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Arena y Sangre (I): Irak y Siria a través del prisma de los refugiados

Un grupo de refugiados sirios e iraquíes que residen en Austria hablan sobre sus experiencias y lo sucedido en sus países, con voz en off mientras se muestra una filmación en YouTube. Ellos tienen una gran variedad de opiniones: aunque muchos sirios quieren que el régimen de Assad llegue a su fin, es más importante terminar la guerra.

 

Angelka Spangel and Matthias Krepp

Graham Douglas

 

“Sand and Blood” es el primer largometraje de Matthias Krepp y se realizó mientras él y Angelka Spangel estudiaban en la Academia de Cine de Viena, en la clase de Michael Haneke.

La película se terminó a finales de 2016 y las personas que participaron llegaron entre 2013 y 2015.

No son adinerados, pero pudieron pagar los costos de un viaje clandestino a Europa. Incluyen un arquitecto, un granjero y un camionero. Está dividida en capítulos y abarca lo sucedido en ambos países desde que han estado en guerra. La gente habla acerca de su conmoción cuando cosas que parecían imposibles cambiaron repentinamente, como la caída del ‘padre de la nación’ de Irak, Saddam Hussein, y la propagación de la revolución a través de los países árabes a Siria en 2011.

Al principio, la revolución siria consistía en manifestaciones pacíficas en busca de reformas democráticas, pero después de un año la gente ya no luchaba por la libertad, sino que sobrevivía al brutal ataque del régimen de Assad, y a sus shabiha o criminales a sueldo, muchos de los cuales eran criminales liberados de prisión para este propósito. El sectarismo ha sido promovido como una táctica para dividir y gobernar.

Ambos países fueron lugares permisivos en la década de 1960, pero el golpe de Estado de Hafeez Al-Assad convirtió a Siria en lo que Al-Haj Saleh denomina un estado privatizado, dirigido para el beneficio del clan de Assad.

Al menos 10.000 personas fueron masacradas en 1982 después de una revuelta llevada a cabo por los Hermanos Musulmanes en Hama, y muchos pasaron años como prisioneros políticos, 16 años en el caso de Yassin, y fueron torturados.

En la película las personas hablan de la forma en que se ha llegado a normalizar la violencia hasta el punto en que la gente se ríe cuando alguien es asesinado delante de ellos: “Sus sentimientos estallan, él no tiene ningún objetivo, ¿qué espera usted, que deba estar leyendo a Shakespeare o a Víctor Hugo?” Matthias habló con The Prisma, en el New Directors Festival, en Espinho, Portugal.

¿Qué es lo que le llevó a este tema?

Este comenzó como un proyecto universitario. Mientras visitaba un campo de refugiados en Alta Austria con un amigo, conocí a un chico sirio y confiamos el uno en el otro inmediatamente. Como equipo, le debemos mucho, ya que él abrió las puertas para conocer a los refugiados sirios e iraquíes. Y conversar con él influyó en la forma en la que abordamos la película. Muchas personas estuvieron de acuerdo en ser filmadas sin mostrar sus rostros porque estaban preocupadas por la seguridad de sus familiares en Siria. Pasamos unos 6 meses haciendo solo investigaciones, y a menudo las personas nos mostraban videos en YouTube para corroborar sus historias. Y así es como se formó la película. Todo la grabación se encuentra en la web, incluso cuando los videos que nos mostraron los involucran personalmente.

Habiendo participado casi por casualidad, ¿cómo se siente ahora al respecto?

Había estado interesado en Oriente Medio anteriormente, y al mismo tiempo, las cosas que suceden en esta parte del mundo afectan a las sociedades europeas. Los refugiados que vinieron en los dos últimos años son de alguna manera un recordatorio de tal hecho. Tener experiencia de primera mano con las personas y establecer un diálogo hace más fácil superar las barreras culturales o, al menos, identificarlas, y disfruté de muchos momentos así.

Austria posee una reputación antiinmigrante. Recuerdo haber visto la película satírica Auslander Raus, de Paul Poet.

Eso fue en el momento de la primera coalición derechista en Austria, hace 16 años. Como ciudadano, soy crítico en muchos aspectos con lo que está sucediendo en Austria, pero no quisimos crear una ‘película de mensaje’. Queríamos mostrar las experiencias contradictorias que experimentamos. Uno de los iraquíes lo muestra muy bien en la película: “Ustedes los europeos son muy divertidos, o nos tiran piedras o flores. ¿Pueden dejar de lanzarnos cosas?”. Era sumamente importante dar a los refugiados una cálida bienvenida, especialmente en 2015, cuando la situación se fue de las manos en la frontera de Hungría y de Austria. La ropa y las mantas eran más importantes que las películas. Pero como cineasta no puedo ofrecer ninguna solución sobre un tema tan complicado.

¿Cómo se sienten acerca de su nueva vida en Austria?

Decir que están bien sonaría como que todo está bien en Austria y no se puede generalizar. Los iraquíes de la película tienen un estatus de asilo temporal por 1 o 2 años, y se les permite trabajar, y los sirios tienen status de asilo completo. La mayoría de ellos se han trasladado a las ciudades por trabajo, aunque algunos prefirieron permanecer en los pueblos para aprender alemán rápidamente.

¿Sienten que la revolución ha sido traicionada por los yihadistas?

Por supuesto, y lo triste es que muchos de ellos están atrapados entre posiciones que no apoyan. Algunos de ellos están, por así decirlo, preparados para estrechar la mano del dictador. No porque estén reconciliados con el régimen, sino porque desean que la guerra acabe, y los yihadistas no constituyen una alternativa. Muchas personas se sienten como el joven de la película: “Esta no es una lucha entre el bien y el mal, es una lucha entre lo malo y lo peor”.

Alguien comenta en la película: “Después del primer año ya nadie lucha por la libertad, solo por la venganza o la supervivencia”.

Sí, muchas personas se sienten así y algunos de mis amigos que participaron en las primeras manifestaciones y querían usar métodos pacíficos de oposición, se sienten traicionados. Pero hay también personas mayores a las que no les gusta el régimen, pero estaban en contra de la manifestación porque sabían lo que ocurriría, por su amarga experiencia.

Me sentí conmovido por el joven que habla sobre una conversación en la que afirma: “No deberíamos estar haciendo esto, los musulmanes no asesinan personas”. Y su amigo muestra un video de soldados llevándose a una mujer, y comenta: “Esa es tu hermana, ¿qué vas a hacer?”. Él no tiene respuesta. En medio de la guerra las personas parecen ser aún capaces de reflexionar acerca de cuestiones morales. Somos demasiado cínicos o sofisticados en Europa.

Este joven es un amigo cercano ahora, y hablamos mucho sobre esto. Queríamos integrar este aspecto de la normalidad en la película. Por supuesto, nosotros como europeos, tuvimos suerte y fuimos privilegiados por crecer en el tiempo y lugar más seguros del mundo y no estamos acostumbrados a pensar en estas categorías. Aunque yo también recuerdo la generación de mi abuelo hablando sobre sus experiencias durante la guerra y la dictadura. Esto no era algo abstracto, era parte de sus vidas. Eso incluye a las personas que se opusieron al régimen nazi. Muy a menudo, ellos usaban una especie de humor negro cuando hablaban de sus experiencias, para distanciarse psicológicamente.

Foto: Pixabay

Un amigo sirio ha vivido en Austria durante cuatro años. Un día, estaba preocupado por su esposa porque hubo bombardeos en su área. Cuando finalmente contestó al teléfono, ella afirmó: “Es el día de la Madre, estaba de compras”. Eso no significa que el peligro en el que se encontraba no fuera real. Era su forma de mantener una vida normal, tanto como fuera posible. Después de la llamada telefónica, mi amigo se sintió aliviado, pero también movió la cabeza y afirmó: “Hice las mismas cosas, pero ahora que estoy fuera, ya no lo entiendo”.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos suministradas por el entrevistado.

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