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Las novelas de Alan Garner perduran

El éxito al hacer juicios precisos y en discernir las consecuencias del desarrollo de la historia solo funciona desde el presente, mirar hacia atrás con la perspectiva permitida por la ojeada del “búho de Minerva” de Hegel. 

 

Sean Sheehan

 

Nadie podría haber previsto que la crisis bancaria de 2008 y los consiguientes regímenes de austeridad darían como resultado a Trump y al Brexit.

A veces, incluso el mirar hacia atrás no nos dice lo que nos gustaría saber.

Un testigo presencial de la ejecución pública del rey Carlos en 1949 escribió cómo “recuerdo bien, los entonces miles presentes produjeron un gran chillido”.

Lo que no podemos saber es si el chillido fue un suspiro general de alivio o de pena.

Aún, mi apuesta es que, en un nivel micro cultural, la ficción de J.K. Rowling se hundirá en las arenas de los tiempos inmemorables, mientras que otros trabajos de fantasía para jóvenes lectores se verán como un testimonio vital y longevo de lo que hace a algunos escritores mucho más vitales y potentes que otros.

Y uno de estos autores, como acuerdan los contribuidores de “First light”, será Alan Garner.

Neel Mukherjee recuerda haber leído el cuarteto de “The Stone Book quartet”  de Garner cuando tenía 12 años mientras crecía en Calcuta, y le pareció que el lenguaje era desconcertante, pero volvió a los libros una década después: “Están escritos con pasión y orgullo y amor… Y generan en el lector algo que se acerca a la euforia”.

Philip Pullman rinde homenaje a Garner por lo que aprendió de él sobre el arte de la narración.  Él también quiere saber, porque contrasta tanto con su propia educación itinerante, sobre el hecho de que Garner vivió toda su vida en una pequeña región de Gran Bretaña compartiendo su paisaje. Pullman se siente como un “extraño perpetuo” por comparación.

Para otro escritor, John Burnside, la lectura de “The Owl service” de Garner fue un momento especial de su vida. Él responde al tema de clase en la novela y se estremece por la forma en la que combina el realismo con lo irracional, haciendo del mundo pagano “algo inmediatamente emocional, psicológico y espiritual”.

EstoS son solo fragmentos de los contribuidores de “First light” y Eric Wagner se merece una enhorabuena por una antología que debería ayudar a crear más fans para las novelas de Alan Garner.

Un lector interesado podría empezar por “Where shall we run to?: A memoir”, las memorias de Garner de su infancia temprana en el pueblo de Alderley Edge en Cheshire.

En la escuela se lo veía como “un nenaza y malhumorado” pero sus pares le parecían de menor interés que ver a los gitanos de los que su familia compraba lotes de madera, o a su madre encendiendo el fuego o limpiando el porche de su casa.

Sus memorias son afectuosas, pero nunca estropeadas por el sentimentalismo; sufría de mala salud y casi murió de meningitis.  Cuando cuenta sobre su infancia que “no se la desearía a nadie, ni si quiera a mí mismo otra vez”, él manifiesta un hecho tal y como lo siente, no para provocar lastima a los lectores.

“First light”, editado por Eric Wagner, está publicado por Unbound.

“Where shall we run to?: A memoir”, de Alan Garner, es publicado por 4th Estate.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez)

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