Globo, Latinoamérica, Reino Unido

Narcotráfico y consumo personal: una ecuación peligrosa

Colombia es uno de los países más desiguales, en términos de distribución de riqueza, de América Latina.  Irónicamente, también es el principal productor de cocaína en el mundo y ahora crece el consumo personal. Este absurdo panorama no ha de cambiar si no combate la profunda inequidad social, única manera de liberarlos del negocio del narcotráfico, del cual se lucran muy pero muy pocos.

 

Foto: Wikimedia Commons

Tania Peña

 

Lo cierto es que – según el reciente informe de Naciones Unidas – los cultivos de coca en el país crecieron en 171 mil hectáreas en 2017, lo que representa un aumento del 17% en comparación con 2016. Y el año pasado se produjeron mil 379 toneladas de cocaína: 31% más que en 2016.

Para enfrentar tal escalada, el nuevo presidente de Colombia, Ivan Duque, fijó como meta de su gobierno reducir al menos 140 mil hectáreas de cultivos ilícitos. Para ello no ha dudado en favorecer el regreso de la aspersión con glifosato.

Sin embargo, dicha solución es cuestionada por diferentes sectores debido al daño que ocasiona esa fumigación aérea a las personas y el medio ambiente.

Lucía Ramírez Bolívar, investigadora de Justicia, se inclina por la sustitución voluntaria de cultivos como estrategia útil, si es acompañada de esfuerzos para mejorar las condiciones de vida en las regiones donde se cultiva coca.

Foto: Wikimedia Commons

De acuerdo con el Centro Internacional para el Estudio del Cáncer, IARC por sus siglas en inglés, el glifosato está incluido en la lista de sustancias probablemente cancerígenas. Y según dijo en 2008 la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA),  la aspersión aérea de cultivos en Colombia era una estrategia fallida. “Las hectáreas asperjadas no son sinónimo de erradicación”.

Consumo personal

Otro aspecto que Duque se ha propuesto a atacar es el consumo de drogas, que también crece, amparado en un mercado cada vez más amplio y diverso. La conclusión pertenece al Observatorio Nacional de Drogas, instancia gubernamental subordinada al Ministerio de Justicia que señala cómo al menos 520 mil estudiantes, cuyas edades están entre los 12 y los 18 años, han consumido drogas por lo menos una vez en su vida.

Esa cifra representa al 15,9% de los escolares del país entre el séptimo y onceno grados, y confirma cómo el consumo se convirtió en un problema de salud pública.

Foto: Wikimedia Commons

De las drogas ilegales, la marihuana encabeza la lista de las más fáciles de conseguir para los niños colombianos, con 37,3%; le siguen el basuco con 12,4%; la cocaína con 12%; los productos inhalables con 8,5% y el éxtasis con siete%.

A lo anterior se suma que en los últimos ocho años se han encontrado 32 nuevas sustancias en el país sudamericano, que consumen preferentemente los jóvenes.

Según investigaciones epidemiológicas de consumo, el mercado de drogas sintéticas en Colombia se expande y se diversifica. También se ha podido comprobar a través de las incautaciones y de los datos obtenidos en laboratorios.

Advierten las autoridades colombianas que conocer el impacto en la salud de tales sustancias puede tardar mucho tiempo.

En los laboratorios ilegales en los que las fabrican hacen mezclas de anestésicos, opioides y estimulantes, pero nadie sabe en realidad cuáles son los efectos de esas pastillas. Incluso, quienes las compran no saben qué están consumiendo, expresan con preocupación.

Foto: Pixabay

Para el médico e investigador José Norman Salazar, el panorama es desalentador, pues demuestra que los estudiantes cada vez están más cerca de acceder a este tipo de drogas.

El riesgo consiste en que los jóvenes “policonsumen”; es decir, pueden tomar varias drogas que mezcladas con alcohol intoxican y conducen a la muerte.

De los consumidores de sustancias psicoactivas en Colombia, el 87% compra marihuana.

El abuso del basuco se presenta, en su mayoría, en los estratos de bajos ingresos, mientras que existe una mayor proporción de consumidores de cocaína y éxtasis en los denominados estratos altos.

Martha Paredes, subdirectora de Análisis e Investigación del Ministerio de Justicia, expresa que los resultados siguen mostrando la tendencia al alza en el consumo y una reducción de brechas entre hombres y mujeres.

Por todo eso el tema ha estado entre las prioridades del presidente Ivan Duque: su propósito es desarticular las redes de suministro de estupefacientes.

Foto: Pixabay

Así, el pasado 1 de octubre entró en vigor un decreto que regula el porte de estupefacientes en los espacios públicos y permite a las autoridades “confiscar cualquier dosis que se encuentre en las calles”. Duque ha dicho que “habrá mano dura con los expendedores, con los que están contaminando a los niños en las afueras de los colegios”.

Lo cierto es que la confiscación de la dosis mínima en las calles ha causado polémica en diferentes sectores, que alegan que su porte para consumo está legalizado por la Corte Constitucional.

Para muchos, Duque ha optado por medidas que no resuelven el problema de fondo con complejas ramificaciones políticas, económicas y sociales.

Dicen unos que las medidas de presión no se enfocan en el consumidor de cierto nivel de privilegio socioeconómico, sino en el de estratos medios o bajos, y que  la prohibición fomenta el mercado negro. (PL)

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*