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El luto se convierte en recuerdos

Brian Dillon, en Essayism, escribió con honestidad afectuosa sobre la depresión de la mediana edad y el valor terapéutico de la lectura. En un trabajo anterior, “In the dark room”, publicado por primera vez en 2005 y ahora disponible en una nueva edición inteligente, investiga de forma implacable y minuciosa su estado de ánimo tras la muerte de sus padres.

 

Judith Carlin. WikiCommons

Sean Sheehan

 

Tenía dieciséis años cuando su madre murió y cinco años después su padre sufrió un ataque fatal, dejando a Brian cruelmente despojado.

Era demasiado para un hombre hipersensible en la cúspide de la edad adulta y fue catapultado a un severo abatimiento y una consecuente ruptura. Etimológicamente, el término nostalgia proviene de dos antiguas palabras griegas, para el hogar y para el dolor, y la nostalgia puede aparecer en un cartel que señala hacia “In the dark room” (En el cuarto oscuro).

La génesis de esta memoria es la necesidad de Dillon de regresar a la seguridad de su vida familiar antes de quedar huérfano; la palabra alemana heimat, para la cual no hay una traducción simple, expresa mejor lo que encuentra perdido en su existencia…

Se aferra a algunos objetos de su vida antes del duelo, no como talismanes sino como fragmentos de una realidad vivida que de alguna manera ha sobrevivido de un pasado, por lo demás irrecuperable: “Es el hecho de que todavía están conmigo lo que importa”, y resume una historia corta de Borges (Funes the Memorious), un proyecto del artista y escritor estadounidense Joe Brainard y el trabajo de la artista inglesa Emma Kay, para dar credibilidad y peso a su comportamiento.

Los libros de la extensa biblioteca de su padre, por ejemplo, se guardan como un recordatorio y encarnación de “las formas en que he tratado de darle un patrón a su memoria”.

Él guarda un poema mawkish suyo, sobre niños ahogados en un accidente de navegación, debido a la forma en que éste alude a un aspecto de la vida emocional de su padre que desconocía.

Dillon cita a Chris Marker: “Nada cuenta recuerdos de momentos normales. Solo después estos reclaman el recuerdo, a causa de sus cicatrices”, y este libro se centra con atención, a veces de manera poco saludable, en las muchas cicatrices que tiene y que no puede eliminar.

En las profundidades de la desesperación, Dillon finalmente consulta a un médico y un terapeuta y el lento proceso de curación se pone en marcha.

Finalmente, encuentra la redención no a través de productos farmacéuticos, sino en su convicción descarada de que el duelo requiere dar voz a la pena de uno. El proceso comienza cuando escribe algunas palabras sobre algunas fotografías familiares y llega a su fin, con suerte para él, con la escritura de “In the dark room”.

La sensibilidad de Dillon parecerá morbosa a algunos lectores, y su relato sobre haber presenciado el cadáver de su madre en una morgue de Dublín en 1985, y luego la crónica desgarradora de su enfermedad, no es una lectura cómoda. Él disecciona tan implacablemente la infelicidad que terminar de leer este libro puede traer alivio, similar a respirar aire fresco después de escapar de un sueño inquietante y claustrofóbico.

“In the dark room”, de Brian Dillon, es publicado por Fitzcarraldo Editions.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín)

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