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El hombre en el castillo

La tercera temporada de “The man in the high castle” ha sido finalmente estrenada en Amazon Prime. Y es también decepcionante.

 

Foto: Vimeo Free photo

Steve Latham

 

Este enfoque de la influyente novela de Philip K. Dick comenzó bastante bien, con frecuentes conexiones reconocibles con el libro.

Pero a medida que ha avanzado y se ha alejado del original, este ha empeorado, hasta que ha llegado a convertirse en el típico thriller de televisión barata.

Comercializado de manera errónea como otro simple programa más sobre una ‘historia alternativa’, la producción pierde todo el alcance de la visión de la realidad multifacética paranoide de Dick.

En su lugar, los productores se han rendido a la narrativa consoladora del patriotismo estadounidense, y a la defensa de la democracia occidental.

La novela se basa en la idea de que las potencias del eje, Alemania y Japón, ganaron la Segunda Guerra Mundial, y que en realidad ocuparon los Estados Unidos. Los antiguos ciudadanos de los Estados Unidos se ven obligados a vivir una vida de adaptación con esta situación ignominiosa, colaborando para sobrevivir en este ambiente de inversión racial, como personas de segunda clase.

Sin embargo, en ninguna parte del libro hay signos de resistencia al imperio fascista (aunque existe un indicio de división interna dentro del propio régimen alemán).

Foto: Vimeo Free photo

No obstante, en la serie de televisión, la existencia de una ‘resistencia’ violenta es un tema importante. Es como si su espíritu nacional no pudiera soportar la idea de sumisión a una potencia extranjera.

El mito colectivo de la resistencia es un tropo importante para la autoestima de la Gestalt interna de los Estados Unidos, para la generación de la esperanza.

Concebida inicialmente antes de la elección del Presidente Trump, sería complicado leer las actuales divisiones políticas de Estados Unidos dentro de la producción.

De manera superficial, uno podría equiparar la resistencia con la progresiva oposición a su gobierno. Pero igualmente, esto podría relacionarse con su propia postura de ‘Hacer a América Grande Otra Vez’.

La decisión de los productores refleja más bien un compromiso más profundo con el excepcionalismo estadounidense, de acuerdo al cual Estados Unidos es necesariamente democrático en su esencia y nunca podría sucumbir al nazismo.

Foto: Wikimedia Commons

La serie sustituye aquí una filosofía unilineal de la historia, en el lugar de la confusión de Dick de innumerables posibilidades.

El hilo conductor de la trama en su novela es el libro dentro de otro libro, que muestra la guerra como después de haber sido ganada por los Aliados. Esta posibilidad intriga y da esperanza a la derrotada población estadounidense.

Además, se sugiere la idea de que esta podría ser la historia ‘real’, el resultado revelado por la técnica de adivinación china, el I Ching. No obstante, este futuro alternativo no es, sin embargo, nuestro; porque incluso aunque los Aliados vencieron, Pearl Harbour nunca se dio y el Imperio británico aún existe.

Alimentado por la adicción a las anfetaminas, llevándole a una enfermedad mental aguda, este intercambio de perspectivas fue fundamental para el estilo literario de Dick.

Fhoto: PxHere

Los finales de sus novelas son con frecuencia acelerados, ya que se propuso un conjunto sucesivo de diferentes explicaciones y que posteriormente se abandonó.

Convertido a la Iglesia episcopal, su fe estaba basada en el gnosticismo, creencia de un nivel más profundo de la realidad más allá de lo cotidiano, que puede intuirse en momentos de mayor conciencia.

Un místico a mediados del siglo XX, la perspectiva de Dick nos anima a arrojar luz a nuestra comprensión de la realidad, y a estar abiertos a la revelación del misterio.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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