una virtud que debe ser defendida. En definitiva, no es negociable; pero en la práctica está sujeta a revisión. La compasión está abierta a todas las razas y personas; ejercita la crítica responsable hacia las culturas perjudiciales, y, aunque multicultural, no está exenta de límites.

(Traducido por Marta Polo Delgado) – Fotos: Pixabay

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