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Lección práctica #5: Cómo hacer un Brexit

Escribo esto el día después de que Theresa May pospusiera la votación de la Cámara de los Comunes sobre el acuerdo propuesto del Brexit para abandonar la Unión Europea.

 

Theresa May – Caricatura: Wikimedia Commons

Steve Latham

 

Todo lo que escriba se tornará obsoleto en el momento en que esta columna sea publicada el fin de semana, superado por el rápido giro de los acontecimientos.

Como dijo una vez el antiguo Primer Ministro laborista, Harold Wilson: “Una semana es mucho tiempo en política”. De este modo, mis reflexiones sólo pueden reflejar nuestra agitación inmediata.

Sin embargo, más allá de los detalles políticos, existen repercusiones de mayor alcance, de esta herida auto infligida en el sistema político británico.

Para que nosotros no hubiéramos tomado este camino. Si bien la decisión del referéndum sobre el Brexit estuvo influenciada por las mentiras desde el lado del Brexit, y por la interferencia cibernética electoral rusa, nosotros lo elegimos.

Y al mismo tiempo, los políticos han continuado perpetuándola, negándose a anular la decisión por miedo a la furia electoral de los votantes en cuanto a lo que ciertamente, verían como traición.

Sin embargo, la subsecuente debacle política, ha demostrado hábilmente la incompetencia de nuestra clase política.

Esto también ha demostrado la insuficiencia de aquellas vulgares y anticuadas teorías marxistas sobre la base y la superestructura.

Lejos de la base económica que determina la superestructura política, el Brexit ha demostrado que lo político puede moldear lo económico.

Nuestras perspectivas económicas son sin duda mucho peores bajo cualquier trato posible con el Brexit de lo que serían dentro de la UE. Esto sucede a pesar de los valiosos argumentos por parte de los economistas de izquierda, como Larry Elliott de The Guardian, de que la UE es un club para los capitalistas, no para la gente común.

El voto también demuestra que los teóricos radicales de la conspiración están equivocados al pensar que el mundo se encuentra firmemente bajo el control de la clase capitalista internacional.

Tal clase existe ciertamente, lo que refleja la hegemonía global de la finanza. Pero no siempre lo hacen a su manera.

En lugar de una ‘conspiración de la teoría de la historia’, tenemos una ‘teoría del desastre’ mediante la cual la contingencia y la oportunidad determinan la coyuntura.

Seguramente, la decisión de David Cameron de someter la cuestión de la UE a voto popular, con toda la incertidumbre que esto conllevaba, fue un error de cálculo importante, el cual nos ha metido en este lío.

No es que los oprimidos se beneficien inevitablemente de los errores capitalistas. Nuestros problemas son el resultado de desacuerdos internos, lo que los marxistas llaman ‘contradicciones’ con la misma clase dominante.

Esta es la naturaleza del capitalismo como sistema, el cual es funcionalmente disfuncional. Es decir, las aparentes ineficiencias sirven realmente para su perpetuación.

La decisión de abandonar la UE debilitará la posición de Gran Bretaña como centro significativo de capital financiero internacional, el cual inevitablemente preferirá reubicarse dentro de núcleos globales fuertemente entrelazados.

Si bien algunos sectores de la burguesía nacional pueden beneficiarse, las predilecciones emocionales y de corto plazo del patriotismo superarán a los intereses a largo plazo y la prosperidad del país.

La clase capitalista no habla con voz unánime, no existe una garantía de que alguna fracción de ella actuará automáticamente en su propio interés. La codicia humana, la perversidad y la estupidez no conocen límites., y son, con frecuencia, el verdadero motor del proceso histórico, el cual está lejos del progreso inteligente y racional hacia la libertad de Hegel.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

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