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Alicia Garciadiego, ‘El coronel’ y Ripstein

Afortunadamente, dice, en Latinoamérica las historias se han agotado y por eso tenemos un cine que ya quisiera Hollywood tener.

 

Paz Alicia. Photo Prensa Latina

Nubia Piqueras Grosso

 

Hace 32 años se conocieron y desde entonces una pasión los une más allá del amor: el cine. Ella, al mando de los guiones, y él, de la dirección y las cámaras, forman un dueto envidiable.

“Arturo Ripstein y yo nos conocimos trabajando, después que le hice el primer guión, y nos hicimos parejas para el segundo”, recuerda la reconocida guionista mexicana Paz Alicia Garciadiego, en entrevista exclusiva con PL.

Aunque en dos ocasiones escribió los guiones de las películas para igual número de directores, reconoce que no fue lo mismo, porque “nosotros ya no necesitamos ni discutir las cosas que sobran en un filme.

“Hasta la fecha llevamos 15 películas juntos, por tanto, el trabajo resulta muy fácil, amén de que tenemos estéticas iguales, de lo contrario no seguiríamos juntos”, asevera.

– ¿Y cómo es trabajar para él?.
La respuesta no podía ser otra: “Normalmente como parte de mi trabajo creativo le comento lo que quiero escribir, y a veces él me dice lo que se le antoja como idea, pero el trabajo más importante que hacemos juntos es definir el porqué de una historia y de qué estamos hablando con ella.

Arturo Ripstein Photo Wikipedia

“Ripstein es un director que si yo le pregunto sobre el movimiento de la cámara me da razones que tienen que ver con la historia, y no técnicas. Yo entiendo argumentalmente su puesta en escena y para mí eso es muy gratificante, algo que no encontré con los otros directores con los cuales trabajé”, dice.

 

Pero eso no es todo, porque “yo casi siempre escribo con (Arturo) Ripstein y para Ripstein, y desde que empiezo le pregunto cómo ve a fulano para tal papel”, explica para referirse a la selección de los actores, una complicidad que también compartió con otras personas allegadas al set de filmación.

“Tuve una asistente cubana que hizo con nosotros como siete películas y viajaba constantemente de Cuba a México para trabajar con nosotros, y uno de los ejercicios que hacía con ella era preguntarle quién sería el actor que encarnaría la historia que escribía, y en la mayoría de los casos atinó en sus respuestas”, recuerda Alicia Garciadiego.

“En el caso mío, escribo las narraciones pensando en el actor que encarnará la historia. A casi todos los actores de casting los conozco y los que me gustan como actúan, me fijo en ellos y trato de seguir su tono de voz, inflexiones y físico, de modo que sean los protagonistas”, dice.

Sin embargo, su mayor privilegio no radica en tener un fino oído o ser la guionista de un proyecto cinematográfico, sino ser la esposa del director, lo cual le permite ir todos los días al estudio y no padecer del síndrome que sufren sus colegas.

“Los guionistas siempre se quejan de que los directores le secuestran a su criatura, hacen sus arreglos y al final la historia no es como ellos la escribieron; sin embargo, cuando uno está en el set es partícipe y por lo tanto cómplice de cualquier cambio, por tanto, no te arrebatan a la criatura, al contrario, la ves desde adentro”.

“El Coronel” de Alicia

Contar una historia con imágenes y sentido narrativo son los principales ingredientes de Alicia, para lograr un buen guión cinematográfico, en el que la principal atracción no está en los personajes ni en los mensajes, sino en la forma en que narramos.

Muestra de ello es “El coronel no tiene quien le escriba”, una de sus obras más conocidas, basada en la novela homónima (1961) del fallecido Premio Nobel de Literatura (1982) Gabriel García Márquez.

“Todos siempre nos acordamos de su trama: un hombre que va a recibir una carta. Pero en el cine uno no puede poner los 20 años de esa espera en un muelle, por ello paralelamente se desarrollan otras historias, que yo quise adaptar a México, decisión que en Colombia todavía no me perdonan”, comenta.

“Habían – cuenta – muchas cosas como las diferencias políticas entre liberales y conservadores que no me importaba reflejar, porque en México no tenemos ese pleito desde los años 40 del pasado siglo”.

No obstante, “cuando empecé a escribir la adaptación del guión, me di cuenta que había una historia soterrada en la novela de García Márquez: una pareja de viejos que perdieron a un hijo y tienen su cadáver en el medio de los dos para ver quién traiciona primero al otro muriéndose”, recuerda.

“Y esa historia de amor vetusto era la que me interesaba contar, por eso me enfoqué en ella porque funcionaba más para el cine, en tanto permitió crear más personajes”, explica la también guionista de importantes películas como “Profundo carmesí” y “Así es la vida”, relatos que se nutren de su imaginación, de hechos de la vida real o de adaptaciones de célebres textos literarios.

Para Alicia es central el papel del guión en una película, “porque él inventa la historia, los personajes y lo que dicen; pero también, en qué lugar expresan sus criterios”.

En pocas palabras, “el guión es el instrumento de venta” que, en el caso de las adaptaciones, “casi el 90% del original lo convierto en carne molida y después le doy la forma de albóndiga, que a mi criterio, la película necesita”.

Sobre el tema, afirma sentirse más cómoda con los guiones originales, porque “cuándo pienso en una historia para el cine sé de antemano el largo, los requerimientos; pero cuando adapto una novela, muchas veces es difícil encasillarla en el cine como me sucedió con una del Premio Nobel de Literatura (1988), el egipcio Naguib Mahfuz.”  “Su obra era magnífica, preciosa, pero estaba tan bien armada que si le quitaba algún episodio se me caía el edificio de la estructura narrativa; sin embargo, era muy difícil meter 500 páginas en una cinta, con una cultura diferente a la nuestra”, precisa.

“Cuando yo adapto una novela para cine le arranco el nombre del autor y la convierto en mía, es el caso de la cual decidí escribir y filmar en México porque yo no soy colombiana. Mi familia es de Veracruz, del trópico, por eso decidí empezar la trama describiendo el puerto de mi abuela.

Foto: Prensa Latina

“Desde ese momento la película fue mía, ya que uno tiene una sola lealtad: que la película salga bien, porque la novela está ahí y nadie le hará daño”, sentencia Garciadiego.

Al indagar sobre el séptimo arte mexicano, dice que este goza de la mejor salud que nunca tuvo, “porque el cine de la época de oro inventaba el México que muchos deseaban que fuera y no éramos.

“Era un México – agrega – que, si se portaba bien, nos convertíamos en primer mundo. Pero en verdad, ese México nunca existió, aunque nos portáramos bien o mal. El chiste es hablar del México que existe, y no del que creímos que podíamos ser”.

Afirma categóricamente que los temas en el cine no se agotaron, solo piensa “que los grandes estudios de Hollywood cayeron en manos de jovencillos que estudiaron administración de empresa y no quieren arriesgar nada, entonces empezaron hacer remake y cosas que están aprobadas por el público y la taquilla. Afortunadamente en nuestros países las historias no se agotaron, por eso tenemos un cine que ya quisiera Hollywood tener”. (PL)

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