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Una Guía arquitectónica inteligente para Europa

Un nuevo tipo de guía para explorar ciudades europeas merece un lugar en su equipaje. Las ediciones impresas de guías de viaje fueron una vez artículos esenciales para emprender un viaje a algún lugar extranjero pero lo son menos ahora dado el flujo de información disponible con un clic o arrastrando un dedo por la pantalla.

 

Owen Hatherley

Sean Sheehan

 

Muchas de las guías que todavía se imprimen – “Rough Guides” son una excepción honorable – tienden a adoptar una mentalidad de clasificar, satisfechas de proporcionar inventarios simplistas de lugares en los que es más probable usted se vea rodeado de turistas que se toman fotos.

El “Trans-Europe Express” (Expreso trans-Europeo) de Owen Hatherley pertenece en conjunto a una clase diferente, una guía muy bien escrita y agradablemente idiosincrásica sobre los edificios de las metrópolis de Europa. Dividida en regiones geográficas – Atlántica, Mediterránea, Central, Balcánica, Báltica y del Mar del Norte – dedica un capítulo a cada una de las dos docenas de ciudades y no ahorra palabras en cuanto a lo que es loable, interesante o francamente objetable.

Comienza con una comparación de su ciudad natal Southampton con Le Havre, observando las similitudes en sus orígenes, pero viendo la ciudad inglesa centrada en vehículos, como inferior a la zona libre de El Havre, descontento con la tendencia en Gran Bretaña a separar las dimensiones de compras, el ocio y  formas  de vida.

A Hatherley le gusta comenzar con una estación de tren antes de salir a explorar la personalidad arquitectónica de una ciudad. Antes de llegar a los detalles, rápidamente esboza los parámetros históricos y los factores políticos que han formado o están formando las estructuras que forman el mobiliario de una localidad.

El magnífico éxito de Bolonia en preservar todo dentro de sus murallas históricas, por ejemplo, se remonta al hecho de que los comunistas estaban a cargo del gobierno local desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1990.

Sus puntos de vista pueden ser desafiantes: en Dublín, considera que la estación central de autobuses, Busaras, es un candidato para el mejor edificio de la ciudad en el siglo XX (¿de verdad?), y siempre evaluativo. Se desespera por la vergonzosa nueva versión del centro de Skopje, pero ama la “topografía descabellada” de Porto y se pregunta por qué todo parece estar tan bien hecho y atractivo allí: “Los sindicatos fuertes, las tradiciones artesanales y el atraso histórico, son candidatos para explicar [este] hecho desconcertante.

Se incluyen media docena de capitales, pero son más comunes las pequeñas ciudades como Łódź, Lviv, Split, Aarhus y Hull donde, siempre sensible a los modismos arquitectónicos, llama la atención sobre los edificios y barrios que nunca encontrarían su lugar en una guía turística.

Portici di Bologna. Free Photo Wikiwand

Aquisgrán en Alemania, Maastricht en los Países Bajos y Lieja en Bélgica son tratados como una conurbación de la Unión Europea y elogia la Clínica Universitaria de Aquisgrán como “un organismo espeluznante, vigoroso y áspero”.

La estación de Liège’s Guillemins está diseñada por Santiago Calatrava (actualmente trabajando en el proyecto de la península de Greenwich), un arquitecto cuyas obras han recibido críticas muy merecidas.

Hatherley entiende muy bien este disgusto por Calatrava – su Museo del Mañana en Río de Janeiro ha provocado algunos comentarios hostiles, sin embargo encuentra sus estaciones de tren “entre los grandes placeres culpables de la arquitectura contemporánea: sentimental, emocionante, contrapuntístico”. Si viaja a una de las ciudades de Hatherley, incluya una copia en su equipaje.

“Trans-Europe Express” de Owen Hatherley es publicado por Allen Lane.

(Traducido por Roberto Cárdenas Durán)

 

 

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