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Graffiti en Londres, la protesta está en los muros

Son obras de arte pero no se exponen en ninguna galería. Son críticas que gritan en silencio desde cualquier pared, puerta o persiana de la ciudad. Son batallas que utilizan como armas un spray y mucha creatividad.

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Benjamin Serra

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De hace unos años la capital de Inglaterra puede presumir de tener en sus calles algunas de las obras más importantes de arte urbano en todo el mundo convirtiéndolas en otro punto de atracción.

Sólo hay que recorrer el denominado East End de la ciudad, Hackney, Shoreditch, Bricklane o Bethnal Green para poder encontrar verdaderas obras de arte en la calle.

Los culpables son grafiteros que han adquirido fama por su original estilo, aunque algunos se mantengan en el anonimato. Unos sólo quieren decorar. Otros protestan de este modo.

Aunque la moda de los graffitis empezó en los años setenta y ochenta, fue en los 90, y ahora en los primeros años del siglo XXI, cuando Banksy, un artista callejero anónimo, comenzó a dejar su huella en los muros de la ciudad.

A pesar de que se desconocen detalles de su vida personal y su identidad, se cree que es de Bristol y que ronda la treintena.

Pero lo verdaderamente importante es aquello que trasmite con sus obras. Pinturas satíricas y críticas sociales sobre la cultura pop, la globalización, las autoridades, la sociedad actual y la moralidad.

De hecho, algunos de sus graffitis más conocidos hacen referencia a estos aspectos. Dos policías ingleses besándose (Brighton, 2005), un guardia real orinando en una pared (Londres, 2004) o dos niños jugando con un cartel de ‘No ball games’ (Londres, 2009).

Desgraciadamente, ya no es tan fácil localizar algunas de estas míticas obras porque quizás por desconocimiento sobre su valor, por desprecio hacia ellas o por labores de mantenimiento y limpieza, muchas han sido eliminadas. Por esta razón, es difícil determinar qué obras permanecen intactas en un callejón o cuáles conoceremos únicamente gracias a fotografías.

Sin embargo, lo que unos consideran garabatos que hay que eliminar, otros tratan como piezas de coleccionismo.

De hecho, una de las últimas obras del artista que mostraba a un niño asiático confeccionando banderas del Reino Unido como crítica a la celebración del Jubileo de la Reina Isabel y que se encontraba en el distrito de Haringey, ha desaparecido de la pared en la que se encontraba.

Lo cierto es que éste se subastará en Miami por un precio entre 500.000 y 700.000 dólares.

Ello no ha gustado a los vecinos de la zona, que presumían de tener una de las pinturas del famoso graffitero, al que algunos han acusado de haberse vendido, por haber trabajado para empresas como MTV, Puma o la organización Greenpeace.

King Robbo es uno de los maestros del graffiti contrario a Banksy.

En 2009, se estableció una batalla entre ambos cuando el artista anónimo pintó sobre uno de los dibujos deteriorados de Robbo. A partir de entonces, los partidarios de éste atacaron algunas de las obras de Banksy. Sin embargo, actualmente, el artista callejero se encuentra en coma debido a un accidente y Banksy puso fin a la batalla, dedicándole uno de sus graffitis.

Estilos inconfundibles

Muchos de estos artistas son reconocidos por sus estilos intransferibles. Es el caso de Stik: diseños basados en muñecos de líneas simples e incluso infantiles, pero asombrosamente expresivos que decoran las calles de Shoreditch.

Una pareja formada por una mujer musulmana y un hombre occidental (Princelet Street), dos muñecos gritándose (Grimsby Street), un hombre mirando a una de las cámaras de seguridad de las calles de Londres (Hanbury Street) o la escena de un niño viendo como un hombre duerme plasmada en la persiana de un comercio (Turville Street), son algunas de sus obras más representativas.

La importancia de estos artistas no sólo es apreciada por los críticos o la propia comunidad, sino que también algunos políticos han llegado a presumir de contar con algunas de sus obras en las calles de la ciudad.

Es el caso de David Cameron, quien regaló al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una imagen con una de las pinturas del graffitero Eine.

Se trataba de la obra “Twenty First Century City”, que al igual que la mayoría de las obras de Ben Eine, se caracteriza por utilizar letras utilizando distintas tipografías.

En la calle, esta idea se traslada plasmando mensajes de gran tamaño como “Change” (Old Street), “Power Up” (Hackney Road) o las persianas de Middlesex Street con las enormes letras del abecedario.

Y aunque cada uno tiene un estilo propio y muy definido, todos estos artistas urbanos tienen algo en común. Son una protesta en la pared. Una crítica a color. Un discurso a la vista de todos.

Un arte efímero o un arte duradero. Todo depende. Puede que el graffiti que quiera ver mañana ya haya desaparecido. Pero con toda seguridad habrá una nueva obra de arte a su alcance que habrá surgido durante la noche dos calles más allá.

(Fotos: Puxabay)

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