En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Pensando a la izquierda y a la derecha

En una sociedad pluralista, es imprescindible que nos entendamos mutuamente, y no que simplemente proyectemos nuestras propias ideas preconcebidas sobre las personas.

 

Steve Latham

 

Incluso donde estamos vehemente en desacuerdo, debemos escuchar lo que realmente está diciendo la otra persona, y no lo que creemos que dice.

Muy a menudo, damos por sentado que sabemos lo que las personas creen. Entonces, atribuimos intenciones maliciosas y mentiras a los grupos a los que nos oponemos.

Por lo tanto, es importante que aprendamos a atribuir motivaciones positivas a quienes son nuestros adversarios políticos, sociales, ideológicos o religiosos.

Al igual que en los asuntos personales, los desacuerdos se vuelven acalorados, y terminamos discutiendo, debido a malentendidos, derivados de cuestiones triviales.

Pero si lo hacemos, esto puede dar lugar a una ruptura permanente, y prevenir la reconciliación, o a una alianza posterior.

A veces, podemos estar de acuerdo en algunas cosas, y en desacuerdo con otras. Por lo tanto, el etiquetar a un grupo en particular como ‘malvado’, puede evitar que cooperemos con ellos en asuntos en los que estemos de acuerdo.

Esto significa estar en desacuerdo sin demonizar al ‘otro’. El ejemplo se encuentra bien ilustrado en la actual serie de las prestigiosas conferencias de Reith en BBC Radio.

Margaret MacMillan, profesora de Historia en la Universidad de Oxford, impartirá la serie de conferencias de este año, sobre historia de la guerra, titulada  La marca de Caín.

Una de las observaciones que hace es que las guerras son generalmente precedidas por un incremento del lenguaje político, que excluye el diálogo y se niega a ver la razonabilidad del punto de vista de la otra parte.

La falta de entendimiento que precedió y dio lugar a la Primera Guerra Mundial (cuyo final recordamos este año), es un caso ejemplar.

Otra es la actual retórica anti-inmigrante ejercida por el gobierno de Estados Unidos contra los inmigrantes sudamericanos, que explota el prejuicio y el nativismo del nacionalismo estadounidense.

Esto es tan peligroso que la Rabina Mayor británica del Judaísmo Reformista, Laura Janner-Klausner, ha dado una señal de alarma.

La actual deshumanización y la pérdida de respeto por los seres humanos es, según ella, una reminiscencia de las condiciones que a menudo conducen al genocidio.

Podríamos decir lo mismo de Europa, ya que se endurecen las actitudes hacia los inmigrantes, proporcionando así apoyo a partidos populistas fascistas y de derecha.

Pero también tenemos que mirar hacia adentro. Las deficiencias se encuentran inherentes a todos nosotros. ¿Con qué frecuencia adoptamos opiniones simplemente porque el grupo social, político o religioso al que pertenecemos las cree?

Deberíamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿existe alguna creencia que tengamos que no encaje en la consecuente visión del mundo de nuestro círculo particular?

Si estamos siempre de acuerdo con nuestro propio grupo, entonces puede que no estemos pensando independientemente, sino extrayendo nuestros pensamientos del pensamiento grupal colectivo y conformista.

Esto se aplica ya sea que nos identifiquemos con la Derecha o Izquierda. ¿Se adapta perfectamente cada una de nuestras inclinaciones políticas dentro del espectro respetable de nuestra facción? ¿O existen algunos valores atípicos?

Puede que la regularidad sea el peor enemigo del pensamiento. Tal vez, nuestro mejor gesto hacia el pensamiento independiente sea mantener un punto de vista que sea angular, que no encaje y que sobresalga incluso del de nuestros amigos.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

 

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