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Alimentos 0KM: una revolución que favorece a todos

Se trata del Alimento Cero Kilómetro, una filosofía en la forma de producir y vender, de combinar placer y conocimiento al comer. Sus ventajas  para la salud ambiental y de las personas, favorecen el empleo, el ahorro de los consumidores y de los fondos públicos, pues implica ahorro de petróleo: el 35% de los costos en la distribución de los productos.

 

Silvia Martínez

 

Este filosofia 0KM –  o como también se le conoce KM0 – promueve alimentos ecológicos que como máximo, demoran un día en llegar al punto de venta o a la mesa, próximo al lugar de residencia, o recorre cuando más 100 kilómetros para preservar frescor y calidad.

La proximidad de la producción al consumidor significa un importante aporte para que se optimice el medioambiente y detener el cambio climático.

Esa iniciativa, impulsada por el gastrónomo italiano Carlo Petrini en 1986 en Bra, ciudad de la provincia de Cuneo, región de Piamonte de apenas 30 mil habitantes, dio paso al 0KM.

0KM está asociado a Slow Food (comida lenta), que pretende llamar la atención sobre la rapidez de la vida cotidiana actual, en la cual las personas apenas se sientan a la mesa y acuden con mayor frecuencia a la comida rápida.

Contra la tendencia a ‘convertirnos en un mundo de sabores universales, donde no se respeten las tradiciones de cada país, de cada región y aún de cada población’, ese movimiento se extendió paulatinamente por más de 150 países y acoge actualmente a cerca de 90 mil socios.

Más allá de comer por comer y de satisfacer una necesidad biológica, se trata de saber qué se consume, cuán natural y saludable es, y en particular apuesta ‘por salvaguardar tradiciones nacionales amenazadas por la invasión de comida rápida extranjera’, promover el desarrollo local sostenible y la armonía con el medio ambiente. Es un proyecto con un alcance tan universal que involucra a productores, familias y localidades u precisa de un apoyo gubernamental, institucional y una marcada intencionalidad de desarrollo sustentable.

Al tratarse de modalidades agrícolas y cultivos tradicionales, además diversos y con técnicas apropiadas en el manejo del ganado, asegura una explotación adecuada del suelo y disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero.

De igual modo al reducirse el uso de medios de transporte en el traslado de los productos, además del ahorro energético, mejora la calidad del aire al disminuir las Pm10, partículas de polvo generadas por los vehículos automotores, que por su fina textura superan los filtros nasales y provocan severos daños a la salud.

Con esta forma de venta directa es menor el uso de envases y embalajes, así como las pérdidas residuales por desechos en la cadena productiva, innecesariamente larga, máxime cuando involucra al transporte internacional, sumado al ahorro por concepto de almacenamiento y combustible. Los productores locales obtienen importantes beneficios que redundan en estímulos para lograr mejores, mayores y más variadas producciones pues accederían a un mercado al alcance de la mano y por tanto con mayores ingresos.

Ellos decidirían sobre los precios que por lo regular suelen ser más bajos al desaparecer los intermediarios y otros costos de la cadena hasta llegar a la venta al público.

Esa modalidad aporta al producto el sello particular de su procedencia, el cual, por lo regular, responde a una identidad familiar, modo de producción, origen, características nutricionales y otros aspectos que le atribuyen mayor aceptación entre los consumidores y aportan a su vez, valores agrícolas y tradicionales al territorio.
Lo cierto es que las compras a cero kilómetro reducen el desperdicio de alimentos en comparación con los sistemas tradicionales.

Así lo indica un análisis de la asociación de productores directos Coldiretti Apoyada en datos de 2017 del Instituto Superior para la Protección del Medio Ambiente y la Investigación (Ispra), la entidad italiana explicó que las pérdidas de alimentos de quienes compran en los sistemas agrícolas directos fluctúan entre el 15% y el 25%, frente al tradicional ubicado entre el 40% y 60%.

Quienes se abastecen Coldiretti, son más frescos y duran más, además de evitar la transportación por largas distancias, con la consecuente contaminación atmosférica causada por la combustión de los motores.

Datos comparativos de ese ente contrasta que un kilogramo (kg) de cerezas de Chile, para llegar a las mesas italianas debe recorrer casi 12 mil kilómetros con un consumo de 6,9 kg de petróleo y la emisión de 21,6 kg de dióxido de carbono.

Los principios sobre los que se sustenta la producción 0KM encajan con la economía circular.

Ambas modalidades se basan en producciones eficientes, con bajas emisiones de carbono, además de crear oportunidades de crecimiento y empleo, optimizar el uso de recursos energéticos y agua, tan necesarios en la agricultura, al tiempo de asegurar el reciclado y disminuir los residuos y pérdidas. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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