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Desperdicio de alimentos: no solo moralmente incorrecto

Mientras millones de personas sufren hambre extrema, un tercio de los alimentos para consumo humano producidos en el planeta, equivalente a mil 300 millones de toneladas, pasan a la categoría de desperdicios.

 

Silvia Martínez

Datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) indican que las tasas más altas de corresponden a frutas y hortalizas, raíces y tubérculos, entre 40% y 50% de la producción; cereales el 30%; y cárnicos, lácteos y productos marinos entre el 20% y 35%.

En la cadena de daños, de bienes producidos y no utilizados debidamente, están también las emisiones descontroladas de gases de efecto invernadero, las cuales a su vez repercuten en el calentamiento global y en el cambio climático.

Para José Graziano da Silva, director general de la FAO, es trascendental la mitigación de las pérdidas y el desperdicio de alimentos en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Debe ser una de nuestras mayores prioridades a la hora de tratar los impactos del cambio climático”, indicó en referencia al desgaste inútil de recursos naturales como la tierra y el agua para producir alimentos que al final nadie consume.

En su informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2018)”, la FAO advierte que por tercer año consecutivo aumentó el hambre en el mundo, que alcanza a casi 821 millones de personas, una de cada nueve de los habitantes del planeta.

Un fenómeno atribuible en esencia a los estragos causados por los conflictos y la violencia en muchas partes del mundo, la variabilidad del clima y la exposición a eventos climáticos extremos, entre otros factores.

Ese incremento de los subalimentados en el planeta en los últimos años constituye “una advertencia importante en cuanto a que no vamos por el buen camino para erradicar el hambre de aquí a 2030”, advirtió.

La FAO alerta reiteradamente que en el mundo se producen suficientes alimentos para dar de comer a todos, pero muchos se pierden en la cadena de suministros, desde la producción hasta el consumo final de los hogares.

El organismo internacional subraya que reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es crucial para garantizar sistemas alimentarios más productivos, con una mayor resiliencia y con un bajo nivel de emisiones, al igual que para impulsar acciones climáticas en el sector agrícola.

¿Dónde y por qué el desperdicio?

Los alimentos se dilapidan en toda la cadena de producción, distribución, procesamiento y consumo, con incidencia tanto en países subdesarrollados como en las naciones industrializadas, durante procesos y causas diferentes, pero también comunes.

En los primeros el derroche acontece básicamente en las etapas iniciales y en la fase intermedia de la cadena de suministros, marcado tanto por ausencia de tecnología y de conocimientos, como por los castigos constantes del cambio climático.

Mientras tanto, en las naciones ricas o de renta elevada, la dilapidación transcurre en la última etapa del proceso e incluso en momentos cuando todavía los alimentos son adecuados para el consumo humano.

En uno y otro por igual, sucede con cierta frecuencia que los cultivadores e intermediarios se abstienen de distribuir la cosecha para asegurar precios altos y hasta para cubrir al menos los costos de producción y transportación.

Distribuidores mayoristas y transportadores manejan también con regularidad, a su antojo, el flujo de oferta y demanda, el cual negocian frecuentemente con los minoristas.

Ello sucede también cuando el lugar de la cosecha o la producción está muy distante del mercado, lo cual encarece notablemente las mercancías y es más difícil para las personas de bajos ingresos acceder a ellas.

En tal sentido el incremento del papel de los sistemas alimentarios locales para acortar la cadena de suministros y venta, el llamado Cero Kilómetro, avanza en muchos países como una solución aplicable, en correspondencia con la disponibilidad de recursos en cada lugar.

Cero Kilómetro, además de propiciar la venta directa y un contacto más cercano con los consumidores, evita el desperdicio, los alimentos se consumen frescos y por tanto más saludables; elimina el intermediario, abarata los costos y favorece ingresos más justos a los productores directos.

En el ámbito de los hogares, los desperdicios se originan también, entre otras razones, por la falta de planificación al momento de hacer las compras; por el conocido “consumir antes de” en referencia a la fecha de vencimiento, más la actitud de determinadas personas que pueden darse el lujo de echar comida a la basura.

Educacion y sanción

Muchas son las propuestas para favorecer un uso más racional de los alimentos, desde la educación en los diferentes niveles de enseñanza, hasta la adopción de medidas contra quienes lucran con las pérdidas, por el desabastecimiento o el acaparamiento como maneras de manejar el mercado a su conveniencia.

En la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 23), la FAO presentó el estudio Ahorrar alimentos para mejorar el clima, el cual aborda la interrelación entre la pérdida y el desperdicio de comida y el cambio climático.

Ese documento apunta los principios esenciales para reducir-reutilizar-reciclar, y como principal variable hacer que la comida se quede en la propia cadena alimentaria, bien a través de donaciones e incluso de nuevos mercados cuando sea posible.

Dado el caso que los alimentos no cumplan los requisitos para uso humano, pueden ser destinados al ámbito animal, incluso reciclarlos a través del compostaje, para devolver al suelo los nutrientes o recuperar energía, como el biogás a partir de anaeróbicos.

Reciclaje o recuperación son preferibles a la incineración de alimentos no consumidos, mientras que el vertido clasifica como el último recurso, señala el texto. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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