Globo, Latinoamérica, Reino Unido

Empleo en América Latina vs. redistribución de la tierra

El desempleo en la región aumentó por tercer año consecutivo en 2017, con los cual resultaron afectados más de 26 millones de personas, de acuerdo con un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

 

Masiel Fernández Bolaños

 

La Habana (PL) Disminuir la desocupación y aumentar la calidad del empleo son desafíos para América Latina y el Caribe, en aras de fomentar el progreso social y económico y lograr modelos de desarrollo más sostenido, inclusivo y sostenible.

A propósito de la 19 Reunión Regional Americana (RRA) de la OIT, que tendrá lugar del 2 al 5 de octubre en Panamá -la primera de su tipo en Centroamérica-, Prensa Latina intercambió con Guillermo Andrés Alpízar, investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y miembro asociado de la Academia de Ciencias de Cuba.

Entre los principales temas de la RRA estará el desafío del trabajo decente en el continente, particularmente en América Latina y el Caribe. ¿Cómo observa el comportamiento del segmento laboral en nuestra región, una de las más desiguales del planeta?

Durante los últimos años la región experimentó un tránsito de la bonanza a la crisis y, aunque en 2017 se recuperó el crecimiento económico, aún sigue predominando una baja expansión del Producto Interno Bruto (PIB) y amenazas de regresar a la recesión.

Este comportamiento, explicado esencialmente por la desfavorable evolución de los principales mercados de exportación, así como por la dinámica de los flujos de entrada capital -entre estos por la caída de la inversión extranjera directa recibida- dejó una huella sobre el mercado de trabajo regional.

En unas breves cifras que publicó recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se percibe la magnitud del impacto: en 2017 la tasa de desempleo urbano ascendió al 9,3%.

Esto es sin tomar en cuenta la situación de la población rural, usualmente en peores condiciones, ni a quienes se suele llamar como ‘desalentados’, o sea, personas que declaran que no están interesadas en trabajar.

Con dicho resultado, se produjo una regresión -llamémosle así- de más de una década en cuanto al comportamiento de este indicador.

Si analizamos esta estadística con un poco más de detenimiento, llama la atención la situación particular de Brasil, un país de mucho peso en la región que entró en un clima de inestabilidad económica, política y social. Durante el primer trimestre de 2018 un examen de la situación de 20 áreas metropolitanas mostró que el desempleo afectó al 14,8% de la población económicamente activa. A lo interno de los promedios, también se ocultan profundas disparidades sociales que muchas veces pasan desapercibidas cuando se analizan las estadísticas más generales.

Mencionemos dos ejemplos: a la mujer latinoamericana, junto a la doble responsabilidad que asume en el trabajo y en la casa, junto a otros problemas que la aquejan, como el pago en ocasiones de un salario inferior a los hombres por realizar igual labor, también se le hace más difícil encontrar un empleo.

De ahí que la tasa de desempleo que presentan las mujeres siempre sea superior al promedio regional.

Por otra parte, existe una masa considerable de jóvenes que se ve impelida a trabajar y, aunque resulte chocante, se calcula que el desempleo afecta a cerca de la quinta parte del total de la población en edades entre 15 y 24 años.

Ambos casos ponen de manifiesto las grandes deudas sociales que subsisten en la región, donde la crisis, manejada con recetas neoliberales, solo ha contribuido a exacerbar viejos problemas estructurales que existían previamente, y que en el mundo del trabajo se refleja en la forma de empleos precarios o una alta informalidad.

¿Qué considera que se puede hacer a nivel regional para lograr modelos de crecimiento más sostenido, inclusivo y sostenible, con más y mejores empleos para futuro?

Si partimos de la actual coyuntura, en la medida en que las condiciones económicas se hacen más difíciles se crea el caldo de cultivo para precarizar las condiciones laborales, con el consiguiente efecto negativo en la vida de millones de trabajadores que dependen de sus salarios.

Para entender la magnitud de lo que esto representa, tomemos en consideración que, según cálculos de la Cepal, en la región aproximadamente el 80% del ingreso de los hogares proviene de las entradas laborales.

En el terreno de la política económica la situación es bastante singular, pues la región se enfrenta a una situación de crisis, y en vez de optar por un incremento del gasto social como vía para compensar los efectos negativos de esta, se ha embarcado en una incierta travesía hacia el ajuste, un proceso también llamado de ‘consolidación fiscal’.

A una situación de por sí es bastante compleja, hay que agregarle otra variable clave a mediano y largo plazos: la actual revolución industrial.

Al hablar sobre el futuro del empleo en la región hay que tomar en cuenta los posibles impactos del cambio tecnológico que serán provocados por la creciente robotización de la actividad manufacturera, y la sustitución del trabajo humano por el de máquinas. No se trata de ciencia ficción, sino de problemas muy reales.

Esto implica un riesgo creciente para el empleo en la región, ya se están empezando a realizar cálculos de los posibles impactos y las cifras son alarmantes. Acorde con estimaciones del Banco Mundial, aproximadamente el 64% del empleo en Argentina es susceptible de ser automatizado, al igual que el 69% del empleo en Ecuador.

El diálogo social es considerado esencial para fomentar el progreso social y económico, ¿de qué manera emplear esta herramienta para lograr la concreción efectiva de esos objetivos y el respeto de los derechos laborales?

En principio tiene que haber diálogo, pero también debemos estar claros que estamos en presencia de un conflicto redistributivo, donde se ponen de manifiesto intereses usualmente contrapuestos entre los obreros y sus empleadores.

Entonces, es importante considerar en cada momento cuáles son los resortes del poder que se mueven de un lado u otro, porque la experiencia de los años recientes lo que ha mostrado es un debilitamiento de la capacidad de respuesta de los trabajadores y una ofensiva de los dueños del capital, aunque esto no ocurre de forma homogénea en todos los países de la región.

También es importante tomar en cuenta que al hablar de variables como empleo y salario se va a una de las cuestiones clave para alcanzar la prosperidad en el largo plazo.
Se afianza un modelo de inserción en la economía internacional dependiente, que encierra a los países del área en un círculo vicioso de intercambio desventajoso, donde la oferta latinoamericana y caribeña está compuesta básicamente de insumos relativamente baratos, como materias primas o fuerza de trabajo mal pagada. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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