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Cuando desapareció La Gioconda

Fue el robo y la angustia más largos de la historia del arte. Después de todo se trataba de uno de los cuadros más famosos del mundo. Lo encontraron, es cierto, pero el temor quedo en el aire y hoy está protegido por un cristal antibalas.

 

Fausto Triana

 

Quinientos años de estudios y reflexiones sobre la sonrisa más cotizada del mundo se desvanecieron en unos minutos en 1911, con la desaparición de la Mona Lisa del Museo del Louvre y las sospechas sobre Picasso y Apollinaire.

Fue el robo y la angustia más largos de la historia del arte, según los comentarios de los periódicos de la época, porque la misteriosa dama pintada por Leonardo Da Vinci de 1503 a 1506 sobre una tabla de álamo con la técnica de sfumato.Los primeros sospechosos resultaron ser, sorpresivamente, el poeta Guillaume Apollinaire y el pintor malagueño Pablo Picasso.

Ambos vivían en Montmartre en el famoso Bateau Lavoir y tras los interrogatorios, finalmente fueron liberados.

Era el número 13 de la Place Ravignan, actualmente Place Emile Goudeau, “un nido de anarquistas, nihilistas, simbolistas, bohemios y otras gentes de mal vivir”, según repetía por la época la policía. Allí Picasso concibió su obra “Las señoritas de Avignon”.

París, el Louvre y el universo del arte estuvieron acongojados por la sensible pérdida hasta 1913, cuando la obra volvió a su hogar adoptivo desde su natal Florencia. El lugar es otro tema que genera debates y controversias.

Una sonrisa de placer por el embarazo y el feliz alumbramiento reciente, o la combinación de ambos estados, se inscriben en el mar de especulaciones y estudios acerca de la obra, basada en una figura de alcurnia (Lisa Gherardini) o en una simple cortesana.

Lo más sonado en el anecdotario del suceso fue el descubrimiento por parte de los guardias de seguridad del Louvre el 21 de agosto de 1911.

Otra versión señala que fue el pintor Louis Béroud quien dio el aviso al detectar que el cuadro no colgaba en la pared del Salón Carré del óleo de 77×53 centímetros, ahora resguardado en el Pabellón Denon, protegido por un cristal antibalas.

Descartados Apollinaire y Picasso, la investigación terminó focalizada en Vincenzo Peruggia, un joven italiano que conocía bien el Louvre y supuestamente se hizo de una bata blanca, utilizada entonces por los copistas, para ocultarse en el museo.

Pero la pesquisa tomó tiempo y Peruggia, supuestamente contratado por el estafador argentino Eduardo de Valfierno, no se delató hasta contactar con Galleria degli Uffizi, de Florencia, para venderlo.

Peruggia fue detenido el 11 de diciembre de 1913 y condenado a siete meses de prisión. La Mona Lisa fue devuelta a Louvre el 31 de diciembre del mismo año.

Sin embargo, otros estudios del caso afirman que casi nada de lo que hemos ahora relatado es cierto.

Jéróme Coignard, autor del libro “Une femme disparait. Le vol de la Joconde au Louvre en 1911”, recalcó en fecha reciente que el promotor del robo fue Otto Rosenberg, un traficante alemán de obras de arte. Para no perder la sonrisa que tanto público atraía desde entonces, el Louvre decidió colocar en lugar de la Mona Lisa a otro autor italiano, Rafael, con su cuadro Baldassare Castiglione, un hombre con barba que también sonríe.

Quién sabe. Tal vez a estas alturas, si la Gioconda hubiese desaparecido definitivamente, el arte internacional de pronto estaría fascinado con el Retrato Baldassare Castiglione, cuya autoría también está en duda.

Fue el rey Francisco I quien compró la Mona Lisa, probablemente traída a Francia por Da Vinci.

Se sabe que Florencia quiere exhibir el famoso cuadro para 2013, claro, tomándolo prestado solamente.

Sin embargo, el Louvre dice que el cuadro sufriría demasiado en un viaje tan largo. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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