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Leyendo acerca de Wittgenstein

Wittgenstein fue tan asombrosamente original en su pensamiento como lo fue en su vida personal y una nueva publicación lo hace de forma abundante y cariñosa.

 

Wittgenstein Gravestone Photograph © Andrew Dunn

Sean Sheehan

 

Un “Retratos de Wittgenstein” de dos volúmenes se publicó por primera vez en 1999, pero a un precio que solo las bibliotecas podían pagar. Ahora hay una nueva edición abreviada y en rústica y cualquier persona curiosa para saber más sobre la vida de Ludwig Wittgenstein necesita leerla.

El libro reúne todos los recuerdos importantes de Wittgenstein escritos por personas que se toparon con él durante su vida.

Abarcan desde importantes filósofos, eruditos y estudiantes en Cambridge donde enseñó durante dos períodos de tiempo, y amigos y compañeros de trabajo que lo conocieron y nunca olvidaron la impresión que les causó.

Wittgenstein era intensamente serio acerca de lo que le importaba y, en general, era indiferente a todo lo demás; él era un genio, un santo secular, pero difícil de acercársele.

Mantuvo ciertos principios con la convicción de un profeta, pero en su vida personal estaba lleno de ansiedades, dudas y autoacusaciones.

Estaba solo pero ansiaba el aislamiento, abandonando sus primeros estudios, y más tarde su prestigioso puesto de Profesor de Filosofía en Cambridge, para ir a vivir a lugares remotos de Noruega e Irlanda.

Su primera visita a Irlanda fue con amigos y remaron a través de un puerto cuando observaron a una familia en la orilla haciendo heno en los campos cercanos. Wittgenstein estaba avergonzado e insistió en regresar: “Estas personas están trabajando y no está bien que nos quedemos de vacaciones frente a ellos”.

Muchos de sus amigos eran marxistas y tuvo muchas discusiones con varios de ellos. En la década de 1930, se sintió fuertemente atraído por el estilo de vida soviético y solicitó a la Embajada soviética en Londres que fuera a vivir allí, no como académico sino como trabajador manual o tal vez para dedicarse a la medicina.

Más tarde, se sintió conmovido por la resistencia que el Ejército Rojo estaba formando contra Hitler en el frente oriental: “Los rusos pueden ser derrotados”, comentó en 1942-3, “pero han dado un ejemplo al mundo que nunca será olvidado”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, se desempeñó como portero del hospital Guy’s Hospital y hay dos cartas que le escribió a alguien allí que le gustó.

Son cariñosas en su tono y reflejan la franqueza con la que se preocupó de los demás.

Uno de los muchos recuerdos reveladores es el de la mujer que le enseñó ruso, alguien que sintió su extraordinario carácter y compromiso: “Dejó de tratar de encajar, excepto en la forma más superficial, con las formas de vida, costumbres y tendencias existentes.

Descartó todo lo superfluo y trivial, todas las cosas materiales que crean confort o alivio, toda pretensión y adaptación…” Lo que se ve tan fuertemente en estos recuerdos y reminiscencias es lo amado y admirado que era por aquellos que desde diferentes ámbitos de la vida, tuvieron la oportunidad de llegar a conocerlo. Este libro es un tributo a su vida y carácter.

“Retratos de Wittgenstein”, editado por F. A. Flowers e Ian Ground, es publicado por Bloomsbury.

(Traducido por Aarón De Los Santos Nogales)

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