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Lección práctica #4: Cómo ser un activista

Nuestra parte de Londres se encuentra atrapada entre la estación de Kings Cross al norte y el nuevo centro de tránsito alrededor de la estación de Farringdon, al sur.

 

Ice Wharf / King’s Cross. Foto George Rex. Flickr bit.ly/2E8nEGk

Steve Latham

 

Kings Cross ha sido ‘regenerado’ mediante inyecciones masivas de inversiones, con la construcción de enormes bloques de oficinas, incluida la nueva sede central europea de Google.

Los precios de la propiedad, sin embargo, también han aumentado, forzando a los habitantes locales a abandonar la zona. Pero, aun así, el vecindario es más agradable, con sus paseos entre fuentes y escuelas de Bellas Artes.

Otra ola de gentrificación y desarrollo urbano se eleva desde el sur. Nos están estrujando en este movimiento de pinza de enriquecimiento y aburguesamiento.

Los beneficios aparentes, un paisaje urbano más atractivo y nuevos apartamentos, en realidad producen una invasión de la clase media o alta sobre las comunidades de clase obrera.

Tampoco es que idealice la época previa, con su pobreza y su crimen. De hecho, todavía perdura mucho de ella.

La prostitución continúa, ahora en apartamentos y no en la calle: paradójicamente más peligroso para las chicas, ya que cualquier tipo de violencia pasa desapercibida de puertas para adentro.

Foto Wikipedia

Las adicciones también son visibles: el alcohol, y ahora la droga Spice, un ‘chute’ barato que deja a sus consumidores comatosos durante horas.

Los hostales ‘húmedos’ de la zona también atraen a la gente vulnerable a estas calles. Al contrario que en los hostales ‘secos’, en estos lugares los adictos que no quieren rehabilitarse pueden alojarse, incluso estando drogados.

El impacto casi hace que yo mismo de la bienvenida a la súper gentrificación de la zona; hasta esto apenas desplaza los problemas sociales a otros lugares.

La situación está agravada porque es una zona intermedia, en el margen entre dos barrios y de la cual ninguno de los dos se hace responsable.

Este verano tuvimos un campamento en nuestra plaza, tráfico de drogas y prostitución al aire libre. Esta semana parece una ocupación enemiga.

Montones de personas callejeras circulan alrededor de nuestros portales, esperando a su camello: muy diferente del sonido bohemio de la canción de Lou Reed “Waiting for my man” (“Esperando a mi hombre”).

Foto Wikimedia Commons

No es tan malo como ‘Cracolandia’, en Sao Paulo (la cual he visitado), donde los adictos viven permanentemente en unas pocas calles, pero es bastante malo.

Mi ansiedad y antipatía cuando me encuentro con estos dañados individuos hace que me sienta culpable, pues abandono mi conciencia liberal, bien elaborada y bien intencionada.

Dirigimos un centro  para ayudar a personas sin hogar. Pero pronto descubrimos que incluso aquí existe un sistema de clases: los respetables y los  no respetables. Solo los primeros acceden a nuestros servicios.

Por ello, para afrontar los problemas, estamos intentando unir a los grupos del vecindario. Esto requiere un delicado equilibrio entre aquellos que quieren medidas sancionadoras contra los adictos y aquellos que favorecen un enfoque terapéutico.

Además, muchos pequeños empresarios locales se muestran reacios a unirse. Simplemente quieren ganar su dinero e irse. No existe preocupación por el bien común.

Foto Wikimedia Commons

Tal miopía comunitaria es normal en zonas en declive. Irónicamente no ven que podrían ganar más dinero si la zona mejorase.

Entonces, qué hay que hacer: ¿enfrentar la regeneración dirigida por el sector empresarial por un lado y la intensa carencia urbana por el otro?

Para los depresivos como yo, un voto de confianza. Como dijo Martin Luther: “Si el mundo fuera a terminar mañana, hoy plantaría un manzano”.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com)

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