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Anatomía de una neurosis

El lector de “Die, my love” sólo necesita la prosa inicial del primer capítulo o del segundo para saber que esta novela corta no será una lectura perezosa.

 

Foto: Wikimedia Commons

Sean Sheehan

 

La primera frase es impactante y característica del lenguaje de un relato: “Me tumbé en el césped entre árboles caídos y sentía el sol en la palma de mi mano como un cuchillo que podría usar para desangrarme con un corte rápido en la yugular”.

La narradora es una mujer luchadora y no va a dejar que usted lo olvide, pero lo que podría ser una mera malicia muy cargada por su parte, comienza a fracturarse en algo mucho más inquietante.

La mujer está casada con un niño pequeño al que cuidar, pero ella alberga pensamientos oscuros y asesinos.

Su marido (“me acostumbré a llamarlo así”) tiene un pasatiempo astronómico, el cual él intenta compartir, pero esto sólo hace que ella sienta lo mucho que le gustaría ser una pasajera en una misión espacial, observando cómo la Tierra se hace más pequeña.

Otro hombre, que vive a unas pocas millas de distancia y pasa por su casa en la ida y vuelta al trabajo, está al parecer obsesionado con ella, pero el narrador sólo le da voz – “Ahora estoy  hablando de él”- y sospechamos que su interés por ella puede ser una invención de la propia imaginación férvida de esta última.

Ariana Harwicz. Foto: Freddy Eduardo

Su descontento con la vida se intensifica y deniega con desdeño muchas de las normas de la vida de casada hasta el punto en el que su psique resulta dañada y se desarrollan tendencias psicópatas.

El lado sexual de su matrimonio se vuelve desquiciado y la felicidad erótica es reservada para las fantasías adúlteras –si es que son fantasías y no reales en parte.

Existen demonios que ella no puede controlar y su estabilidad mental está sometida a presiones que le dejan sentir poco amor maternal por su hijo.

Ella habla -usando una típica imagen de su lengua incisiva- de cómo se ha levantado la hoja de la guillotina, pero que nadie puede ver que está a punto de caer. Aunque ella sí que puede verla caer, y así, el lector también.

Las relaciones con su marido se deterioran y él comenta que escucharla hablar es como escuchar la alarma de un coche que no cesa.

Su vida sexual es lamentable: “cada vez que mi esposo me jode, parpadeo y es como si hubieran abatido un árbol”.

Siempre es complicado diferenciar entre su voz privada –que es lo único que oímos- y el estado objetivo de las opiniones de otras personas cuando habla de ellas o para ellas.

“Die, my love” es un relato inexorablemente sombrío sobre un matrimonio que se aproxima al punto de quiebre – “vomité nuestros diez años como pareja por toda la mesa, la silla y el sofá”-, y sin control alguno. Fue publicado por primera vez en Argentina como “Mátate, amor” y se ha publicado ahora en una traducción al inglés muy elogiada.

“Die, my love”, de Ariana Harwicz, traducido por Sarah Moses y Caroline Orloff, es una publicación de Charo Press.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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