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Cuarenta años de ‘Goce pagano’

Hace 4 décadas, en diciembre de 1978, se abrió uno de los lugares de ‘rumba para salsa y libertad’ más originales de Colombia. Uno de sus fundadores, Juan Gaviria, el periodista Petrit Baquero, y la socióloga y promotora artística, Berta Quintero, hacen un recorrido en su memoria y en este escrito suyo cuentan a los lectores un poco de historia de este original ‘goce’.

 

Cesar “Pagano” Villegas, Juan Gaviria, Berta Quintero, Rubén Blades, Bomberito Zarzuela & Sigifredo Farfán. 1981.

Juan Gaviria, Petrit Baquero & Berta Quintero

 

La ‘salsoteca’ la abrieron allí, en pleno centro, en la carrera 13ª con calle 24, en un entorno de prostitución y malandrines.

La importancia que tiene celebrar estas cuatro décadas es que el Goce Pagano en su momento significó un hito cultural en el campo de la música, el baile, la cultura rumbera, la crítica musical, la literatura, las relaciones sociales especialmente en la valoración de la mujer, la cultura afro y la participación cultural y política de diversos grupos sociales.

Gozar la salsa

La salsoteca el Goce Pagano se montó sobre la ola musical que recibió el sabor y nombre de salsa en la cocina sonora de Nueva York que recogió la música cubana, pero también la puertorriqueña, panameña, venezolana, colombiana, dominicana, brasilera y norteamericana. El aporte cultural europeo, principalmente español con el de los negros africanos esclavizados sumado al de los criollos de la isla y sus inmigrantes latinoamericanos y del lejano, oriente permitieron el florecimiento de una vibrante expresión musical que a mediados del siglo veinte presentó sus mejores aportes bajo el nombre de salsa.

En su puesta en escena el carácter rural latinoamericano del Goce Pagano se expresó en el son guajiro de los viejos septetos, y en las letras de Tite Curet Alonso, en las diez fotografías de chocoanas de Jaime Londoño y en la máscara de la diablada boliviana que presidió sus fiestas paganas.

Juan Gaviria, César Villegas, & Gustavo Bustamante. 2018

Los colores azul y amarillo que evoca un taller de mecánica marcaron el carácter urbano con los dibujos de músicos niches pintados por el entonces un niño, Camilo Villegas.

La música clásica y colombiana del interior se expresó con elegancia en los tres conciertos que dio allí la pianista Teresita Gómez. Tocaron allí el naciente Son del pueblo y su música solidaria con múltiples causas justas y fue sitio de ensayos del Grupo Niche antes de que fuera conocido. En el Goce inició la carrera de crítico musical César Pagano quien entrevistó a muchos de los salseros (entre ellos Celia Cruz, Daniel Santos, los hermanos Palmieri, Rubén Blades) que pasaron por Bogotá.

Literatura crítica

En la literatura el Goce “enseñó a leer” a toda una generación de bogotanos de una manera distinta a la del texto educativo y político dominante. Con un concepto editorial ideado y mantenido durante cuarenta años por Gustavo Bustamante, “Los papeles del Goce” son una muy valiosa muestra de literatura y ensayo político, social y cultural. “Los papeles del Goce” también fueron un espacio para nuevas figuras y el libro Primero estaba el mar, de Tomás González, antes de que fuera un best seller apareció primero como uno de esos papeles.

Foto de Jaime Londoño

Esta tarea fue reconocida por grandes escritores del boom latinoamericano  como Jorge Amado que le vendió a “Los papeles del Goce” sus derechos por un dólar para que no quedaran como piratas y por García Márquez que conoció la iniciativa en su visita al Goce dela 74 en 1983.

Otra rumba

El Goce marcó diferencias en la rumba bogotana. Un grupo de mujeres, entre las que sobresalen Berta Quintero y Marta Arenas dejaron en claro que las mujeres no son propiedad de nadie, salvo de ellas mismas y que pueden tomar la iniciativa en el baile y bailar y beber solas o acompañadas.

Una pequeña revolución que recuerda ese reclamo que Olimpe de Gougues hizo a los líderes de la Revolución Francesa, y por lo que mereció la guillotina, de que la libertad, la igualdad y la fraternidad no eran solo para los hombres sino también para las mujeres y los negros. El Goce pagano exhibió un letrero nunca escrito: bienvenidos los negros y su rumba.

El Goce se pronunció desde el principio por el mensaje crítico de la salsa que marcaba Rubén Blades y al tiempo pensaba que la música de la isla cubana formaba una unidad con la newyorkina y por eso logró convencer tanto al gobierno como a la Sonora Matancera de que debían volver a tocar en Matanzas.

Foto de Jaime Londoño

Caleidoscopio cultural

Tal como la salsa potencia su sabor con múltiples ingredientes culturales especialmente los musicales, el Goce potenció el carácter multirregional y pluricultural de Bogotá.

Allí se vió a “niñas bien”- que iban a rumbear solas o a bailar con gente de contextos muy diferentes –o que para algunos eran “niños mal”, pero con swing-), interioranos con alma caribeña, costeños con corazón cachaco, blancos con alma negra, conspiradores profesionales, intelectuales de todo tipo, profesores universitarios, jefes guerrilleros, “mágicos” (mafiosos) con toda la plata del mundo, “guerrilleros del Chicó (barrio adinerado al norte de Bogota)”, guerrilleros de verdad, bailarines –y bailadores-, artistas con alma rebelde –e incluso revolucionaria-, escritores, periodistas, poetas, cronistas, actores de moda y muchos más.

Es decir, gente que, en algún momento, creyó fielmente que la revolución sería posible y que, al compás de la música, esta sería una fiesta o, más bien, un eterno Goce Pagano.

La pianista Teresita Gómez

Talante rebelde, consignas provocadores, orgullo afrolatino, pasearon su mensaje rumbero por la crónica cotidiana del barrio y la ciudad, la búsqueda del placer estético del baile y la conquista, la crítica social, la mezcla cultural y la búsqueda de la unidad latinoamericana.

Los diferentes goces 

El Goce de la carrera 13A con calle 24 fue atendido por Gustavo Bustamante hasta el último día de su vida (falleció recientemente). Cesar promovió nuevas sedes: en la quinta frente a las Torres del Parque, en la Caracas con calle 74, en la plaza de El Poblado en Medellín y en la Jiménez con 1ª al lado de la Universidad de Los Andes, sede que aún existe manejada por Sauk Naranjo. Después del Goce muchos otros sitios se transformaron optando por la música afro caribeña y surgieron otros que no simplifican los gustos, ni guían su música y rumba por la moda y que, más allá superficialidad, se trata de pensar, sentir y gozar el mundo de otra manera.

(Fotos suministradas por Juan Gaviria)

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