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El rompecabezas que es Berenice Abbott

La primera biografía completa de Berenice Abbott (1898-1991), un punto seminal de referencia para la fotografía de la arquitectura urbana, tiene todos los hechos pero no respuestas en cuanto a lo que la hizo ser única.

 

Sean Sheehan

 

Ella provenía de un hogar fracturado – su padre se suicidó – y asistió a la Universidad Estatal de Ohio antes de irse a Nueva York y luego salir para París con un billete de ida.

Una vez allí, se mezcló con artistas como Duchamp y Man Ray y estableció su propio estudio. Sus fotografías de París de James, Nora y Lucia Joyce son incomparables.

Las fotografías documentales pioneras de Eugène Atget sobre la vida callejera y la arquitectura fueron la influencia decisiva en el trabajo de Abbott. Ella regresó a los Estados Unidos en 1929 y abrió un estudio de retratos para ganarse la vida.

Fotografiando Nueva York en el espíritu de Atget, ella tomó lo que resultó ser la firma de fotos del diseño urbano de la ciudad, recortándolo para el máximo impacto visual… Su “Visión nocturna, Nueva York” (1932), usando una exposición de 15 minutos, sigue siendo una de sus fotografías más famosas.

Para alguien de su tiempo y experiencia, Abbott seguramente desarrolló sus propias políticas pero que permanecen opacas. Su biógrafo escribe sobre sus inclinaciones izquierdistas pero proporciona poca evidencia -aunque fue investigada por el FBI después de ser identificada anónimamente como comunista.

Blossom Restaurant Berenice Abbott 1935. Wikimedia Commons

El Apartheid de Sudáfrica parece no haberla molestado cuando, tratando de convertir su dinero en oro, hizo viajes a Canadá para comprar Krugerrands y contrabandearlos de vuelta a través de la frontera (más tarde, su casa fue saqueada y todos fueron robados).

Abbott aprendió a mantener los aspectos de su vida privada – ser lesbiana y vivir con otra mujer no era algo de orgullo ese tiempo – y tal vez esto se convirtió en un hábito general. Aprendemos poco acerca de lo que estaba sucediendo dentro de su cabeza, aunque si esto es debido a la falta de material de origen o la reticencia del biógrafo a sondear y especular es difícil de decir. Un inconveniente del libro de Julia van Haaften es su satisfacción con la crónica de lo que hizo en cada año de su larga vida y las diversas comisiones que ganó y perdió.

Lo que es interesante son los pequeños hechos raros que surgen en el camino, como cuando nos enteramos de que en el apartamento pequeño en el ático que compartió durante treinta años con su pareja de largo tiempo no había ducha o bañera. Se las arregló con baños de esponja utilizando un pequeño fregadero y un montón de toallas en el suelo.

Eugène Atget Three Prostitutes. Impresión de Berenice Abbott Metropolitan Museum of Art. Wikimedia Commons

Berenice Abbott permaneció notablemente autónoma y su personalidad solo aparece en fragmentos.

A menudo aparece intemperante y protegida, con pocos bordes lisos, dejando al lector con un sentimiento de curiosidad y deseando saber más.

Pero si lo que dijo Balthazar de Lawrence Durrell es cierto – “Somos después de todo ignorantes unos de otros, presentando ficciones seleccionadas el uno al otro” – tal vez Abbott eligió en su lugar tomar fotografías de lo no ficticio y dejarlo así. Nos quedamos con sus fotografías y esto es más que suficiente.

“Berenice Abbott: una vida en la fotografía”, por Julia van Haaften, publicado por W.W. Norton y Compañía.

(Traducido por Roberto Cardenas Duran) 

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