Globo, Latinoamérica, Reino Unido

Venezuela: las armas contra la guerra económica

Respaldado por su victoria en mayo, el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro refuerza su lucha contra el sabotaje económico orquestado desde Washington. Estas son algunas de las medidas que permitieron su triunfo en las urnas.

 

Entrevista y fotos: Marcos Ortiz F.

 

La inesperada tranquilidad que recibió a los cientos de observadores internacionales que llegaron hasta Caracas para presenciar in situ las pasadas elecciones del 20 de mayo sorprendió incluso a los más férreos defensores del gobierno de Nicolás Maduro.

Las versiones de prensa que llegaban al resto del mundo y que sugerían un país en ruinas no asomaban por ninguna parte. Caracas no era el Damasco que se leía en los principales periódicos europeos o sudamericanos.

Los 30 minutos que separan a Maiquetía del centro de la capital se vivían en completa normalidad: familias que bajaban a las playas de La Guaira, generosa publicidad de los tres principales candidatos a la presidencia y largas filas de vehículos desplazándose a sus trabajos y centros de estudio.

“Al llegar noté que la situación estaba totalmente en calma, con mucha tranquilidad. Y me preocupé especialmente en mirar la propaganda de los candidatos. Vi enormes carteles de Henri Falcón, de Bertucci y por supuesto una cantidad impresionante de posters de Maduro en todas partes”. De regreso en su casa en Londres, el profesor chileno Francisco Domínguez recuerda su primera incursión como observador internacional.

“Lo que me llamó la atención –a diferencia de países, entre comillas, civilizados como Gran Bretaña– es que ninguno de los carteles estaba vandalizado”, agrega Domínguez, jefe del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Middlesex y secretario nacional de Venezuela Solidarity Campaign.

Francisco Dominguez

Recordando el Chile de Allende

Víctima de una crisis económica que se traduce en hiperinflación, ausencia de papel moneda y escasez de algunos productos básicos y de medicamentos, Venezuela re-eligió con un aplastante 68% de los votos a Nicolás Maduro por sobre sus rivales.

En un resultado difícil de comprender para el resto del mundo, más de 6,2 millones de venezolanos decidieron seguir adelante con la Revolución Bolivariana iniciada por Hugo Chávez, confirmando la teoría de que es la “guerra económica” impulsada particularmente desde Washington la culpable de los complicados momentos que atraviesa la población. “La economía está en dificultades serias”, dice Domínguez. “Está sometida a una guerra económica muy dura, bastante más dura que la que se hizo contra Salvador Allende”.

Habiendo vivido en el Chile de inicios de los ‘70, Domínguez se refiere al tema con propiedad.

“Con los comités de juntas de abastecimiento y control de precios (JAP) lográbamos detectar a alguna gente que estaba acaparando productos.  Cuando lográbamos detectarla y encontrábamos, por ejemplo, 50 kilos de azúcar, cogíamos ese azúcar y se los vendíamos a la población inmediatamente. 50 kilos de azúcar no era nada”, señala el académico.

La guerra económica venezolana, sin embargo, es más profunda que lo sucedido en Chile y que derivaría en el golpe de Estado de Pinochet en 1973. “En Venezuela hay buenos mecanismos para defenderse, pero la intensidad y el tamaño de la agresión económica es muchísimo más grande. No solamente tienes acaparamiento y sobreprecios increíbles, sino también un contrabando inmenso hacia Colombia y especulación con la moneda debido a la tasa de cambio que se ha aplicado”.

A esta situación se suman también las sanciones económicas impulsadas desde Washington y que buscan asfixiar a la ya maltrecha economía de Caracas. Lo anterior –señala Domínguez– explica una inflación que se traduce en venezolanos deambulando por las calles con gruesos fajos de billetes que de poco y nada sirven.

Los CLAP y la matriz productiva

Es esta realidad la que impulsó al régimen de Maduro a crear los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), iniciativa de distribución paralela y que beneficia una o dos veces al mes a 6 millones de familias.

Creados hace dos años, los CLAP fueron pensados como una medida transitoria. “Una vez que esto permita normalizar la economía no van a ser necesarios porque se va a volver a la normalidad”, señala Domínguez ante una medida que permite ver a venezolanos rumbo a sus casas cargando bolsas o cajas con alimentos básicos y útiles de aseo, entre otros productos.

“Yo creo que Maduro está pensando en lograr un sistema de distribución alternativo al que existe hoy dominado por el sector privado. O por lo menos hacerlo tan decisivo que aquel que controle el sector privado sea muy pequeño y no tenga consecuencias negativas si quisieran hacer algún tipo de porquería”, explica.

“Sospecho que en la medida en que se cambie la matriz productiva del país y se diversifique la economía, realmente los problemas van a mejorar. Pero significa que Venezuela va a tener que vivir un tiempo con una inflación relativamente alta”, agrega.

Pero, ¿es posible realmente dejar de depender de la renta petrolera? La eterna promesa de la clase dirigente venezolana se escucha con fuerza desde hace décadas. “En una economía muy globalizada como la que tenemos actualmente, para poder diversificarla se necesita desarrollar aquellas áreas donde Venezuela tenga ventajas comparativas”, señala Domínguez. Esto significa, en otras palabras, fomentar aquellos sectores en los que la economía china no se alce como un rival competitivo.

“Probablemente el chocolate, el ron, tenemos oro, tenemos petróleo, tenemos coltán. En esas áreas es posible que Venezuela logre desarrollarse y ya está diversificándose”, señala Domínguez asumiendo la causa venezolana en primera persona.

“Si Venezuela logra resolver el problema de autoabastecerse de productos agrícolas en un nivel de 70 a 80%, el resto de los problemas son menores. Y la prueba está en la actividad económica en Venezuela, se han construido más de dos millones de casas en los últimos años. El potencial productivo existe, lo que pasa es que está mal estructurado”.

El carnet de la patria

Criticado por la oposición, pero actualmente beneficiando a más de la mitad de la población, el Carnet de la Patria es otro de los instrumentos ideados por el gobierno madurista para atacar los vaivenes económicos. “Su función específica primera es saber quién es realmente quién y qué derechos tiene”, explica Domínguez. Dotado de un código QR, la tarjeta ha permitido entregar bonos y beneficios ahorrándose trámites burocráticos que redundan en corrupción o demoras.

“Como parte de la agresión económica consiste en esconder los billetes en cantidades industriales, realmente poder comerciar con una especie de tarjeta de crédito –donde se entregan los sueldos y beneficios– realmente facilita las cosas y evita que se produzca un cuello de botella en la economía. La gente no tiene realmente efectivo”, agrega.

El Petro

Otra de las soluciones para hacer frente a la guerra económica es el Petro, primera criptomoneda en el mundo impulsada por un estado y la primera en estar respaldada, en este caso por barriles de petróleo. Durante el periodo eleccionario, el Petro se alzó como una luz de esperanza entre el electorado.

“El Petro ha permitido muchísimas cosas, es muy inteligente la medida. Es algo que nunca nadie ha hecho, por lo tanto nadie sabe muy bien cómo manejarlo. Los venezolanos están aprendiendo y en este momento están siendo copiados. China, Rusia e Irán tienen sus criptomonedas. Lo que significa que Venezuela no necesita realmente obtener moneda dura en la forma de dólares para poder comerciar. Esto realmente facilita las cosas muchísimo”, concluye Domínguez.

Próxima edición: Venezuela: las verdades incómodas

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