Globo, Latinoamérica

Desigualdad en Latinoamérica: un enemigo difícil de vencer

Existe una cultura del privilegio, donde la desigualdad, la corrupción, la impunidad, la evasión fiscal, la elusión fiscal, el manejo de los intereses y la segregación territorial se han normalizado.

 

Ivette Fernández Sosa

 

 

De acuerdo con reportes recientemente emitidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en América Latina y el Caribe casi 40 millones de personas viven subalimentadas, lo cual ha llevado a las autoridades a estimar que la lucha contra la inanición en el territorio no muestra progresos.

“En la región estamos estancados en la lucha contra el hambre. En 2014, afectaba a 38,5 millones y en 2017 superó los 39 millones”, reveló el representante regional de la FAO, Julio Berdegué.

Igualmente en América Latina el índice de inseguridad alimentaria grave saltó de 7,6% en 2016, a 9,8% en 2017. Aparejado a esto, la prolongada sequía que golpeó durante la última década al territorio redujo significativamente la producción agrícola, con pérdidas estimadas entre el 50 y el 90% de las cosechas.

“Más de 3,6 millones de personas necesitaron ayuda humanitaria como resultado de esta sequía”, dice la FAO.

Según reveló un informe conjunto de la Cepal y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la región está perdiendo su riqueza natural con el deterioro ambiental que provoca el actual estilo de desarrollo.

Por ello, estimaron estas organizaciones, resulta urgente una transición hacia un modelo más sostenible, tanto desde el punto de vista del medio ambiente como laboral.

Hacia 2030, indica el informe, se proyecta que la transición hacia la sostenibilidad energética será capaz de crear más de un millón de empleos en América Latina y el Caribe.

Mientras que un tránsito hacia a una economía circular, “en la que se mejora la eficiencia y la vida útil de los materiales al promover la durabilidad y la capacidad de reparación, remanufactura, reutilización y reciclaje”, generaría 4,8 millones de puestos de trabajo netos para esa fecha.

“La creación de puestos laborales en sectores de reprocesamiento de acero, aluminio, madera y otros metales compensará con creces las pérdidas asociadas a la extracción de minerales y otras materias”, añade la publicación.

El establecimiento de “políticas que apunten hacia la sostenibilidad medioambiental deben ir acompañadas de marcos jurídicos integrados y de políticas de protección social, de desarrollo de competencias y de igualdad de género, que promuevan el diálogo social”, establecieron además las instancias de la ONU.

No obstante las estimaciones futuras, el menor crecimiento esperado para las economías de América Latina este año llevó a elevar la previsión de desempleo.

Según se desprende del mismo informe, los números de este año se asemejarán a los obtenidos en el periodo precedente en relación a la desocupación, cuando alcanzó su mayor tasa en 12 años.

Y es que los nacientes retos en el ámbito laboral, sumado a los perjuicios que a la región impone el cambio climático, introducen nuevos desafíos a los viejos que aún no hallan solución.

La Cepal, que a finales del año pasado dictaminó un crecimiento en la región de 2,2% para el año que casi culmina, lo revisó a la baja en fechas recientes a 1,3 puntos porcentuales mientras que para 2019 se espera una expansión del 1,8%. Un riesgo que subsiste para las economías emergentes en general y, dentro de estas, para América Latina y el Caribe en particular, es el de un mayor deterioro del ambiente financiero internacional.

Además las tensiones comerciales suponen un riesgo no solo para el volumen de comercio global y la tasa de crecimiento del mundo a mediano plazo, sino también para los precios de las materias primas y para las propias condiciones financieras.

Como estableció la Cepal, América Latina y el Caribe no está exenta de los perjuicios económicos y comerciales a los que se enfrenta el resto del mundo, la intensificación de sanciones por parte de Washington contra varias naciones y la volatilidad de los precios de los hidrocarburos.

De acuerdo con un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la tasa de expansión parece haber tocado máximos en algunas naciones por lo que, durante este año, se revisaron a la baja los pronósticos para 2018 y 2019 de las principales economías del mundo, entre las que se hallan Japón y países europeos.

A juzgar por recientes investigaciones del Banco Mundial (BM), la desaceleración en el crecimiento se atribuye a las turbulencias de mercado que experimenta Argentina desde abril y el decrecimiento de los principales indicadores de Brasil, sumado a un entorno externo desfavorable, entre otros factores.

Como parte de las recomendaciones que realiza el BM está la necesidad de impulsar la inversión, promover un aumento en la tasa de ahorro y exportaciones, y priorizar los gastos asociados a la educación.

Como revelara la directiva de la Cepal, “desde la perspectiva económica crecemos poco, desde la perspectiva social son las enormes desigualdades, incluyendo las de género, donde las mujeres tienen mejor educación que los hombres y ganan 30% menos en equivalencia de estudios y en tipo de trabajo”. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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